Días intensos en Ceuta (por tierra, mar y aire)

Mejor será que acostumbremos al «buen vecino» a que nadie pide permiso para andar por su casa. La normalidad es un buen seguro

La Razón, Elisa Beni, 14-10-2026

Si algunos repiten con sorna aquello de «al alba y con tiempo duro de levante», qué dejaremos para el «días muy intensos y muy difíciles» en los que acaecen «cosas entre vecinos».

Cada vez es más comprensible que Sánchez tuviera que irse a todo correr a descansar. Y es que gobernar un país que sufre un ataque híbrido de verdad y hacer como si no pasara nada es agotador; solo al alcance de resistencias hercúleas. La zona gris de Ceuta deviene de manual según vamos teniendo datos que él en su «transparencia absoluta» obvió, para desclasificar únicamente los papeles que creía la beneficiaban. Creía. Le salió el tiro por la culata. Falta por saber quién y por qué ha querido que ahora atisbemos otro poco de realidad.

Así que el ataque fue híbrido de verdad. Violación intencionada por tierra, mar y aire. Civiles desarmados fueron utilizados por tierra –acompañados de militares y agentes del servicio secreto–, mientras por mar una fragata y varias patrulleras entraban en aguas españolas y efectuaban maniobras peligrosas de puro chulescas, ya que incluso hubo riesgo de una colisión entre buques militares de dos países. Cosas que pasan entre dos vecinos, dejó dicho el míster en los corrillos.

La última pata, menos conocida, la aérea se resolvió con la presencia de drones marroquíes a alturas y en zonas imprevistas del espacio aéreo español –que obligaron a un avión de Iberia a sobrevolar Melilla durante una hora– y que se adentraron en Ceuta coincidiendo con la visita de la directora general de la Guardia Civil y el director general de la Policía. Híbrido, ya saben, mixto, heterogéneo. Ahí lo tienen. Que les dirán que si 80.000 personas desplazadas con una logística desconocida, aferrados a neumáticos todos iguales comprados en bloque a una empresa alemana, que si una sentencia y unos influencers y unos buques militares que de forma espontánea nos crecieron en donde no debían.

España ha sido atacada con más intensidad este verano de lo que lo fuera en Perejil. Poca broma. Según los datos que se han ido sabiendo desde Ceuta había más miembros del ejército marroquí entre los invasores que gendarmes se subieron a la roca deshabitada en tiempos de Trillo.

Se venía sospechando desde el principio y ahora algunos han sido identificados y han asumido su condición, aunque se declaren desertores. Todo apunta a que tenían órdenes. Crear el caos y comprometer al ejército español no era la menor de ellas. A pesar del poco reflejo que muchos medios españoles hicieron de estos incidentes, lo cierto es que desde el principio revelaban un modo de actuar organizado.

Extraños inmigrantes económicos y desesperados los que establecen vigilancias sobre las patrullas, las esperan y con una técnica militar las emboscan, cerrándoles el avance hacia ambos lados, y las atacan con gruesas piedras del monte que previamente habían sido preparadas a modo de proyectil.

Tras esta incidencia con heridos se produjeron otros tres ataques en 72 horas. Luego cesaron. Se intentó de otra forma: con una operación de desprestigio difundiendo datos indemostrables sobre los malos tratos y torturas infligidos por soldados a migrantes. Tampoco era casual, aunque muchos picaran.

De todo eso desde Moncloa se puede intentar armar un relato distinto, surrealista y con poco futuro, pero se puede intentar; de lo de la marina de guerra resulta imposible. Y la situación tuvo que ser bien tensa. Resulta que si las fronteras terrestres, que Marruecos dice no reconocer pero que de hecho acepta, resultaron violadas, las líneas de demarcación de las aguas interiores y las aguas territoriales resultan aún más conflictivas si ellos lo desean.

Según los expertos existe el problema de que España aún no ha trazado sus líneas de base recta con Marruecos en esa zona, a pesar de que para poder invocar en derecho internacional marítimo su violación estas deberían estar determinadas y registradas oficialmente en la Secretaría General de las Naciones Unidas.

Estas líneas son aquellas que, cuando la costa no es recta y tiene aberturas, escotaduras o accidentes, se trazan imaginariamente para poder medir después las distancias de las aguas hacia el centro del mar.

Esta situación ha provocado durante décadas problemas a los pescadores que veían como los marroquíes entraban a pescar hasta la cocina mientras que los caballas o melillenses eran en ocasiones hasta ametrallados por patrulleras marroquíes si se adentraban en lo que ellos consideran su mar territorial. Debe ser otra de esas cositas que se nos pasa por no incomodar al alauita.

No dejo aquí de recordar a Emin y Pisly, los dos veinteañeros melillenses que fueron asesinados desde la patrullera marroquí 116, por hallarse pescando supuestamente en sus aguas y a los que no se ha hecho justicia después de 13 años que se cumplen este mes. Creo que el caso lo tiene Calama en la Audiencia Nacional y que los militares agresores están identificados sin que Marruecos haga nada por colaborar.

Pudiera dar la sensación de que estamos inermes ante los caprichos, provocaciones y vaciles de Marruecos, pero no es cierto. Las contingencias ocurridas este verano, todas ellas, están contempladas en los planes de nuestros ejércitos. Los militares estaban acuartelados y con el material preparado cuando comenzó el incremento de entradas a nado, antes del 30 de julio. Los efectivos de Canarias, de cuyo mando dependen las comandancias de Ceuta y Melilla, estaban listos para acudir.

Hay fuentes que aseguran que los responsables militares intentaron obtener las órdenes pertinentes para poner en marcha los planes previstos y que no la obtuvieron. Fue una voluntad política la que provocó la sensación de abandono, de caos y de ineficacia y, sobre todo, la imagen de sumisión.

La visita de dos días de los Reyes a Ceuta y Melilla es una gran noticia aunque debería dejar de ser un acontecimiento rogado. Nunca entendí, sobre todo desde que viví allí, que nos plegáramos a «no molestar» como si no estuviéramos seguros no ya de nuestros derechos sino de los deseos de ceutíes y melillenses y del texto constitucional.

Mejor será que acostumbremos al «buen vecino» a que nadie pide permiso para andar por su casa. La normalidad de todo el territorio nacional es un buen seguro para evitar estos días tan intensos y tan difíciles, sobre todo cuando ocultas lo que sucede y el porqué de tu inacción.

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