Paloma Sánchez-Garnica negocia con la mafia el honor del sueño americano: "Hollywood ha sabido vender muy bien América"

La ganadora del Premio Planeta viaja a las política y socialmente agitadas calles del Nueva York del 68 para ambientar su última novela, "Un hombre de honor", con la mafia siciliana y el asesinato de Robert F. Kennedy como telón de fondo

La Razón, Marta Moleón, 06-10-2026

En perfecta y lorquiana armonía con la verticalidad de su imponente disposición urbana,

Nueva York se despliega ante nuestros ojos como la enorme boca de un muerto.

Antes de pararnos frente a las puertas pompeyanas de Delmonico’s, restaurante de prominencia internacional fundado por dos hermanos inmigrantes suizo – italianos a cuyo apellido debe su nombre que llegó a convertirse en uno de los más famosos de la ciudad, atravesamos las arterias principales del

Distrito Financiero

mientras la ferocidad de edificios como el Banco de la Reserva Federal, la Bolsa, el antiguo edificio de la House of Morgan o el moderno rascacielos de One Liberty Plaza

nos empuja a mirar hacia arriba

, siguiendo la trayectoria ansiosa del único destino donde la bursatilidad moral de una sociedad enferma de sí misma lleva siglos proyectándose: el capital. Tres manzanas al noreste de Wall Street, una placa aterriza simbólicamente la desconexión generada por la ambición mercadotécnica

con un recordatorio espectral del pasado neoyorquino

: este letrero indica dónde estuvo el mercado de esclavos, establecido en 1711, aunque la trata empezara en 1626.

“Todo era más refinado en esta parte de la ciudad, incluso las adicciones”

Paloma Sánchez – Garnica

“Tenían la carta en inglés y en francés porque lo utilizaban como gancho para que todos los hombres de negocios que pululaban por esta zona pudieran comer como si estuvieran en París, que en ese momento era lo más para los ricos. Aquí venían los padres multimillonarios de esos hijos que se dedicaban a ir a clubs como El Morocco o Copacabana.

Estos niños ricos estaban siempre en el límite de la experimentación con las drogas

, el LSD y sobre todo la marihuana, que ahora es legal, pero entonces no lo era. El consumo era muy diferente al del hachís en la zona de Harlem, todo era más refinado en esta parte de la ciudad, incluso las adicciones", introduce la escritora

Paloma Sánchez – Garnica

en el exterior del mencionado restaurante, anticipando las bases de los contrastes de clase que vertebran el núcleo narrativo y la historia de amor de “Un hombre de honor” (Planeta), su última y vertiginosa novela. En este número 56 de Beaver Street siempre hubo patrocinadores exclusivos y hombres con mucho poder, mucho dinero y demasiado tiempo sentados en la mesa que más tarde evolucionaron a celebridades de la talla de Etta James, Elisabeth Taylor, Rock Hudson, Lana Turner o Elvis Presley entre otros muchos.

Paloma Sánchez – Garnica en las puertas de la Catedral de San Patricio

Javier Ocaña

La tarde se ha teñido de naranja y nubes ligeras y nuestros ojos vislumbran el saludo lejano y neogótico de la Trinity Church, en la intersección con

Broadway. Ambientalmente situada en un agitado y convulso periodo histórico para Estados Unidos como el 68, donde las bases fundacionales del siglo XX empezaban a alterarse y Norteamérica se desgarraba entre las consecuencias materiales y espirituales de la guerra de Vietnam, la evolución progresiva de una creciente tensión política

agravada por el asesinato de Robert F. Kennedy en el hotel Ambassador de Los Ángeles

, así como la intensificación de la lucha por los derechos civiles y la omnipresente intervención de los tentáculos densos de la mafia y la identitaria mixtura criminal italoamericana, la novela de Sánchez – Garnica referencia inevitablemente de manera cinematográfica todos esos escenarios que ahora recorremos junto a ella

en unas completísimas jornadas neoyorquinas por las principales arterias del corazón de Manhattan.

