Una visita oportuna y necesaria
El viaje de los Reyes marcará el compromiso y la presencia de las instituciones con Ceuta y Melilla tras la entrada masiva de migrantes
El País, , 13-10-2026Aunque sea la primera vez en casi veinte años que un monarca español se desplaza a Ceuta y Melilla, la visita de los Reyes este martes y miércoles es una señal oportuna y necesaria que debería enmarca en la más absoluta normalidad. El viaje es oportuno porque, desde que a finales de julio más de 70.000 personas procedentes de Marruecos cruzaron ilegalmente la frontera a Ceuta, la vida cotidiana quedó trastocada y la ciudad se sumió en la incertidumbre. Y porque muchos ceutíes han tenido desde entonces una sensación de abandono por parte de las autoridades que exige una solución creíble y duradera.
La oportunidad de la visita deriva también de la necesidad de dejar claro que no es admisible ningún intento de quebrar la integridad territorial de un país democrático. La presencia de Felipe VI y Letizia en estas dos ciudades autónomas del norte de África no hace otra cosa que reafirmar que el Estado está con los españoles allí donde el Estado falló y donde fue desafiado.
La entrada a Ceuta de decenas de miles de inmigrantes constituyó una violación de la integridad territorial española, como constató entonces el presidente del Gobierno. La responsabilidad principal recae, por acción u omisión, en Marruecos, país que reclama la soberanía de ambas ciudades y que se siente reforzado por sus alianzas con Estados Unidos e Israel. Pero el episodio también puso de relieve algunas disfunciones de calado en la capacidad de España para gestionar una crisis de estas dimensiones. A lo largo de los días previos y en las semanas posteriores, hubo avisos desoídos, imprevisión y descoordinación entre distintos niveles de gobierno y en general una reacción tardía y desorganizada. El funcionamiento de la ciudad no se ha restablecido plenamente en este tiempo, mientras permanecen en una inaceptable situación de precariedad un número indeterminado de inmigrantes. Casi tres meses después, Ceuta merece dejar atrás la excepcionalidad.
Que los Reyes pasen un día en Ceuta no lo resolverá todo, pero es un símbolo del compromiso del Estado y las instituciones, y puede ser un paso decisivo hacia el regreso a la calma y la estabilidad. Además de las habituales recepciones y discursos, los Reyes prevén acudir al cementerio musulmán de Sidi Embarek en el que están enterrados quienes murieron intentando pasar a España. Será un gesto poderoso en unos tiempos en los que la deshumanización del inmigrante se está volviendo habitual en algunos discursos políticos. Y enviará un mensaje de convivencia en una ciudad en la que el 40% de la población profesa el islam.
Ceuta y Melilla representan como pocos lugares una España en la que conviven religiones y culturas. No son un agujero en la geografía española. Tampoco un territorio sobre el que otro país pueda decidir acerca de la presencia del jefe de Estado o ejercer ningún tipo de coacción, sea mediante el uso de la inmigración para cuestionar las fronteras o, como ha revelado EL PAÍS, con la intrusión de buques de guerra marroquíes en los mismos días de la entrada masiva de inmigrantes.
La visita de los Reyes ofrece una oportunidad para subrayar que, cuando se habla de soberanía y fronteras, no se trata de simples consignas tras el traumático episodio de este verano. La soberanía y las fronteras son, en las relaciones internacionales y también en el caso de Ceuta y Melilla, una realidad fundamental, siempre compatible con la deseable buena vecindad entre la UE y Marruecos y con la cooperación basada en el respeto mutuo y la lealtad.
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