Burnham acusa a Moscú de haber interferido en el referéndum del Brexit

El primer ministro británico, sin embargo, acepta la legitimidad del resultado

La Vanguardia, Rafael RamosRafael Ramos/Londres. Corresponsal, 13-10-2026

La vida imita al arte y la política imita al fútbol. En fútbol, Vinicius mete un gol, lo celebra, el VAR revisa la jugada, lo anula y lo expulsa por tirar del pelo a un contrario. En política, el Brexit ganó el referéndum del 2016 y, ocho años después, el videoarbitraje (en este caso el primer ministro Andy Burnham) determina que Rusia interfirió en la campaña. Sólo que en esta ocasión el tanto permanece en el marcador.

Burnham sugiere que ha recibido nueva información (supuestamente de los servicios de inteligencia británicos) sobre el papel de la Rusia de Putin en la campaña del referéndum a través de las redes sociales y los medios informativos de su país que se publican en inglés, pero no dice cuál es exactamente la fuente, ni explica los detalles, como el árbitro que pita un penalti o saca una tarjeta roja y se niega a dar explicaciones.

El máximo líder laborista, presionado por diputados de todos los bandos ayer en la Cámara de los Comunes, no cuestionó la legitimidad de la decisión de salir de la Unión Europea pese a la “interferencia rusa”, pero indicó que la larga mano de Putin llega también a Alemania y Francia apoyando a la AfD y al Reagrupamiento Nacional de Le Pen, y es parte de un plan (en el que estaría de acuerdo Trump) para que la extrema derecha acceda al poder en cuantos más países europeos mejor.

Burnham ha puesto de lleno la cuestión europea sobre la mesa, y en su intervención parlamentaria comentó que una relación más estrecha con la UE es necesaria para el crecimiento económico y el control de la inmigración. Dijo que va a respetar las líneas rojas del manifiesto con que el Labour ganó las últimas elecciones (no a la unión aduanera ni al mercado único), pero que después todas las opciones permanecen abiertas, incluida la de un regreso como miembro de pleno derecho. “Hay que explorarlas –afirmó–, lo contrario sería una irresponsabilidad, porque está claro que el Brexit ha tenido un impacto negativo”.

A preguntas de diputados de su propio partido que representan circunscripciones euroescépticas, echó balones fuera sobre si estaría dispuesto a aceptar la libertad de movimiento de trabajadores y la llegada ilimitada de inmigrantes europeos, como era hasta el 2016 y requeriría tanto el reingreso en la UE como la entrada en el marcado único.

Su mensaje es que todo el debate sobre la relación con Europa será para la próxima legislatura (las elecciones están previstas para el 2029, pero podría adelantarlas si lo considera ventajoso para el Labour al son de las encuestas), y que por el momento va a intentar concretar el acercamiento a Bruselas en la cumbre con la UE del día 20 en la capital belga. Sobre la mesa, acuerdos para facilitar el comercio con la aceptación británica de las regulaciones en materia agropecuaria, la integración energética y un plan movilidad juvenil.

Aunque las especulaciones sobre una injerencia rusa en la campaña del referéndum del Brexit siempre han estado ahí, los sucesivos gobiernos conservadores hicieron la vista gorda contentos con el resultado, y no quisieron investigar el asunto. Medios informativos rusos en inglés publicaron numerosos artículos a favor de la salida de la UE, y el millonario mecenas de Reforma Aarn Banks, próximo a Farage, tiene vínculos con Moscú y se entrevistó en al menos tres ocasiones con el entonces embajador ruso en Londres, Alexander Yalovenko.

De que Putin interfiriera en el referéndum no se concluye directamente que afectara al resultado, y Burnham no llega a decir tanto, porque se trató de una campaña muy compleja en la que intervinieron muchos factores, y con toda seguridad influyeron más mentiras como las de Farage y Boris Johnson sobre los cientos de millones extra para la economía británica que se derivarían de la ruptura con la Unión Europea. Pero la injerencia de un poder extranjero en la democracia británica no deja de ser muy grave.

Tras la expulsión de Vinicius, un Mourinho furioso no acudió a la rueda de prensa. Tras las acusaciones de Burnham, un Farage furioso le ha tildado de traidor al Brexit. La política imita al fútbol.

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