El ultraconservador Bolsonaro gana la primera vuelta y disputará con Lula el 25 de octubre la presidencia de Brasil
El hijo del que fuera también jefe del Estado brasileño, ganó sorpresivamente el primer turno de las elecciones con el 47% de los sufragios
Diario Vasco, , 05-10-2026Los brasileños tendrán que volver el 25 de octubre a las urnas para decidir si Luiz Inácio Lula da Silva continúa al frente del país o, por el contrario, ponen la presidencia en manos del ultraconservador Flávio Bolsonaro. El hijo del que fuera también jefe del Estado brasileño Jair Bolsonaro ganó sorpresivamente el primer turno de las elecciones con el 47% de los sufragios frente al 45,1% del izquierdista que busca la reelección.
El Partido Liberal (PL) de Bolsonaro se aseguró 19 de 54 representantes que se disputaban en el Senado y se convirtió así en su mayor fuerza, aunque sin alcanzar mayoría sobre un total de 81 senadores. Para la Cámara de Diputados, el PL también fue el partido más exitoso y sale de la elección con al menos 85 de los 513 asientos asegurados.
El clan Bolsonaro salió reforzado. Michelle y Carlos Bolsonaro, esposa y segundo hijo del exmandatario, conquistaron escaños en el Senado por el Distrito Federal y Santa Catarina respectivamente. Jair Renan Bolsonaro, el menor de los hijos varones, fue elegido diputado por Santa Catarina. Mientras tanto, varias apuestas de Lula para la cámara alta fracasaron, como las exministras de Medio Ambiente y Planeamiento Marina Silva y Simone Tebet, que perdieron en el estado de Sao Paulo ante candidatos bolsonaristas.
Los dos candidatos que escoltaron a Bolsonaro y Da Silva en la primera vuelta de las presidenciales, tanto el escritor y psiquiatra Augusto Cury, candidato por el partido Avante y que obtuvo el 2,89 % de los votos, como el militante de ultraderecha Renan Santos, que disputó las elecciones como representante del también minoritario partido Missão y quedó cuarto con el 2,24 %, descartaron su apoyo a alguno de los candidatos que disputará la segunda vuelta. De los siguientes más votados, el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado (2,18 %) afirmó que consultará con los dirigentes del centroderechista Partido Social Democrático (PSD) la posición que asumirá en la segunda vuelta y tan solo el exgobernador de Minas Gerais Romeu Zema (0,27 %) dejó claro que votará contra Lula como siempre lo ha hecho.
La estrecha diferencia confirma que Brasil sigue profundamente polarizado. Como en 2022, los sondeos subestimaron la fuerza de la derecha en los comicios que enfrentaron a Lula con el entonces presidente Jair Bolsonaro. El senador se dijo «muy satisfecho», puesto que muchas encuestas situaban su candidatura detrás de su rival. Obtuvo 56 millones de votos, más que su padre en 2018 y 2022.
La Avenida Paulista, arteria de Sao Paulo que sirve como escenario habitual de celebración de los seguidores del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, lucía desolada la noche del domingo. La fiesta quedó aplazada para los «lulistas», que planeaban recibir en la calle al octogenario presidente que lideraba las encuestas.
Gustavo Maximiliano caminaba por la avenida preocupado, aunque confiado en que Lula vencerá el 25 de octubre. Así lo hizo en las tres ocasiones en las fue elegido como presidente, incluida la del 2022 ante Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por golpismo. «La remontada empieza ahora», dijo a la AFP el cineasta de 42 años. «Todas las elecciones de Lula son difíciles y apretadas, pero él siempre gana en la segunda vuelta», añadió.
Las camisetas rojas, color del Partido de los Trabajadores (PT) del mandatario, quedaron ocultas bajo los abrigos. Luego de reconocer que esperaba ganar en el primer turno, Lula prometió vencer «en la prórroga», durante declaración a medios en un hotel de la mayor ciudad del país. «Lula sabe jugar mejor», aseguró por su parte Marcos Souza, de 29 años, al advertir que «no se puede minimizar» que la «extrema derecha tiene una fuerza inmensa».
Aline Araujo, una bancaria de 33 años, está convencida en que el presidente podrá demostrar su experiencia de más de medio siglo en política frente a Flávio Bolsonaro, un senador de 45 años que hasta hace algunos meses era poco conocido.
