Amira Haas: “En Israel hay señales muy evidentes de un nuevo fascismo”

La periodista israelí cree que Israel no cambiará su política contra los palestinos aunque Netanyahu pierda el poder

La Vanguardia, Xavier Mas de XaxàsXavier Mas de Xaxàs/Barcelona, 15-10-2026

Amira Haas es una periodista judía israelí que en 1997 se instaló en Ramala para informar con mayor objetividad sobre la ocupación de Palestina. Escribe para el diario Haaretz, donde publica informaciones y análisis que denuncian el colonialismo. La suya es una voz muy minoritaria en la prensa israelí. Hace unos días pasó por Barcelona para recoger el premio Manuel Vázquez Montalbán que entrega el Col·legi de Periodistes.

¿Israel cambiará si Netanyahu pierde el poder en las elecciones del próximo día 27?

No. La colonización de Cisjordania continuará aunque Netanyahu pierda. No veo a ningún rival suyo haciendo lo que hay que hacer para frenarla.

¿Que hay que hacer?

Lo primero sería detener a dos mil colonos violentos, juzgarlos y devolver a los palestinos las tierras que les han confiscado. Hay más de cien comunidades palestinas desplazadas a la fuerza. La comunidad internacional debería exigir su restitución.

Gadi Eizenkot, el candidato que lidera el bloque contra Netanyahu, se ha mostrado más pragmático, menos mesiánico.

Se opone, como el resto de candidatos, a la creación de un estado palestino. Y Bennett, uno de sus posibles aliados, ha propuesto anexionar parte de Cisjordania y hacer del resto una autonomía. Los Demócratas (socialdemócratas) son unos cobardes. Lo han demostrado al no apoyar a Sami Abu Shejade, líder de la lista árabe, al que se ha prohibido presentarse a las elecciones. Todos los candidatos creen que tienen que satisfacer a un Israel extremista. Ninguno propone una política más racional y menos cruel con los palestinos. Al contrario, parece que los candidatos a primer ministro compiten a ver quién es más cruel.

Todo indica que la sociedad israelí se ha radicalizado desde la masacre del 7 de octubre.

La gran mayoría de los israelíes apoya la expulsión de todos los palestinos. La colonización de Cisjordania avanza con más fuerza que nunca desde la Nakba de 1948. Nada frena al sionismo colonialista. La oposición se enfrenta a Netanyahu, pero no a su política contra los palestinos.

¿Podemos hablar de un sionismo supremacista?

En Israel hay señales muy evidentes de un nuevo fascismo. Es muy alarmante. Los colonos atacan las casas de los palestinos y les prenden fuego. El sionismo religioso apoya un capitalismo radical que prácticamente ha acabado con el estado del bienestar. Escuchamos declaraciones políticas que son claramente racistas. Hay periodistas críticos con Netanyahu que han tenido problemas. Cualquiera que conozca la historia o tenga una familia de origen europeo, como es mi caso, sabe que estas actitudes pueden agravarse.

Palestina no celebra elecciones legislativas desde el 2006, cuando Hamas derrotó a Al Fatah. El presidente Abbas argumenta que no se dan las condiciones. Parece que falta un liderazgo político sólido.

Sí, es muy trágico ver como el sistema político palestino se ha desintegrado debido a la rivalidad entre Hamas y Fatah.

La colaboración de la AP con Israel ha hundido su reputación y Hamas está enrocado en la lucha armada.

Fatah ha admitido que la resistencia armada ha sido un fracaso. No ha frenado la colonización, al contrario. Pero oponerse a la lucha armada es complicado. A quien lo hace se le acusa de ser un traidor. Alguien debería convencer a los palestinos que la diplomacia es una resistencia más efectiva y menos costosa que la lucha armada, pero no hay líderes. Israel los ha encarcelado.

Además, el precedente de Oslo no ayuda. Los palestinos creen que fue un mal acuerdo.

Lo es. Ha permitido a Israel ampliar la colonización y crear bantustanes en Cisjordania. El texto está lleno de trampas. No menciona la creación de un estado palestino y tampoco la ocupación. Es más, permite a Israel mantenerla mientras no se sienta seguro. El derecho internacional obliga a Israel, como fuerza ocupante, a procurar el bienestar de la población palestina, pero en Oslo transfiere esta responsabilidad a los palestinos. Oslo se diseñó para que Israel pudiera robar los recursos de los palestinos y matarlos sin asumir ninguna responsabilidad.

¿Cree usted que estas circunstancias eximen a la Autoridad Palestina de su fracaso?

No creo que ni la mejor de las administraciones palestinas hubiera podido frenar la colonización. Pero es verdad que la AP no ha podido atender las necesidades básicas de los palestinos. Ha habido corrupción, como, por cierto, la ha habido también en Israel, donde vemos a generales que dejan el ejército para hacerse millonarios en la industria privada. Con esta salvedad, es verdad que el liderazgo palestino está muy desconectado de la realidad. Algo no funciona cuando todo depende de un presidente de 90 años.

A la Autoridad Palestina le faltan recursos financieros.

Oslo permite a Israel recaudar los impuestos en Palestina. Después de quedarse una comisión del 3% y deducir los gastos de electricidad, agua y otros servicios que presta a los palestinos, transfiere el resto a la AP. Sin embargo, desde hace tres años no lo hace como castigo por la masacre de Hamas y el apoyo de la AP al proceso en el tribunal de La Haya contra Netanyahu por supuesto genocidio en Gaza. La administración palestina funciona con respiración asistida y gracias, en gran parte, a la beneficiencia religiosa.

¿Habrá algún día una solución a este conflicto?

No me gusta hablar de soluciones. En la historia no hay soluciones. Los conflictos evolucionan poco a poco. Sí creo que podemos deshacer alguna de las injusticias que se cometen contra los palestinos. No todas de golpe, porque es imposible, pero sí una a una.

¿Cree que en Israel hay intención de corregir alguna?

Como le he dicho al principio, yo ahora no lo veo. Los israelíes creen en la fuerza. Creen que las matanzas masivas en Gaza y las deportaciones en Cisjordania les han funcionado. Deberíamos preguntarnos qué hacemos para convencerlos de que se han equivocado porque así no vivirán seguros.

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