Compromís y Vox en Valencia
La Vanguardia, , 08-10-2026Tan metidos estamos en unas dinámicas mediáticas que priorizan la dialéctica de confrontación entre el PSOE y el PP, entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, que prestamos insuficiente atención a los actores secundarios que van a ser decisivos para la conformación de gobiernos, tanto en España como en la Comunidad Valenciana y en las alcaldías. Porque habrá que mirar bien el resultado de las elecciones generales del 29 – N en nuestra geografía para intuir el papel que pueden desarrollar Compromís y Vox en las siguientes elecciones autonómicas y, más aún, en las locales. Ambas fuerzas pueden ser las grandes beneficiarias del malestar, evidente y visible, de amplias capas de la población con la gestión de los partidos tradicionales, socialistas y populares. No es solo lo que dicen las encuestas. Basta con observar la polarización de los relatos sobre las urgencias que, según cada cual —vivienda para la izquierda, inmigración para la derecha—, afectan a los españoles (y a los valencianos) para comprender que Compromís y Vox parecen haber entendido mejor el momento discursivo en el que nos encontramos.
Compromís ha dado un paso inteligente para intentar aglutinar bajo su marca a toda la izquierda a la izquierda del PSPV en la Comunidad Valenciana. Desde las elecciones autonómicas del 28 – M, el espacio de Podemos se instaló en la marginalidad institucional, después de ocho años siendo decisivo, y el proyecto Sumar nunca logró encontrar un espacio propio en el mercado político valenciano, más aún después de los graves errores cometidos por Yolanda Díaz en la precampaña electoral (recordemos Magariños). Otras fuerzas, como Esquerra Unida del País Valencià, EUPV, de amplia tradición, han luchado por abrirse hueco como alternativa, pero sin capacidad para alcanzar notoriedad. Y Esquerra Republicana del País Valencià, ERPV, apenas ha logrado implantarse. Por eso, la posibilidad de que Compromís pueda aglutinar parte de ese espacio —que es lo que Pedro Sánchez intenta absorber toda España—, con la incorporación de algún referente de EUPV o Podem, puede permitir a los de Joan Baldoví y Àgueda Micó obtener un buen resultado el 29 – N que tenga una traducción favorable en las próximas autonómicas y locales.
Esta vez Compromís compite más con la marca que con los candidatos. Y esto también es una novedad. Durante años, Mónica Oltra fue la cara visible e indiscutible de la formación, y con lógica, porque su papel entre 2011 y 2015 fue determinante para el éxito de la formación y para la conformación del Gobierno del Botànic junto al PSPV y Podem. Aunque la exvicepresidenta es la candidata a la alcaldía de València por Compromís, lo cierto es que la coalición valencianista está intentando evitar sostenerse sobre fuertes referentes personales, como en el pasado, y apostar más por las siglas y por un programa de causas “materiales”: menos debate ideológico y más atención a las causas de los malestares —vivienda, salud, educación, bienestar social, transporte, etc.—. Compromís ha entendido, además, que las grandes batallas se van a producir en las grandes ciudades, como sucede en todo el mundo, para confrontar con las derechas y las ultraderechas. Lo verbalizó hace pocos días Mónica Oltra: “Las ciudades son los espacios de resistencia a la ultraderecha”. Y es en los municipios donde Compromís, más aún si Vox entra en el Gobierno de España, quiere recuperar su hegemonía.
Respecto a Vox, es innegable la eficacia política con la que está actuando desde hace tiempo, mientras, una y otra vez, logra que el PP vaya asumiendo buena parte de su relato, lo que acaba beneficiando aún más a los de Santiago Abascal. Sin hacer casi ruido, en la Comunidad Valenciana han logrado instalarse en la “plena normalidad”, lo que puede otorgarles un claro apoyo de capas del centroderecha el 29 – N y en las próximas autonómicas, aumentando el número de votos y diputados. Primero Carlos Mazón y después Juanfran Pérez Llorca han ido, con alguna digna excepción —como la defensa del actual president de la AVL—, regalando a Vox los principales marcos del debate político valenciano. Basta ver lo que hicieron el lunes María José Catalá y Pérez Llorca con Ceuta y Juan Jesús Vivas para entenderlo. En otras palabras, cuesta encontrar grandes diferencias en las Corts Valencianes entre el PP valenciano y Vox. Y encima, el coqueteo de ambos partidos es justamente lo que todas las derechas tradicionales europeas llevan tiempo advirtiendo que no debe hacerse.
Y aquí aparece una curiosa paradoja. Compromís y Vox representan dos proyectos políticos antagónicos, pero ambos pueden beneficiarse de un mismo fenómeno: el desgaste de los grandes partidos y la sensación de que PSOE y PP hablan demasiado de sí mismos y demasiado poco de los problemas cotidianos. Unos desde la izquierda valencianista; los otros desde la derecha nacional – populista. Unos poniendo el acento en la vivienda, los servicios públicos y las ciudades; los otros en la inmigración, la seguridad y la identidad. Dos relatos distintos para canalizar un mismo malestar.
Por eso el 29 – N puede ofrecer algunas pistas más allá de la batalla Sánchez – Feijóo. También permitirá saber hasta qué punto los ciudadanos están buscando otras respuestas, otras siglas y otros discursos. Y en la Comunidad Valenciana esto tiene una importancia especial, porque aquí sabemos bien que los gobiernos se construyen muchas veces con los votos de quienes no ganan las elecciones. Quizá el PSOE y el PP deberían mirar un poco menos al adversario que tienen enfrente y algo más a quienes tienen a su lado. Porque puede ocurrir que, mientras ellos siguen entretenidos en su particular combate de dos, sean Compromís y Vox quienes terminen recogiendo los beneficios de la pelea. Los llamados actores secundarios podrían acabar, una vez más, escribiendo el final de la obra.
(Puede haber caducado)