Todos hemos sido inmigrantes
Diario de Noticias, , 07-10-2026“Messerstecher” (navajero) o “Südländer” (los del sur), así eran llamados los españoles que emigraron a Alemania durante la Guerra Civil española.
Más de medio millón de españoles tuvieron que exiliarse por miedo a la represión política a países como Francia, Alemania y Suiza, entre otros muchos. La mitad de ellos, de forma ilegal, sin papeles ni contrato, y siendo recibidos con desprecio, lidiando diariamente con insultos como “pobres”, “sucios” o incluso “delincuentes”.
Francia se vio tan sobrepasada por la gran cantidad de exiliados españoles que muchos de ellos fueron enviados a campos de internamiento, donde las condiciones eran pésimas. En Holanda hubo manifestaciones contra la llegada de españoles, y en Suiza eran catalogados como potenciales violadores.
En la actualidad nos encontramos con el descontento de una gran parte de la población española por recibir a inmigrantes en el país que un día fue el que necesitó ayuda y que, en muchas ocasiones, no recibió. Esta gran similitud con el pasado español no tan lejano hace ver que “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. ¿Y por qué reproducir lo que en un pasado fue tan difícil para nuestros padres, abuelos o bisabuelos?
Este malestar de nuestra comunidad viene principalmente del racismo y la xenofobia, que están aumentando en la población, sobre todo entre jóvenes, que en un gran número de casos están guiados por las modas y lo que ven en las redes sociales, y no por un verdadero conocimiento y opinión sobre lo que sucede en la actualidad.
La verdadera pregunta es: ¿por qué nos centramos más en cómo personas de distinto color, raza o cultura entran en nuestro país y no en educar a los jóvenes para que en el futuro España sea un país solidario y empático, con una población tolerante y capaz de escuchar opiniones distintas sin juzgar a la persona que tenemos al lado, cuando claramente es lo necesario en la sociedad del presente?
¿De verdad es más importante el color de la persona que ha robado que la persona que lo ha sufrido? ¿O es más importante el Dios al que reza la persona que mata que la familia que lo sufre? No, entonces por qué nos empeñamos en generalizar y no empezamos a señalar a los delincuentes por sus delitos y no porque su tono de piel o religión sea el mismo que el del criminal de ayer.
Basta ya de los prejuicios y ayudemos al necesitado, protejamos a la verdadera víctima y convivamos como una sociedad humana.
Porque España, el país al que tanto queremos, no va a ser mejor cuando no haya inmigrantes ni multiculturalidad, sino cuando entendamos que nuestra población no es superior a ninguna, cuando sepamos respetarnos mutuamente y, sobre todo, cuando dejemos de juzgar a las personas por su origen y empecemos a valorarlas por quienes son y no por cómo actúa alguien de su mismo grupo cultural.
(Puede haber caducado)