«Taqbir es el espacio para los marginales y los rechazados»

La cantante de Taqbir habla de los orígenes de la banda, de su identidad, del rechazo que ha sufrido a ambos lados del Mediterráneo y de una música que entiende como refugio, reivindicación y espacio para los marginados, antes de tocar en el festival Aho Lehor Fest, que se celebrará este sábado en Lazkao.

Gara, SERGIO IGLESIAS, 07-10-2026

Taqbir nació durante la pandemia, sin intención de convertirse realmente en una banda. ¿Cómo empezó todo?
La banda se forma en la pandemia. Con el encierro empezamos a hacer música y al final lo subimos a internet, a Bandcamp, sin ninguna expectativa. Simplemente para dejarlo ahí, como recuerdo. Yo acababa de mudarme a Barcelona y llevaba dos o tres meses allí. Una persona y yo nos conocíamos de redes, y durante la pandemia empezamos a conectar más por mensajes. Empezamos a hablar de música y pensamos en hacer un proyecto conjunto, pero nunca con la expectativa de formar una banda. De hecho, creo que si hubiéramos empezado pretendiendo tener un grupo no habría sido lo mismo. Cuando haces las cosas sin ninguna expectativa, la vida te sorprende.

¿Y cuándo se dierons cuenta de que aquello podía ir en serio?
Subimos el EP a Bandcamp y un par de días después un canal de YouTube dedicado a las novedades de la escena punk lo publicó. La gente se volvió completamente loca. También había mucho misterio alrededor de la banda y empezaron a surgir teorías. Todo eso alimentó todavía más el proyecto. Entonces nos contactó Paco, de La Vida Es Un Mus, y nos propuso sacar el disco en vinilo. Ahí pensamos: “Ostras, si lo vamos a sacar en físico, igual deberíamos plantearnos hacer una banda”. Hablamos con tres colegas y ese mismo año hicimos un bolo en Países Bajos. Para ser nuestro debut fue sold out. No era un concierto nuestro, pero cerrábamos la noche. Fue muy loco pasar de no tener una banda a tenerla prácticamente de la noche a la mañana, irte a Países Bajos y encontrarte a gente cantando tus canciones en darija.

Nuestra idea inicial era hacer ese concierto y retirarnos y ser una especie de leyenda urbana, un grupo de culto… Pero al final nos gustó y había mucha gente que quería vernos, así que decidimos darnos una oportunidad, porque yo siempre digo que no concibo la música sin el escenario. Podría estar haciendo música todos los días, pero realmente lo que disfruto son esos veinte minutos en los que estoy ahí arriba dándolo todo, viendo a la gente. Eso es lo que me gusta.

¿Cómo está evolucionando ahora el sonido de Taqbir?
Estamos componiendo cosas nuevas. También hubo un cambio en la formación y estamos probando con nuevos sonidos. El EP tiene diferentes registros: hay temas más post-punk y otros más hardcore. Lo que queremos es experimentar con la música. Y si a la gente le gusta, bien; y si no, tampoco pasa nada, porque al final hacemos lo que queremos. No me gusta la música demasiado limpia. Me gusta que se escuche como una mierda (risas), que tenga algo caótico. Lo que salga, sale.

Desde el principio hay una decisión muy clara de cantar en darija. ¿Era importante para usted cantar en su idioma?
La primera canción que escribí fue “Aisha Kandisha”, que era en inglés y metía una frase en darija, y cuando íbamos a grabar pensé: “Ostras, me molaría probar todo el tema en darija, a ver cómo suena”. También estaba un poco harta de que siempre la música tuviera que ser en inglés. Me parece una lengua muy práctica para comunicarte con personas de todo el mundo, pero ¿por qué tenemos que depender siempre del inglés? Si una persona inglesa puede triunfar haciendo música y nosotros nos esforzamos por entenderla, ¿por qué no puedo yo cantar en darija y que quien quiera entenderme busque las letras, las traduzca y se esfuerce un poquito? No todo tiene que ir en bandeja de plata.

Yo siento que el darija, como lengua de África, no se concibe como algo que pueda mezclarse con el punk o con ámbitos underground y alternativos, y quería darle ese lugar a mi tierra, a mi gente… que también tuvieran un espacio en la escena que tanto me importa y de la que formo parte. Era una forma de reivindicar de dónde vengo y reivindicarme como persona de allí, que también tiene derecho a pertenecer al punk.

¿De qué hablan las canciones de Taqbir?
Sobre todo de mi experiencia personal. Vengo de una familia musulmana muy conservadora y siempre se me ha dicho que tenía que ser de una determinada manera: como mujer tenía que actuar de una manera, vestirme de una manera, pensar de una manera… Las letras hablan de ese camino y de mi empoderamiento. De decir: “Yo soy esta”. No me voy a tapar los tatuajes, me visto como quiero y no me importa lo que diga la gente.

También hablo del acoso callejero. En “Aisha Kandisha” utilizo el personaje de la mitología marroquí como una figura de venganza. Es como decir: ahora el miedo va a cambiar de bando. Además, quiero involucrar en esa lucha a mujeres que no viven exactamente lo mismo que yo. Por ejemplo, mujeres que llevan velo. Yo no lo llevo y probablemente nunca lo llevaré, porque no es algo que vaya con mis pensamientos, pero si una mujer quiere llevarlo, quiero que al menos sea respetada como ser humano.

