Guerra de Rusia en Ucrania

De la gran acogida a una hostilidad creciente: el giro de Polonia hacia los refugiados ucranios

El País, Gloria Rodríguez-Pina, 12-10-2026

El ambiente de hostilidad hacia los refugiados ucranios está tan inflamado en Polonia que cualquier chispa hace temer una explosión de odio. El reciente ataque perpetrado por un hombre ucranio en el que murió un sacerdote y otras cuatro personas resultaron heridas en un monasterio en Jaroslaw, en el este del país, acentuó la tensión ya elevada. Medios polacos describieron entonces una “atmósfera al borde del linchamiento” en las redes sociales. Según el centro estatal polaco de monitorización de la desinformación (NASK), las expresiones de odio ya habituales online alcanzaron su punto más alto desde julio. Las autoridades polacas alertan de que este deterioro del clima social favorece los intentos de Rusia de sembrar divisiones y erosionar el apoyo a Kiev. El Gobierno ucranio condenó inmediatamente el asalto a la abadía, cuyo autor, según informaron las autoridades polacas, padecía un episodio psicótico agudo. La iglesia católica intentó también templar los ánimos. Incluso Adrian Mantykiewicz, uno de los curas heridos, pidió clemencia para el asaltante y que no se culpase a toda una nación por los actos de un individuo. Ni con esas. Como cuenta al teléfono Pawel Cymbor, analista de desinformación en Fakenews.pl, “la homilía cambió radicalmente la actitud hacia el sacerdote en redes sociales, donde un sector pasó de considerarle una víctima a tacharle de traidor y defensor de [Stepán] Bandera”.Oleksandra Fedorchuk, periodista de Slawa, el canal ucranio de la televisión pública polaca TVP, describe por teléfono la creciente inquietud entre el colectivo extranjero más numeroso del país, con más de 1,5 millones de residentes (un 4% de la población total). “Evitamos hablar en ucranio en la calle y en el transporte público; es más seguro intentar hacerse invisibles”, explica esta refugiada, que llegó a Polonia nada más comenzar la invasión rusa a gran escala en marzo de 2022. Aquel era otro mundo. Los polacos abrieron las puertas de sus propias casas a los vecinos que huían en masa de la guerra. Según CBOS, la demoscópica pública polaca, en abril de 2022 el 91% de los ciudadanos estaban a favor de acoger refugiados ucranios frente al 4% que lo rechazaba. Cuatro años después, en julio de este año, los que se oponían a la acogida (52%) superaron por primera vez a sus partidarios (42%). Ahora, hablar en ucranio en un autobús o en la parada de un tranvía se ha convertido en una actividad de riesgo.El discurso antiucranio proviene de la extrema derecha polaca, pero ha contado con el impulso de Moscú. Un análisis del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales (PISM) de finales de agosto advierte de que quien saca rédito del distanciamiento entre Polonia y Ucrania es Rusia, que emplea su “maquinaria de propaganda y desinformación” para ahondar las divisiones. El deterioro del clima social no ha implicado un abandono del apoyo militar e institucional a Kiev, pero crea un entorno más favorable a los intereses del Kremlin.El cambio de actitud se traduce en agresiones verbales o físicas. La policía polaca recibió 180 denuncias de delitos de odio contra ucranios en el primer semestre de 2026, un 30% más que en el mismo periodo del año anterior, según el diario Rzeczpospolita. ACLED, una organización internacional que monitorea conflictos, registra 13 agresiones físicas contra ucranios en Polonia desde enero hasta finales de agosto, casi el doble que el total de todo 2025 y un fuerte aumento desde solo uno en 2024. Dmytro Dymydyuk trabaja en Ukrainski Dom (Casa de Ucrania), donde asesoran sobre vivienda, empleo y documentación a decenas de refugiados ucranios. Allí le llegan las historias de sus conciudadanos, muchas sobre casos de acoso dentro y fuera de las escuelas, principalmente por compañeros de los niños, pero también profesores y desconocidos. “La situación está empeorando y cada vez vemos más expresiones de odio”, cuenta Dymydyuk. Como Fedorchuk, aclara que él nunca ha tenido problemas, pero también evita expresarse en su idioma en público “para no provocar a los polacos”. “No estoy orgulloso, pero quiero vivir tranquilo”, dice.A finales de julio, tras una nueva agresión física, esta vez contra una persona de nacionalidad ucrania y