El último desalojo deja a Ceuta en el caos: los migrantes se dispersan por las barriadas
El desmantelamiento de El Guano provoca que parte de sus ocupantes huyan para evitar su identificación
La Razón, , 12-10-2026La Policía Nacional desalojó ayer la explanada de El Guano para desmantelar el último asentamiento de inmigrantes irregulares improvisado con tiendas de campaña, lonas y refugios tras los operativos desarrollados durante las últimas semanas en las playas de Benítez y El Trampolín. La intervención, iniciada a primera hora de la mañana, contó con un amplio despliegue de agentes y efectivos militares para dotar a las playas de Ceuta de su aspecto habitual a 48 horas de la llegada del rey Felipe VI. Pero las calles de la ciudad autónoma ni han recuperado la calma ni mucho menos la «normalidad».
Muchos de los inmigrantes que llegaron a la ciudad el pasado mes de julio en una oleada masiva han cambiado, tras los desalojos, la arena por los montes, las barriadas y las viviendas en las que buscan refugio para evitar ser identificados por la Policía. El Príncipe, Los Rosales y otros rincones de la ciudad autónoma se han convertido en lugares a los que se desplazan quienes prefieren permanecer fuera de los dispositivos oficiales y también en un nuevo escenario de una crisis migratoria que comenzó hace más de dos meses y que parece desplazarse ahora de un lugar a otro sin encontrar su final. Porque, aunque el desalojo de El Guano haya borrado del paisaje el último gran campamento de la costa ceutí, no ha hecho desaparecer a todos sus ocupantes ni despejar la incertidumbre que se ha instalado entre los vecinos.
Esta situación ya había sido advertida por fuentes institucionales ceutíes antes del último operativo. En conversación con este periódico, fuentes del Gobierno de la ciudad autónoma alertaban de que los desalojos podían terminar generando el «efecto contrario al perseguido».
Según aseguraron estas fuentes, la crisis no se resolverá simplemente habilitando nuevos campamentos, trasladando inmigrantes de unas parcelas a otras o desalojando las playas. «Les ves por las montañas andando y por los barrios deambulando», relataban, antes de advertir de los riesgos que supone transitar por determinadas zonas escarpadas y de las dificultades que genera esta dispersión para mantener localizadas a las personas que permanecen en la ciudad.
La situación está alterando también la vida cotidiana de parte de los ceutíes. La presencia de agentes de paisano, los operativos policiales y la incertidumbre sobre el número de inmigrantes que permanecen en la ciudad alimentan una sensación de excepcionalidad que, según las fuentes consultadas, todavía está lejos de desaparecer. De acuerdo con un testimonio recogido en la ciudad de un vecino de El Príncipe, el hombre acostumbraba a sentarse cada tarde en un banco para fumar un cigarrillo, pero ahora aseguraba que apenas reconocía a quienes encontraba a su alrededor.
A esta preocupación se suma la presión sobre los servicios públicos y los recursos de acogida, especialmente en lo relativo a los menores extranjeros no acompañados, cuya tutela corresponde a la ciudad autónoma una vez que son puestos a su disposición. Porque, aunque se hayan desplegado campamentos para alojar a los miles de inmigrantes que todavía ocupan las calles de la ciudad, «Ceuta no tiene espacio suficiente para absorber una presencia tan elevada de personas». «Se han habilitado más de una decena de naves para recolocar a las personas, pero sigue siendo insuficiente», detallan.
El desmantelamiento de El Guano de más de 500 migrantes, que desde hace dos semanas trataban de sortear el frío y las lluvias que azotan la ciudad, culmina una sucesión de operativos que han permitido retirar los principales asentamientos improvisados de las playas ceutíes. Sin embargo, la intervención de este domingo no pone fin a la crisis migratoria. Una parte de los inmigrantes ha sido trasladada a los recursos de acogida, otros han optado por regresar a Marruecos y un número todavía indeterminado permanece disperso por las barriadas y los montes de la ciudad.
Desde el Gobierno central se presenta la reducción de los campamentos y el aumento de los retornos a Marruecos como avances en la gestión de la crisis. Sin embargo, las estimaciones sobre cuántos inmigrantes continúan en Ceuta siguen mostrando diferencias importantes: mientras el Ejecutivo central calculaba alrededor de 9.000, el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, elevaba esa cifra a unas 15.000 personas.
Con todo, las calles de Ceuta todavía están lejos de recuperar su pulso habitual. Entre los cientos de policías de paisano, los periodistas desplazados y los inmigrantes que permanecen en distintos puntos de la ciudad, hay una ausencia significativa: la de los propios ceutíes.
Al menos, esa es la impresión que trasladan estas mimas fuentes, que describen una población cada vez más replegada sobre sí misma, una «sensación de inseguridad» que condiciona la vida cotidiana y un horizonte de incertidumbre que amenaza con que la crisis migratoria se prolongue mucho más allá de las Navidades para recuperar la normalidad que todavía se anhela.
Por no hablar del sentimiento de hartazgo palpable entre los ceutíes, que contemplan con creciente indignación la gestión de la crisis migratoria por parte del Gobierno de Sánchez, que se la juega todo en las próximas elecciones.
Más de dos meses después de la entrada masiva de inmigrantes a la ciudad autónoma, la sensación de abandono y la falta de respuestas alimentan el malestar de una parte de la población, que acusa al Ejecutivo de haber dejado a la ciudad a su suerte. Tanto es así que algunos vecinos advierten de que una eventual visita del presidente del Gobierno podría desencadenar escenas de protesta similares a las vividas en Paiporta tras la dana de Valencia.
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