"Estamos hartos, no aguantamos más": el desalojo de El Trampolín agrava la presión sobre las barriadas de Ceuta
Cientos de migrantes se reparten por la periferia de la ciudad y por los montes tratando de huir de la Policía mientras el Guano, el último asentamiento de playa, espera su desmantelamiento
El Mundo, , 08-10-2026Mohamed Said Akbib, Mohamed Bikali, Acraf Benhakka, Abdeladim Zbirai, Anass Bouchkreen… Por decenas se cuentan los menores que malviven en el último asentamiento de playa de Ceuta. El Guano, a tiro de piedra de la playa de El Trampolín, se ha convertido en el último poblado chabolista levantado por los migrantes que entraron en avalancha los días 30 y 31 de julio en la ciudad autónoma.
El nerviosismo cunde con cada visita y, sobre todo los niños, se apresuran a apuntar sus nombres en cualquier libreta que alguien saque y pueda parecer una recogida de datos para su filiación y traslado a alguno de los centros de emergencia repartidos por la ciudad. Lo hacen en la del periodista, algunos incluyendo su número de teléfono móvil. Letras abigarradas, la mayoria en mayúscula, para que se entiendan bien. De poco sirve que se les intente explicar que en el cuaderno no van a encontrar el pasaporte a un techo y una ración de comida.
El desalojo de El Trampolín, hace solo unos días, por parte de la Policía Nacional ha convertido al Guano en el refugio de muchos de los que malvivían antes en la cercana playa, que se han sumado a los que ya estaban asentados allí, alrededor de la carpa y de las duchas que se montaron, de urgencia, en las primeras semanas de la crisis. Hay tiendas de campaña, pero también chabolas a base de palos y plásticos y un río negro de suciedad lo recorre todo hasta desembocar en el mar.
El Trampolín quedó vacía en 48 horas, y después de varios intentos frustrados, a principios de esta semana, solo una semana antes de que Ceuta reciba la visita de los Reyes y solo unas horas después de que Pedro Sánchez anunciase la convocatoria de elecciones generales anticipadas. Todo apunta a que el desmantelamiento del Guano va a ser inminente.
“Dicen que nos van a echar mañana”, dice uno de los que se arremolinan junto a una tienda de campaña que delimita el comienza del campamento del Guano. Y lo confirman algunos voluntarios, como Leyre, que acuden regularmente para ayudarles. especialmente a los menores. A apenas cien metros, varios furgones de la Policía Nacional vigilan que nadie vuelva a acampar en El Trampolín, donde las retroexcavadoras siguen sacando basura por toneladas. El domingo en el que empezó el desalojo se recogieron 61 toneladas de desechos y al día siguiente, otras 160.
Aunque la mayoría de los desalojados del mayor asentamiento de migrantes de Ceuta fueron trasladados a las dependencias del CATE en el Tarajal para su filiación y otra parte importante se estima que más de un millar decidieron regresar voluntariamente a Marruecos por la misma frontera que vulneraron a finales de julio, son cientos los que escaparon del cerco policial y se distribuyeron por las barriadas de la periferia ceutí y por los montes cercanos.
Un migrante mira al horizonte junto a las chabolas montadas en la playa en el Guano.
Un migrante mira al horizonte junto a las chabolas montadas en la playa en el Guano.CH.R.
El Sarchal, El Príncipe, San José-Hadú (más conocida simplemente como Hadú) o Los Rosales han visto cómo en los últimos días, desde el desalojo de El Trampolín (allí se hacinaban más de 3.000 personas), en sus plazas y calles se han instalado decenas, cientos de migrantes expulsados de las playas, lo que no ha hecho sino agravar la tensión que ya existía en estas zona de la ciudad autónoma.
Las barriadas son, desde los primeros días de la crisis, las que más están sufriendo los efectos de la avalancha de los más de 80.000 migrantes que asaltaron entre el 30 y el 31 de julio la frontera del Tarajal. El centro de la ciudad recuperó pronto una normalidad relativa, pero en la periferia la convivencia, no siempre pacífica, con los migrantes se ha prolongado desde entonces.
“Aquí tenemos al menos a 30 menores, 30 niños, estamos hartos de llamar para que los lleven, pero no nos hacen caso”, dice Atika Abderrahman, vecina de Los Rosales. Junto a su casa, nada más salir de la puerta, hay tenderetes improvisados con lonas, plásticos y colchones en los que duermen los menores y varias decenas de hombres adultos.
“No son malos, pero no podemos más, estamos hartos”, dice esta ceutí, que critica, junto a otros vecinos, la inacción de las fuerzas de seguridad. Este mismo miércoles un operativo de la Unidad de Intervención Policial (UIP) de la Policía Nacional se ha desplegado por las calles del barrio, pero “no han hecho nada”, se queja.
Los migrantes, al ver a los agentes, echan a correr “y vuelven cuando la Policía se va”, añade Atika, que insiste en la necesidad de desmantelar las chabolas que han proliferado por el laberinto de callejas de Los Rosales. Mientras eso llega, o no, los vecinos de la barriada siguen quejándose, conviviendo con el ruido nocturno y las peleas “entre ellos” pero sin dejar de prestarles asistencia. “Son personas, no podemos dejarlos ahí tirados”, tercia Zaida, otra vecina de Los Rosales.
Otra de las consecuencias de los desalojos es una mayor demanda de los llamados pisos patera, en los que llegan a compartir espacio hasta una quincena de personas que pagan alrededor de mil euros. Pero ésos son unos privilegiados.
En estos días, en los que ha comenzado a llover en Ceuta, se ha podido ver a migrantes tratando de refugiarse bajo un plástico en plena calle o, directamente, soportando el agua que caía, empapados y resignados.
Los campamentos habilitados por el Gobierno, que se han multiplicado por toda la ciudad, están todos saturados y en las barriadas, como la de Los Rosales, se estremecen solo de pensar qué va a pasar con los que ahora mismo esperan en el Guano un desalojo inevitable.
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