su pareja en Wroclaw, el primer ministro, el conservador Donald Tusk, clamó contra los “matones, vándalos y delincuentes comunes que golpean y humillan a personas por hablar con un acento ligeramente diferente”. El jefe del Gobierno dio instrucciones para reforzar la lucha contra los delitos de odio y subrayó que quienes los cometen actúan “a favor de Rusia”. Las relaciones con Ucrania nunca han sido sencillas. Cuando empezó la guerra, los polacos aparcaron las diferencias para dar cobijo a sus vecinos, pero las heridas históricas se abren de tanto en tanto. La última vez fue en mayo, después de que el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, otorgase a una unidad del ejército el nombre honorífico de “Héroes del UPA”. UPA son las siglas del Ejército Insurgente Ucranio, vinculado al nacionalista Stepán Bandera, considerado un héroe por parte de Ucrania y responsable para los polacos de las matanzas de Volinia y Galitzia durante la II Guerra Mundial.En represalia, el presidente polaco, el ultraconservador Karol Nawrocki, retiró la máxima condecoración nacional, la orden del Águila Blanca, otorgada a Zelenski en 2023. El Gobierno de Tusk instó también al Ejecutivo ucranio a dar marcha atrás, pero la polémica se prolongó durante semanas sin cambios por parte de Kiev. Una encuesta del instituto demoscópico público CBOS realizada poco después del choque diplomático indicó que el 46% de los polacos tenían una visión negativa de las relaciones bilaterales, el peor dato en la serie histórica. El 65% de los encuestados culpaba a Ucrania del mal estado del vínculo.La periodista Fedorchuk considera que este encontronazo marcó un antes y un después para los ucranios en Polonia, aunque el fenómeno no era nuevo. Ya habían vivido momentos de tensión con la crisis del grano, las protestas de transportistas en la frontera, o durante las campañas electorales entre 2023 y 2025. Los primeros en cuestionar las ayudas públicas a los refugiados fueron los nacionalistas y la extrema derecha, pero con el tiempo, el mensaje de que recibían más beneficios que los polacos fue calando. Las críticas fueron subiendo de tono hasta la hostilidad actual. Según el PISM, entre el 26 de mayo y el 13 de julio, durante la disputa por la unidad militar, las menciones con “términos extremadamente ofensivos” contra los ucranios en redes sociales aumentaron un 171%, hasta alcanzar 364.000. Estas publicaciones, muchas de ellas vinculadas a campañas prorrusas, según el instituto, multiplicaron su alcance al generar 1,2 millones de reacciones.Cymbor subraya sin embargo que los polacos, muy polarizados, no necesitan necesariamente la intervención rusa para azuzar el sentimiento antiucranio. En Fakenews.pl tienen identificados “muchos actores y centros de desinformación” que operan en el país. Una de sus principales actividades, señala, es amplificar cualquier delito sospechoso de haber sido cometido por ucranios, sobre todo si hay violencia, y “extender la creencia de que todos los ucranios son iguales”. El Gobierno liberal de Tusk mantiene el apoyo institucional a Kiev —este domingo reiteró a Zelenski que puede “contar con la absoluta solidaridad de Polonia”— y un discurso conciliador, pero ha reducido hasta casi eliminar las prestaciones a los refugiados. Hanna Machinska, jurista y profesora de la Universidad de Varsovia, denuncia que estas decisiones alimentan el rechazo: “Es un mensaje muy nocivo para la sociedad que contribuye a inspirar una actitud hostil hacia los ucranios, como si fuesen vagos y no trabajasen”. La activista por los derechos humanos recuerda un estudio de Deloitte y ACNUR recién publicado que afirma que los refugiados aportan un 2,4% al PIB polaco. A Machinska le preocupa que las elecciones legislativas previstas para otoño de 2027 tensen aún más el ambiente, “que ya es muy hostil y va a peor”. Al otro lado del teléfono, relata una anécdota. En un encuentro reciente en el que participó, una mujer ucrania contó que sus conocidos le habían preguntado si no le daba miedo ir a Polonia. “¡Miedo a viajar a Polonia viniendo de un país en guerra! Es un mensaje dramático”, subraya la profesora. Una escena impensable hace apenas cuatro años, cuando millones de polacos acudieron a la frontera y a las estaciones a recibir con un abrazo a quienes huían de la invasión rusa.

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