Acoplados en una ciudad que todavía no sabemos con certeza si como cantaba Sinatra nunca duerme o algún día dejará de estar dormida, estos lugares que en el fondo observamos, identificamos, registramos como familiares, incluso en algún que otro delirio mitómano de apropiación cultural como nuestros, como propios, porque las películas –la maquinaria hollywoodiense mejor dicho– y también la sacrosanta aportación descriptiva de la literatura han propiciado la configuración de una relación parasocial con el espacio y nos han fabricado las aristas de

una creencia que nos garantiza emocionalmente que ya hemos estado aquí aunque sea la primera vez que lo estamos de verdad

, construyen la crónica ficcionada de un mundo plagado de conflictos morales, secretos familiares, sistemas opresivos y por encima de todo y de todos: el honor y sus significados.

Un hombre mira el móvil bajo el letrero del icónico restaurante Sylvia’s ubicado en Harlem

Marta Moleón

Cuando le preguntamos a la autora sobre la romantización histórica y prolongada de los universos relacionados con el mundo de la mafia y hasta qué punto no se ha dejado arrastrar por

esa legendaria seducción propiciada por las magnéticas fórmulas estructurales del Hampa para escribir

, admite que "sin duda “El padrino”, tanto el éxito del libro primero como después el de la película tuvo mucho que ver en esto. ’’El padrino" lo que muestra, además de lo violentos que podían llegar a ser los miembros de la mafia y que se cargaban a quien fuera si era necesario, es la cara humana, porque al final eran personas corrientes, eran padres de familia, eran esposos y gente que tenía amigos, pero si se tenían que cargar a sus amigos, se los cargaban, si se tenían que deshacer de sus mujeres , se deshacían, y si se tenían que deshacer de sus hijos, se deshacían.

Uno no es bueno todo el día, no es bueno siempre, puedes tener fallos, claroscuros, sombras, contradicciones, aunque hay algunos que tienen muchos más oscuros que claros y otros que tienen más claros que oscuros.

No quería juzgar a mis personajes, nunca lo hago, sólo limitarme a salirme de mi espacio para meterme en el suyo. Últimamente en las películas se ve de manera más explícita la criminalidad y la brutalidad de los mafiosos, pero al mismo tiempo nos lo muestran de una manera cómoda y eso nos influye sin duda. Al final conocemos muchas partes de Estados Unidos a través de las películas y uno va a Hollywood creyéndose que aquello es lo más y resulta que a veces no. Hollywood nos ha vendido muy bien a América, ha sabido vender muy bien una cultura dirigida y muchas veces apostar por una manipulación de la población a través de determinadas herramientas. En la época, sobre todo de los años 40, 50, 60, la herramienta con la que se teledirigía mucho a la población era el cine, es decir, Hollywood", señala.

""El padrino" mostró la cara humana de la mafia"

Paloma Sánchez – Garnica

Atravesada por un amor expectorante y depurativo surgido en mitad de la violencia del contexto entre Nicole, una joven periodista del “New York Times” inicialmente invalidada que busca conquistar un espacio en ese momento limitado para las mujeres y convertida en testigo involuntario y relatora del asesinato de Kennedy y un detective judío destinado en Harlem como Frank cuya investigación sobre una red de narcóticos

le enfrenta de forma directa con los diques de la mafia y su scorsesiano “modus operandi”

, “Un hombre de honor” amalgama todos esos elementos literarios tan característicos del estilo de la ganadora del Premio Planeta en 2024 por “Victoria” –donde ya Nueva York operaba como un personaje más– que tienen que ver con una recreación histórica detallada y minuciosa (como también hizo en “Últimos días en Berlín”) de la horquilla temporal escogida y la exploración de

esa épica doméstica que trasciende la intimidad de las vidas corrientes.

Un mundo cambiado

Anochece minutos antes de sumergirnos en el abigarrado delirio lumínico de Times Square rumbo a la actual sede del “New York Times” (ubicada hasta 2007 en el 229 de la calle Cuarenta y tres Oeste, por la que también paseamos) y la excesiva acumulación de estímulos visuales y sonoros

convierten el trayecto en una inmersión cercana a la experiencia psicotrópica.

