Abascal se servirá de los presupuestos autonómicos pactados con el PP para su campaña

En la sede nacional de Bambú aseguran que el enemigo es Sánchez y no Feijóo. Giro en la estrategia electoral

La Razón, Pepe Luis Vázquez, 07-10-2026

Con el viento de las encuestas de cola arranca Santiago Abascal la carrera electoral. Su partido parte desde una posición ventajosa: más que afianzada la tercera plaza y con posibilidades de rozar el 20% de los votos, que lo haría más que necesario en una hipotética formación de Gobierno con el PP.

El contexto social también rema a favor. Los escándalos de corrupción, el cabreo ciudadano. Las temáticas que han marcado la agenda política en España en el último trimestre –Ceuta, inmigración, seguridad– han permitido a Vox ensanchar su base electoral casi sin pedirlo. En contra podría jugar la presión de los nuevos partidos por la derecha y su regreso a las instituciones. Pero precisamente, en términos retóricos, los pactos autonómicos le han brindado una ocasión para su propaganda.

«Prioridad nacional» ha sido el sintagma de moda en España desde que apareció en el primer pacto con el PP luego de la reconciliación, en Extremadura. Ahora, que las elecciones coinciden con la aprobación de los presupuestos autonómicos, Vox pretende sacar rédito de las contrapartidas que ha conseguido arañar al PP para hacer campaña.

«Con el PP lo que hay que hacer es aprobar unos buenos presupuestos autonómicos, que recojan lo pactado. Nada más ni nada menos», recalcan en la cúpula de Vox, donde enfatizan que, para este tiempo, están más que claras las prioridades.

De pronto, PP y Vox han entendido –y acordado, al menos de forma tácita– que entre bomberos no se pisan la manguera. «No hay otro objetivo que el PSOE y Sánchez», sentencia uno de los principales dirigentes de Vox. «Nosotros vamos a hablar de Sánchez, no de Abascal», anticipa un estrecho colaborador de Feijóo.

Los dos partidos han tomado buena nota del pasado. Hace tiempo que firmaron algo más que un armisticio. Meses después del adelanto electoral en Extremadura, que tuvo lugar por la falta de entendimiento entre ambos partidos, y cuando parecía que los puentes estaban tan rotos que hasta cabía la posibilidad de una repetición electoral, Feijóo dio un golpe de mano: se sacó de la manga un documento marco para fijar sus líneas rojas y ordenó pilotar desde Madrid todas las negociaciones con la formación verde.

A priori, la decisión del presidente popular no gustó a los de Abascal, acostumbrados a debilitar al PP a través de sus barones. Pero, con el tiempo, sirvió para enderezar las relaciones y abrir una nueva etapa de entendimiento que cristalizó en cuatro pactos de coalición, el retorno de Vox a las instituciones: Extremadura, Aragón –donde los comicios también se anticiparon por el desencuentro de la derecha–, Castilla y León y Andalucía. Si en 2023, las generales estuvieron marcadas por los primeros pactos PP – Vox y su posterior contienda, esta vez el escenario es muy distinto.

No representa ninguna novedad que el PP gobierne en coalición con Vox. Además, que Feijóo tiene asumido que, haga lo que haga, diga lo que diga, pacte lo que pacte, Sánchez ya le ha colgado la etiqueta de «ultraderecha» y, a partir de ahora, basará toda su estrategia política y de campaña en situar a los dos partidos a bordo de un mismo barco. «Derechas o derechos», es la reedición, en versión ligera.

Donde no se repetirá la historia es en la derecha. Hace tres años, toda vez que PP y Vox daban por amortizado a Pedro Sánchez, la carrera electoral consistió en un PP que aspiraba a gobernar en solitario y un Vox que pretendía justo lo contrario. Durante semanas, se dedicaron a lanzarse reproches.

Ninguno de los dos consiguió su objetivo: Feijóo logró una remontada histórica que supo a fracaso, porque se quedó en la oposición tres años más, y Abascal se dejó nada menos que 19 diputados en la gatera. Ahora, los dos comparten un mismo objetivo: ensanchar el caudal de voto, incrementar la representación parlamentaria y gobernar. Y ninguno de los dos hará nada por impedir que el otro alcance la meta fijada. «No hay otro objetivo que el PSOE y Sánchez», insisten en la cúpula de Vox, donde aseguran que el plan pasa por «advertir y denunciar» que si el Gobierno actual «sigue cuatro años más será el fin de todo».

El propósito de Vox es simple: «Trasladar esperanza y confianza en que reconstruiremos todo. Pero antes, hay que sacar a Sánchez. Y para ello, no confiarse». Pero, sobre todo: «El único rival y enemigo es el PSOE. No hay ninguna estrategia más. Hay que trasladar a los españoles quién (PSOE) y cómo (sus políticas) han traído inseguridad, falta de prosperidad, asfixia fiscal y colapso de los servicios públicos».

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)