El desalojo de la playa de El Trampolín dispara los “retornos voluntarios” en Ceuta: 900 regresos en un día
La Policía Nacional completa el desmantelamiento del poblado. La segunda jornada fue mucho más rápida que la primera: decenas de migrantes marcharon a los montes para evitar ser trasladados
El País, , 06-10-2026El domingo, primer día del desalojo de El Trampolín, se disparó el número de migrantes que regresan “voluntariamente” a Marruecos. La proporción fue inédita: de las 1.100 personas sacadas de la playa en autobuses custodiados por la Policía Nacional, retornaron al país vecino unas 900, hasta un 80% del total, según datos del Ejecutivo. Apenas dos centenares optaron por quedarse en el centro de registro de datos de El Tarajal para su posterior. La operación continuó este lunes con el desmantelamiento total del poblado. Pero, cuando los agentes retomaron el operativo a primera hora de la mañana, buena parte de los migrantes habían escapado a las montañas para evitar su traslado forzoso al paso fronterizo.
La operación de desalojo estaba prevista desde mediados de la semana pasada, pero no se materializó hasta este domingo. Cuando la Policía Nacional llegó por sorpresa a El Trampolín, aún permanecían en la playa alrededor de 2.500 personas. El dispositivo arrancó a las ocho de la mañana y se alargó hasta las 20.30. A esa hora, las tres tanquetas de los antidisturbios marchaban del lugar cuando empezó a escucharse la llamada al rezo islámico. Sobre la arena esperaba el último grupo de migrantes que iba a ser trasladado en autobús hasta el paso fronterizo de El Tarajal. Los agentes desalojaron a 1.100 personas durante todo el día, de las que 900 regresaron “voluntariamente” a Marruecos. Hasta los propios policías estaban extrañados de la gran cantidad de gente que había regresado. Al término del primer operativo del domingo, en la playa no quedó apenas presencia policial que vigilara la zona.
El dispositivo de este lunes se reanudó también a las ocho de la mañana, pero solo duró un par de horas. Los agentes sacaron de la playa ya solo a unas 300 personas, de las que unas 200 regresaron “voluntariamente” al país vecino. Conscientes de lo sucedido el día anterior, muchos de los migrantes que quedaban en El Trampolín se marcharon a las montañas a esconderse. No querían correr la misma suerte que sus vecinos: ser trasladados en autobuses a El Tarajal. Otros, sin embargo, cogieron ellos mismos sus bolsas y volvieron a la frontera por su propio pie. El goteo se sucedió durante todo el día, acompañado de lluvia que derivó, a veces, incluso de tormenta.
Regresos inéditos
Los inéditos “regresos voluntarios” que se están produciendo tras el desalojo de las playas presentan una imagen y fórmula distinta de los que se venían produciendo en Ceuta a cuentagotas desde el estallido de la crisis. Antes, los retornos diarios oscilaban en torno al centenar de personas. Y se producían así: un migrante que seguía viviendo en la calle volvía caminando hasta la frontera de El Tarajal y salía por una puerta que está a la izquierda del control. Antes de la crisis, esa puerta estaba cerrada. Ahora las autoridades españolas la mantienen abierta para los migrantes que quieren dejar la ciudad motu proprio. Lo hacen solos, sin nadie que les custodie. Una vez alcanzan el final del camino, la Policía marroquí los registra y acepta su entrada.
Puerta abierta de El Tarajal para los regresos voluntarios.
Puerta abierta de El Tarajal para los regresos voluntarios.
V. M.
La otra vía, la que se ha inaugurado con el desalojo de las playas, está impulsada directamente por el Gobierno central. Es la Policía Nacional quien saca a los migrantes de los asentamientos a pie de playa y los obliga a montar por grupos en autobuses. Luego son trasladados al paso fronterizo de El Tarajal, porque allí está el Centro de Atención Temporal a Extranjeros (CATE), una dependencia acondicionada para que puedan dar sus datos, ser filiados para comenzar los trámites de extranjería e ingresar después en un recurso de acogida. Ese es el paso previo a que se inicie el proceso de expulsión. Allí, a apenas unos metros de donde se detiene el autobús, también está la puerta para volver a Marruecos. Aunque esa es una puerta distinta de la anterior y no accesible para la prensa.
Tras ser desalojados de la playa, y justo cuando bajan del autobús, los policías plantean a los migrantes la siguiente disyuntiva: volver “voluntariamente” a Marruecos por la garita que está detrás —sin dar sus datos—, o quedarse en Ceuta. Pero, si se quedan, tienen que entrar al CATE, registrarse y que arranque la tramitación del proceso de expulsión. La mayor parte de quienes permanecían aún en El Trampolín son migrantes de origen magrebí, para quienes es muy difícil obtener el asilo. Así pues, lo más probable es que al final del camino reciban la orden de retorno. El domingo, la imagen de los migrantes abandonando “voluntariamente” Marruecos era constante. Otra de las diferencias es que salen por la garita acompañados de agentes de la Policía Nacional hasta que son entregados a los policías marroquíes. Los gendarmes los montan en otros vehículos y los trasladan a distintos puntos del país, como comprobó este periódico durante el desalojo de la playa de Benítez.
Los migrantes abandonan “voluntariamente” Ceuta tras bajar del autobús en El Tarajal.
Joaquin Sánchez
La conversación en la que los agentes plantean a los migrantes el dilema de ingresar en el CATE o marchar queda también fuera del acceso a la prensa. Según trasladan fuentes policiales, los policías están informan a los migrantes irregulares de las consecuencias que supondría iniciar un expediente de devolución e iniciar los trámites administrativos para su repatriación. En estas conversaciones les cuentan que quedarían inscritos en bases de datos policiales, serían devueltos con consecuencias o tendrían impedimento para volver a entrar en años.
“También se les explica que se están denegando las solicitudes de protección internacional a los nacionales marroquíes”, apuntan otras fuentes policiales. “Se les informa de que lo más probable es que, a no ser que cumplan los requisitos, no se les conceda esa orden de protección internacional y, por lo tanto, se les incoará un expediente de expulsión y eso lleva aparejado una prohibición de entrada por un tiempo, puede ser de tres años, de cinco y hasta de diez años, en caso de que se cometa un delito muy grave”. Todo esto, unido a que llevan más de dos meses en la ciudad autónoma y que las condiciones de estancia mientras se tramita el expediente no son las mejores, termina inclinando la balanza del lado de la salida.
Migrantes esperan la comida en un puesto de una ONG, este lunes, en Ceuta.
MARCOS MORENO (REUTERS)
El ritmo de regresos a Marruecos se ha incrementado en las últimas horas y los agentes están encontrando colaboración con la policía marroquí. Cuando los migrantes deciden salir, después de esa breve charla informativa, los agentes les acompañan hasta el paso fronterizo, según indican las mismas fuentes. “Descartamos cualquier presión”, subrayan fuentes del Ministerio del Interior, que enmarcan estas salidas voluntarias en el contexto de la crisis, justo en un momento en el que ya se cuenta con una estructura policial para comenzar los triajes y no se puede demorar el paso por dependencias policiales.
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