La circulación de esa marea humana que se detiene para contemplar las actuaciones callejeras de raperos negros con cuerpos esculpidos o escuchar las soflamas apocalípticas de un evangelista loco parecen desdibujarse hasta convertirse en diminutos píxeles atomizados que se funden con

el océano de consumismo que nos interpela a través de sus avasallantes anuncios parpadeantes

con el cuerpo desnudo de Sydney Sweney encabezando la polémica y vomitiva campaña “Just Sports” con el único parapeto estético de un balón de rugby cubriendo su pecho. De pronto el logo del corazón diseñado por Milton Gliser parece agrietarse. ¿Amamos realmente Nueva York o simplemente amamos la idea que tenemos de ella?.

“A finales de los 60 había más violencia política que en la actualidad yo creo, ahora se reivindica de otra manera”

Paloma Sánchez – Garnica

“Conozco bien la ciudad de Nueva York. Desde que la pisé por primera vez en los años 90 y sigue siendo igual de reconocible que entonces, aunque las cosas hayan cambiado mucho en según que zonas, como por ejemplo Harlem donde recuerdo que tuve que acceder con el coche porque no era nada seguro y mira ahora, nada que ver.

Desde el principio me parecía una ciudad digna de utilizarla como escenario para una novela

y la que reflejo en el libro demuestra que estaban pasando muchas cosas: la Guerra de Vietnam y la ofensiva del Tet, mataron a Martin Luther King y sólo dos meses después al senador Kennedy delante de todo el mundo y después vino todo lo relacionado con el proyecto MK Ultra. A finales de los 60 había más violencia política que en la actualidad yo creo, las circunstancias de todas formas han cambiado también, ahora se reivindica de otra manera", reconoce en entrevista con LA RAZÓN la escritora, cuyo germen de inspiración para la escritura del libro fue la lectura de un artículo sobre otra petición denegada de excarcelación por parte de

Sirhan Sirhan, condenado “oficial” por el asesinato del entonces senador.

Frente al imponente edificio de 52 plantas del New York Times que se extiende hasta la Octava Avenida, la escritora se nos detiene para hacer un pequeño aviso. “Si no hay libertad de prensa, la democracia se apaga”, advierte antes de continuar en conversación con este periódico: "La ficción nos conforma como una sociedad no manipulable, como una sociedad que tenga la fortaleza mental suficiente como para no dejarse llevar por los mensajes facilones que se están dando ahora a través de las redes, de los titulares que no profundizan. El acto de leer es un acto que supone esfuerzo, que supone voluntad, que necesita atención, y eso hace que el cerebro se prepare mejor para cribar la información, lo que os digo siempre, o sea, vosotros tenéis la responsabilidad de informar, pero

nosotros también, como ciudadanos, de cribar toda la información que nos cae

, porque tenemos acceso de todas las maneras posibles a la información, pero no todo es verdad, no toda la información que nos viene dada es verdad ni es real, por lo tanto tenemos que saber cribar, tenemos que aprender, y eso se puede hacer a través de la ficción. Entendernos como sociedad mediante esa mirada al pasado a través de los ojos de un personaje que te cuestiona, te incomoda incluso, te obliga a salir de tu zona de confort y a ponerte en su lugar,

mejorar nuestra empatía.

Creo que el acto de leer es lo más revolucionario que podemos hacer como sociedad".

Hilera de rascacielos neoyorquinos vista desde los muelles de Hoboken

Marta Moleón

“Es importante tener en cuenta que en el 68 no solamente ocurrió lo que cuenta la novela, sino que en París teníamos el mayo del 68, la primavera de Praga, la matanza ocurrida unos días antes de los Juegos Olímpicos en México, las protestas sociales generalizadas… fue un año muy convulso y de mucha transformación, porque los jóvenes con mayoría de edad que no habían vivido la Segunda Guerra Mundial empezaban a llegar al mundo y querían cambiarlo. Esta sociedad que también es la occidental tiene en ese sentido paralelismos con nosotros. En España nos ha pasado lo mismo, aunque un poco más tarde.