Los brasileños se tomaron muy en serio el futuro de su país. Cerca de 159 millones de ciudadanos estaban llamados a una trascendental cita electoral, que registró el 79,09% de participación. El resto de los candidatos que concurrían a las elecciones se encontraba a gran distancia de Bolsonaro y Lula – ninguno de ellos alcanzaba el 3% – , lo que cimenta la idea de que, como sucede en un gran número de países, la polarización entre izquierda y derecha también es una realidad en Brasil.
Desde la Amazonía hasta las tierras agrícolas del sur, los brasileños acudieron a las urnas en una jornada electoral de alta tensión. La propia polarización extrema, el miedo a posibles injerencias externas y los fantasmas del intento de golpe de Estado de enero de 2023 llevaron al Gobierno a desplegar un operativo de seguridad sin precedentes, con presencia del Ejército en más de 130 municipios, la prohibición del uso de la inteligencia artificial para evitar noticias falsas y controles en las carreteras. Además, embajadas y consulados extranjeros decidieron cerrar sus puertas.
Luiz Inácio Lula da Silva y el clan Bolsonaro son de nuevo los protagonistas de este proceso, como lo fueron hace cuatro años. Entonces, el veterano líder de izquierdas – que había recuperado sus derechos políticos un año antes tras pasar 19 meses en prisión – sacó en la segunda vuelta apenas un 1,8% de ventaja a su rival, el referente de la extrema derecha Jair Bolsonaro, que buscaba la reelección. Fue el margen más estrecho de la historia democrática de Brasil, una victoria que el mandatario saliente nunca reconoció y que le llevó a liderar una asonada golpista contra Lula una vez que éste recuperó el poder.
Jair Bolsonaro cumple ahora una condena de 27 años en su domicilio y es Flávio, su hijo mayor, el que se ha enfrentado a un octogenario Lula, que busca su cuarto mandato. Todos estos ingredientes han influido no solo en la polarización que vive el país, sino en el hartazgo de buena parte de la población brasileña. El rechazo tanto a Lula como a los Bolsonaro es muy alto y la mayoría votó ayer más «en contra de» que «a favor de». Este sentir lo resumió Janaína Oliveira, de 45 años, poco antes de introducir su papeleta: «Voy a votar al menos peor», indicó la mujer a AFP a las puertas de un colegio electoral de Río de Janeiro.
En ese Estado emitió también su voto Flávio Bolsonaro, que apeló a «la necesidad de un cambio» en el país, que «no aguanta más». Lula, por su parte, votó en São Paulo, donde sacó pecho de sus políticas. No obstante, señaló: «No se resuelven 500 años en 10, 15 o 20 años. Esta elección no es entre personas, es entre la democracia y la barbarie, entre el atraso y el desarrollo».
Ambos representan dos visiones opuestas: de un lado un proyecto progresista en lo social, que aboga por un papel fuerte del Estado en materia económica y la lucha contra la deforestación de la Amazonía; por otro, una propuesta ultraliberal en lo económico, conservadora en lo social, de mano dura contra el crimen y de acercamiento con el presidente Donald Trump.
Pero la cuestión no es tan simple. Lula ha gobernado estos cuatros con un gabinete multipartidista – con formaciones que van desde la izquierda a la derecha moderada – y un Legislativo conservador. Ha tirado de medidas ejecutivas para frenar la deforestación de la Amazonía o ampliar la ayuda a los hogares más pobres, pero ha cedido en otras parcelas de poder . Por lo tanto, el nuevo Congreso también va a ser clave para la gobernabilidad del país.
El hartazgo y la desafección de los ciudadanos se explica por varios factores. Por un lado está el nivel de corrupción, con sonados escándalos que han implicado a todos, incluidos Lula y Flávio Bolsonaro, y la pugna constante entre el Congreso, la Presidencia y el Tribunal Supremo. Por otro, la inseguridad en las calles y la situación económica. Y es que mientras los indicadores sociales (pobreza, desempleo y hambre) han mejorado drásticamente durante el mandato de Lula, los motores macroeconómicos y financieros enfrentan grandes desafíos por la carga de la deuda, del Estado y de las familias, y las altas tasas de interés.
Pero este proceso también está siendo seguido con lupa desde el resto de rincones del continente, especialmente Estados Unidos, que ha visto cómo, elección tras elección, los gobiernos de América Latina han ido cayendo en su espectro ideológico.
(Puede haber caducado)