Su historia personal también está marcada por haber vivido entre dos comunidades.
Yo nací en Marruecos, pero crecí en un pueblo de Toledo de unos 1.400 habitantes. Fui prácticamente la primera generación de inmigrantes de mi pueblo. Cuando llegué éramos dos familias marroquíes. He vivido el racismo, y he vivido el rechazo de las dos comunidades. Para la comunidad española siempre voy a ser «la mora», y para parte de la comunidad marroquí soy una puta, porque salgo cuando quiero, llevo tatuajes, no hago Ramadán… Y al final, el punk ha sido un poco mi refugio. De pequeña veía a esa gente que hacía lo que le daba la gana, que se vestía como quería y que no tenía miedo de expresarse, y pensaba: “Yo quiero ser eso”. Para mí el punk era una especie de liberación.

¿Habría sido posible desarrollar un proyecto como Taqbir en Marruecos?
Hay bandas de punk, heavy metal y thrash en Marruecos. No habría sido imposible. Pero siendo mujer sería diferente. Y sobre todo, siendo una mujer que se posiciona abiertamente contra determinadas dinámicas sociales, culturales y religiosas; me lo pondrían muy difícil. No sería imposible, pero tendría que ser muy valiente y tendría que luchar mucho para poder hacer música como la hago aquí.

Y tampoco hay que caer en la fantasía de que por vivir en Europa estoy fuera de peligro. Sigo sufriendo acoso de gente de mi comunidad, sigo recibiendo amenazas y ha habido personas que han ido a conciertos buscándome. Una vez, en un festival en Europa, la gente de seguridad, que eran hombres musulmanes, se enfadó muchísimo conmigo. Tuve que quedarme en el backstage porque estaban muy enfadados. Ni siquiera puedo expresarme libremente en una sala, en un país y en una ciudad de Europa, porque esa gente siente que he ofendido sus creencias y solo por ello tengo que esconderme. Es injusto.

Sus canciones tienen un componente reivindicativo muy fuerte. ¿Necesita que la música siempre diga algo?
Claro. Y no solo la música. En el momento en que estoy en un escenario, si la gente me va a escuchar, si estoy en el foco, tengo un micrófono y la gente me está mirando y escuchando, es el momento de decir algo. No voy a juzgar a quien no necesite que su música tenga un mensaje reivindicativo. Lo entiendo, pero yo sí lo necesito. Necesito una vía de escape, un espacio donde poder expresarme y gritar lo que siento y lo que he vivido.

Vivimos en un contexto en el que no parece difícil encontrar motivos para hacer canciones rabiosas, ¿no?
Yo creo que vivimos un momento en el que nos hemos olvidado de ser humanos. ¿Por qué nos hemos olvidado de querernos, de apoyarnos, de escucharnos, de sentarnos para hablar y discutir? Y si no estamos de acuerdo, ¿por qué no intentamos escuchar también al otro? No te voy a decir que haya que dialogar igual con una persona que te quiere matar, evidentemente. Pero siento que nos hemos olvidado de esa parte humana. Cada vez estamos más separados, más divididos, y eso me da mucha pena.

También veo mucho odio hacia la gente marroquí. Yo lo llamo “morofobia”, pero a la gente que odia a los “moros” le diría: no puedes meter a todos en el mismo saco. Habla con ellos, conóceles. Pero si es que somos vecinos, tenemos que escucharnos. Marruecos estuvo bajo un protectorado español y nuestras historias están muy conectadas. Tenemos que mirar hacia atrás para no repetir lo mismo en el futuro. A mí me da mucha tristeza que estemos perdiendo algo tan básico como la humanidad, pero bueno… hay que creer en el cambio, porque si pierdo la esperanza y la fe, ¿qué cojones estoy haciendo? Me quedo en casa tranquilamente y espero a que venga lo que tenga que venir.

¿Y qué papel juega el punk en todo eso?
Para mí el punk es también mi vía para sacar el odio, pero haciéndolo de una manera comunitaria, estando unidos. No quiero señalar a la gente.

Si alguien tiene un prejuicio sobre mi cultura o sobre mi gente, prefiero que venga y me diga: “Nao, he escuchado esto, ¿me puedes explicar?”. Eso lo agradezco. Para eso somos humanos, para eso tenemos una boca y podemos hablar entre nosotros, en vez de ir rápidamente al insulto o a las manos. Y por eso siempre digo que Taqbir es el espacio para los marginales y los rechazados. No me importa que vengas de una cultura, de una religión, que hayas vivido lo mismo que yo o no. Si en algún momento te has sentido marginado o rechazado, este es tu sitio. Aquí siempre vas a tener un espacio.

Queremos crear espacios para personas que hayan vivido ese doble rechazo, esa doble identidad o esa crisis identitaria. Yo en Marruecos soy muy española y aquí soy muy marroquí. Queremos construir un lugar donde podamos encontrarnos alrededor de la cultura. Y también queremos que la gente de aquí se acerque, conozca nuestra cultura y hable con nosotros. Creo que así es como se hacen las cosas: creando comunidad.

Y ahora llega vuestro primer concierto en Euskal Herria. ¿Con qué expectativas?
Tengo muchas ganas. He estado en Bilbao varias veces viendo a otras bandas, aunque no había tocado todavía con Taqbir. Creo que va a estar muy bien y animo a todo el mundo a venir, y que se acerquen. Al final yo siempre digo: “Acércate, que no mordemos”… al menos, de momento (risas).

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