Nosotros veníamos de una dictadura con una posición de las mujeres muy constreñida

, igual que aquí, a la familia y al hogar, a ser madre y esposa y ya está, y eso se ha transformado mucho, las mujeres tenemos una posición que no tenían en los 60, tanto en Estados Unidos como en España, algo que refleja muy bien Nicole", completa.

¿Toda esa combustión de malestar social y agitación política que se vivió en el 68 extrapolada a la urgencia del panorama presente y a toda esa violencia institucional desmedida ejercida por el Gobierno Trump contra los migrantes que han construido este país confirma que ya se puede hablar del desmantelamiento del sueño americano sin utilizar eufemismos?

El sueño americano nació desmantelado. Repito lo que te comentaba antes, se han vendido muy bien. Es importante recordar algo que a veces parecen olvidar y es que son un país de inmigrantes al final. Por mucho que se quieran hacer los más justos y los más poderosos y los más demócratas del mundo, tienen muchos contrastes. Aquí la gente venía buscando una oportunidad, una forma de vida mejorada y la encontraban, pero a través de la absoluta miseria. Por eso se desarrolló la mafia y la delincuencia de una forma tan extendida entre los inmigrantes , porque la mafia era una manera de sentirse protegido, una forma de pertenencia, de encontrar un medio con el que ganarte la vida porque había mucha gente que no tenía otra forma de hacerlo. En ese sentido bueno, creo que el sueño americano tal y como lo conocemos hoy en día tiene su lado bueno, pero la verdad es que a todo el que viene le cuesta encontrarlo. Sigue siendo un mito visto con perspectiva, un decir, el sueño americano se rompe en el momento en que pones el pie aquí y tienes que buscarte la vida, como en cualquier otro sitio.

La icónica vista del Puente de Manhattan que ilustra la portada de la novela

Javier Ocaña

Durante el transcurso de

un recorrido embalsamado por la ensoñación de lo ya vivido

que nos mece por las espejadas aguas del estanque Jacqueline Kennedy Onassis Reservoir ubicado en Central Park; los vestigios millonarios de una arteria del lujo inmobiliario como la Quinta Avenida (donde viven los Donaldson; la conservadora y rica familia de Nicole); un depositario místico de pecados sin redimir como la catedral de San Patricio, las cambiadas calles de

Harlem, hervidero de actividad cultural y electrizante cuna de la cultura negra y del jazz en los años 20

y los embrujados muelles de Hoboken silenciados por la neblina y el dedo coercitivo de la enorme escultura de Jaume Plensa de 24 metros de altura que pide que nos callemos a orillas del río Hudson, Sánchez – Garnica recuerda que “el que pertenece a una organización criminal hoy en día es un delincuente, no un hombre de honor”.

“El concepto de honor es algo que siempre ha sido muy ambiguo. Lo fue antes y lo es ahora y en la novela tiene dos caras. Por un lado estaban los hombres de sangre italiana que pasaban a formar parte de una organización mafiosa y se les denominaba así, hombres de honor, en base a la asunción de unos códigos establecidos en el momento del ritual. Y por otro, el honor consistía, en contraste con el componente de criminalidad, en cumplir con esos códigos de lealtad, con la omertá, no traicionar, no colaborar con la justicia, resolver todos los problemas dentro de la organización, pasar desapercibido, no sacar nada hacia fuera”. Algo en lo que Fabrizzio Donatti, otro protagonista importante de la historia, igual que Noodles, bastión de “Érase una vez en América” encarnado por un soberbio De Niro, era experto. Es precisamente desde el ángulo bajo del reconocible escenario de la cinta de Sergio Leone con vistas al Puente de Manhattan, coincidente en poética sintonía con la imagen que ilustra la novela,

desde donde nos despedimos de la ciudad, del relato y del sueño americano.

No sin antes dejarnos atravesar por una escena, una cara, una respuesta. “¿Qué has hecho durante todos estos años Noodles?”, pregunta un amigo de la infancia alterado por su reaparición. “Acostarme temprano”.

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