¿Quién ordenó en Marruecos la invasión naval de aguas españolas en coincidencia con la terrestre a Ceuta?

La acción de guerra híbrida de Marruecos en Ceuta escaló a nivel militar con una incursión naval hostil en aguas españolas, destaca el analista Gil Garre

La Razón, J.M. Zuloaga es periodista desde hace más de 50 años, especializado en información sobre el terrorismo de ETA primero y sobre el yihadista en la actualidad, 13-10-2026

¿Quién ordenó que las unidades navales marroquíes invadieran aguas jurisdiccionales en españolas en Ceuta? ¿Y que la hiciera coincidir con la invasión terrestre de la ciudad autónoma?

Si algo está jerarquizado dentro de un estado son las Fuerzas Armadas y es impensable que el comandante de una nave se introduzca en aguas de otro país si no es con una orden superior, lo que da al incidente una mayor gravedad por la citada coincidencia.

¿Que pretendía Marruecos, o al menos un sector del poder (Mazjen) al provocar la crisis? Se comenta que trataba de lanzar un aviso a España, pero conforme pasan los días cabe pensar que pudo deberse a un posicionamiento de fuerzas internas marroquíes ante un eventual acceso del príncipe Mulay Hassan al trono. De hecho, los rumores de que Mohamed VI iba a anunciar, durante el discurso de la Fiesta del Trono, su abdicación en beneficio de su hijo corrián en fuentes bien informadas de Rabat, hecho que obviamente no se produjo.

Si a todo esto unimos la falta de transparencia del Gobierno sobre la invasión naval, hasta que fue publicado el lunes por El País, el panorana resulta “extraño e inquietante” para el analista de seguridad José María Gil Garre.

“El presidente Sánchez ha venido a decir que la avalancha masiva de 85.000 inmigrantes ilegales marroquíes a Ceuta y la incursión naval hostil de una fragata y varias patrulleras marroquíes en aguas españolas de Ceuta es fruto de una casualidad.

Las mentiras encadenadas del Gobierno a lo largo de la crisis hace aún menos creíble las declaraciones del presidente”, subraya.

Para el analista “la crisis de julio – agosto de 2026 situó a España en el borde superior de la zona gris. El umbral entre la guerra híbrida y el riesgo de enfrentamiento convencional limitado fue rozado, no superado”.

Recuerda que en los mismos días de la invasión terrestres, al menos una fragata —la Hassan II— y varias patrulleras de la Marina Real marroquí navegaron sin autorización por aguas territoriales españolas de Ceuta. La fragata fue fotografiada saliendo de Ksar Sghir el 31 de julio. Las entradas fueron intencionadas y reiteradas. Un patrullero español y otro marroquí se situaron al borde de la colisión.

España desplegó el BAM Rayo y las fragatas Santa María y Navarra. Las gestiones de Defensa ante Rabat lograron el cese de las incursiones. El 12 de octubre, setenta y cuatro días después, el presidente reconoció la entrada, la calificó de «hecho puntual» y no la relacionó con la llegada masiva.

“Una incursión naval en el mar territorial de otro Estado, – – declara a LA RAZÓN Gil Garre – – en plena crisis, exige la participación de la cadena de mando militar marroquí. La coincidencia con la entrada masiva no fue casual.

Que ambos vectores respondieran a una misma dirección es probable, sin prueba de mando único”.

“La acción no cruzó el umbral del ataque armado, pero situó el episodio en el borde superior de la zona gris. Tres matrices de riesgo convergen: la de zona gris puntúa 4,0 sobre 5 en afirmación de soberanía, coordinación, compresión del escenario y proximidad al umbral convencional. El espacio de doce millas, saturado por buques de ambos países y una frontera desbordada, reducía los márgenes de reacción a minutos”.

Destaca que “el fallo de elevación —no se activaron la Célula de Coordinación, el Comité Especializado de Inmigración ni el Comité de Situación— adquiere mayor gravedad porque el Gobierno conocía, desde principios de agosto, la presencia de unidades militares extranjeras en aguas españolas. Ningún órgano del Sistema de Seguridad Nacional se reunió a tiempo. La situación de interés no se declaró hasta el 25 de agosto”.

Admite que “la respuesta táctica funcionó: el despliegue disuadió y las incursiones cesaron. La elevación política, no. El Gobierno comunicó el envío de buques como «misión rutinaria», sin mencionar a Marruecos. El despliegue no se explicó en el Congreso y la desclasificación de septiembre omitió cualquier referencia a los buques marroquíes”.

“El derecho de paso inocente exige un tránsito rápido e ininterrumpido que no perjudique la paz ni la seguridad del Estado ribereño (Convemar, arts. 17 – 19). Entradas reiteradas con maniobras en plena crisis difícilmente encajan. No hubo uso de la fuerza armada. Ceuta queda fuera del artículo 5 de la OTAN; las consultas del artículo 4 eran posibles y no se solicitaron. La asistencia mutua de la UE exige agresión armada”.

Como conclusión, enfatiza que

“Ceuta sufrió una presión híbrida de alta intensidad que incorporó un vector militar naval explícito. La incursión de buques de guerra exigió la participación de la cadena de mando militar marroquí y no fue casual. Situó el episodio en el borde superior de la zona gris, donde el umbral de la guerra convencional fue rozado sin ser superado. La inteligencia existía; la respuesta táctica funcionó; la elevación política y la transparencia fallaron. El riesgo residual no es una guerra decidida, sino un incidente que nadie quiera y que nadie controle”.

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