Ceuta, tras los desalojos: limpieza en las playas, menos asentamientos y migrantes escondidos en las barriadas
Los “retornos voluntarios” a Marruecos y el aumento en el número de plazas de acogida alivia en parte la situación en las calles tras más de dos meses. Algunos hombres huyen a El Príncipe, Los Rosales o al bosque, escapando de los agentes
El País, , 07-10-2026Sobre la oscura arena de El Trampolín ya solo quedan algunos montones de basura. Hay una cacerola con restos de comida, una manta rosa, una caja de tarjeta SIM de móvil y una botella de plástico llena de orina. También muchos, muchos restos de las cañas que crecen en los márgenes de las carreteras de Ceuta y que los migrantes usaron para levantar el enorme asentamiento instalado tras la entrada masiva. Dos excavadoras recogen los residuos y los introducen en un camión para ser trasladados al vertedero. En la faena trabaja una veintena de operarios de la limpieza que, entre los 200.000 kilos de desperdicios, ha recuperado un centenar de “aletas” y “trajes de buzo”. Nadie tiene claro si fueron usados para entrar a nado en la ciudad autónoma o si han servido de equipamiento para pescar durante los más de dos meses que el poblado ha vivido su rutina paralela. Y que ha terminado con cientos de “retornos voluntarios” tras ser desalojados por la Policía.
A unos metros de la playa, varios hombres escalan monte arriba para esconderse de los agentes entre los pinos. Mohamed tomó esa vía de escape y ya se esconde en el barrio de El Príncipe tras pasar dos meses en El Trampolín. “No quiero irme”. Como este marroquí de 30 años, cientos de personas resisten aún en la calle, pero la imagen de Ceuta es ya diferente a la de hace semanas. Mohamed incluso sabe que el Rey visita la ciudad el día 13 y, al igual que muchos vecinos ceutíes, cree que el Gobierno se lleva ahora a los migrantes porque viene “Felipe”.
En un día despejado, desde la playa de El Trampolín se puede ver con total calidad el peñón de Gibraltar. Pero en la mañana de este martes apenas se percibía la silueta del risco por la lluvia que había caído intensa durante varias horas en Ceuta. Tras dos días de operativo policial, las gaviotas han vuelto a la orilla y alguien ha plantado una bandera de España sobre un palo. “Fueron los policías”, asegura un trabajador de la limpieza mostrando una fotografía suya con varios agentes de la Policía Nacional, delante del estandarte, en señal de haber recuperado un territorio perdido.
Mohamed, en el barrio de El Príncipe, tras huir de El Trampolín.
Joaquin Sanchez
Después del desalojo de las playas de Benítez y de El Trampolín, en esa zona ya queda solo una franja del asentamiento. Ese último reducto está ubicado en lo que se conoce como El Guano, un espacio que queda al fondo de la playa de El Trampolín y cuyas imágenes se han viralizado porque allí están las duchas donde los migrantes se asean cada día. También es la parte adonde acuden algunas ONG y la Cruz Roja atiende médicamente a los migrantes. Es en ese espacio donde todavía se mantiene un campamento con cientos de personas, no más de mil, y en el que se mezclan hombres adultos con los adolescentes.
Allí la vida se parece a la que transcurría en El Trampolín: hay un hombre vendiendo tabaco, una hoguera encendida y las tiendas fabricadas con las típicas cañas ceutíes. Y entre los que resisten bajo los cobertizos hay mucha confusión. Tienen claro que quienes se marcharon a Marruecos lo hicieron sin que se tomaran sus “huellas”, pero no saben bien por qué. Lo que todos rumian es que muchos de sus vecinos acabaron en el país vecino después de más de dos meses resistiendo en la playa. Nadie quiere regresar. Es mediodía y, de pronto, unos hombres escalan una ladera para escabullirse entre los árboles.
Migrantes escalan por una ladera próxima a la playa de El Príncipe.
Joaquin Sanchez
Ese fue el camino de huida que tomaron decenas de migrantes en la noche del domingo al lunes, después de que terminara el primer día de operación policial en El Trampolín. Conscientes de que cientos de migrantes habían acabado en Marruecos tras ser desalojados, muchos aprovecharon la oscuridad de la noche para escapar de la playa, por las montañas o por las calles aledañas, sabedores de que los agentes no tardarían en volver a por más grupos de migrates. Quienes se escaparon se han mantenido escondidos en el bosque. Otros han terminado en barrios periféricos como Los Rosales y El Príncipe. Porque lo que sí tienen claro es que por ahora nadie está siendo sacado por la fuerza de la calle. Solo de las playas.
Permanecer en la ciudad
No hay cifras exactas que atestigüen cuántas personas permanecían en el asentamiento de El Trampolín antes del desalojo, completado entre el domingo y el lunes. Se estima que entre 2.000 y 3.000 migrantes, en su mayoría ya de origen magrebí. Durante las dos jornadas de dispositivo policial, unos 1.400 fueron sacados de la playa. Alrededor de 1.100 retornaron “voluntariamente” a Marruecos después de ser trasladados en autobuses custodiados hasta El Tarajal. El resto optaron por ser filiados y pasaron a ser realojados en los recursos instalados por el Gobierno central, destinados para los adultos, cuya competencia corresponde a La Moncloa. Decenas de adolescentes fueron trasladados en paralelo para ingresar en centros para menores no acompañados, cuya tutela corresponde al Ejecutivo de la ciudad autónoma.
Ahora hay 7.000 plazas habilitadas para la acogida de migrantes adultos en la decena de establecimientos que el Ejecutivo tiene instalados en Ceuta. El último espacio se habilitará en los terrenos anexos al centro penitenciario, en frente de El Príncipe, donde este martes se podían ver ya los tejados de las futuras carpas. Todavía faltaban las paredes.
Nuevo embolsamiento junto al centro penitenciario de Ceuta.
Joaquin Sanchez
Desde el día 10 de agosto, 8.243 personas habían regresado a Marruecos (7.794 voluntariamente —sin contar los retornos tras el desalojo de las playas— y 449 expulsados). La Moncloa prefiere no dar estimaciones de cuántos siguen a la intemperie. El ministro Ángel Víctor Torres, al frente del mando único, viajará a Ceuta el jueves y aportará nuevos números. Respecto a los menores, el Gobierno ceutí tiene filiados 2.566 niños y adolescentes en una veintena de centros improvisados para la emergencia. Decenas siguen sin cobijo y protestan cada día exigiendo una plaza.
En los arcenes de las carreteras todavía se ve a grupos de migrantes que deambulan sin rumbo. Pero la diferencia con días atrás ya es muy notable. Bien porque también se han intensificado los regresos motu proprio, bien porque muchos están escondidos. También siguen aflorando pisos patera. Hay otras zonas donde familias con niños siguen en tiendas de camping, como en la ladera cercana al Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI) o en las naves del polígono de El Tarajal. Junto a embolsamientos como el de Loma Colmenar, donde hace semanas se agolpaban decenas de personas esperando conseguir una plaza, apenas hay ya algunos grupos de hombres o menores dispersados.
De vuelta en el barrio de El Príncipe, Mohamed sigue cobijado en un fuerte militar del siglo XIX medio abandonado. Al fondo, los operarios continúan levantando las carpas para habilitar más plazas de acogida. No sabe cuánto tendrá que aguantar. Le da igual. No quiere irse.
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