Del top manta a la Alta Costura: Cheikh Kane y la promesa que le hizo a su madre
Tras cruzar el Atlántico en patera y sobrevivir a la indigencia y a la venta ambulante, el modelo senegalés relata en 'Una casa para mi madre' la promesa que impulsó su huida de la pobreza y su milagrosa transformación vital en España
El Mundo, , 05-10-2026a historia de Cheikh Kane parece trazada por el guión de una película, pero cada una de sus cicatrices recuerda que la realidad ha sido implacable. Criado en Senegal un entorno azotado por la pobreza, la separación familiar y la rigidez de un pueblo volcado a la fe, Kane no conoció la infancia convencional. Apenas conserva recuerdos en los que no figure el hambre o la incertidumbre de no saber si al día siguiente habría un plato sobre la mesa. Sin embargo, entre la sombra de la escasez, germinó en su interior una obsesión invariable que terminaría por guiar cada uno de sus pasos: conseguir un techo digno para su madre. Hoy, convertido en una de las grandes promesas del modelaje y tras protagonizar editoriales en firmas internacionales y en Vogue Italia, el el joven publica Una casa para mi madre, un testimonio de supervivencia escrito junto a la periodista María Albarral que conmueve e interpela al lector.
“Cada persona es un destino”, reflexiona Cheikh al recordar los primeros años de su vida. “Fui un niño muy triste. Mi madre se divorció de mi padre y no tenía una casa; vivía en casas abandonadas, con dificultades, hambre y todos los problemas de la pobreza. El sueño de siempre era ser grande para poder trabajar y conseguirle una casa a ella”.
Esa urgencia por rescatar a su madre del desamparo lo llevó a ser víctima de las duras costumbres de su entorno. Al carecer de recursos para escolarizarlo de forma regular, fue enviado a una escuela coránica donde los castigos corporales y el rigor extremo eran la norma. “Nunca he ido a una escuela en mi vida. Hablo español, francés e inglés, pero sólo estudié el Corán”, confiesa. Las secuelas de aquella época todavía se intuyen en su piel: “Estuve encadenado con grilletes en las piernas durante un año entero para que no me escapara. Las únicas marcas blancas que tengo en el cuerpo son las cicatrices de aquellos grilletes”.
En el rescate a Cheikh de la calle cuando era un talibé
En el rescate a Cheikh de la calle cuando era un talibéLa Liane
El abismo del Atlántico
La falta de horizontes en su país y la promesa indeleble hecha a su madre lo empujaron a tomar la decisión más arriesgada de su vida: embarcarse en una patera con rumbo a Canarias. Diez días en alta mar hacinados en un cayuco de madera transformaron el océano en un auténtico purgatorio.
“Fue el peor viaje de mi vida, un infierno del que todavía me despierto con pesadillas”, relata. “Éramos 120 personas en una embarcación de madera. No ves nada más que el cielo, el motor y a gente vomitando sangre a tu lado. Detrás de nosotros venía otro cayuco con 300 personas que se partió en dos; sólo sobrevivieron ocho y allí perdí a mi mejor amigo”, lamenta.
Con el paso de los días, la comida y el agua se agotaron. El agua comenzó a colarse por una vía en el casco de la barca, obligando a los supervivientes a achicarla exhaustos en medio de la noche mientras la desesperación se apoderaba de todos. “Llegó un momento en el que ya no pensábamos en Europa ni en España, sólo queríamos ver tierra para sobrevivir, aunque fuera para morir de hambre en la costa”, admite.
La divisoria de luces de las islas Canarias marcó el fin de la agonía marina, pero el inicio de una travesía no menos hostil, la de la irregularidad en suelo europeo: “Llegas a un país donde no conoces a nadie, no sabes el idioma y no tienes papeles”. Tras compartir habitación con 10 personas en Marbella y pasar duras jornadas recogiendo aceitunas en Jaén para enviar su primer sueldo íntegro a Senegal, Cheikh se vio abocado al top manta en el paseo marítimo. “La gente no hace el top manta por gusto, sino para pagar el alquiler y mandar algo de comida a su familia cuando no tiene permiso de trabajo”, explica.
Cheikh y la periodista María Albarral con el libro ‘Una casa para mi madre’
Cheikh y la periodista María Albarral con el libro ‘Una casa para mi madre’Jesús Chacón
Un giro del destino
Decidido a cambiar su suerte, aprendió español mediante vídeos en internet mientras alternaba empleos precarios en la construcción y la hostelería. Fue precisamente en el paseo marítimo donde el destino, caprichoso, le tenía reservada una vuelta de tuerca. Un fotógrafo, Aleksander Santos, deslumbrado por su porte y su compostura, se le acercó para proponerle una sesión de fotos.
“Me dijo si era modelo y yo le respondí que qué decía, que no tenía ni idea de ese mundo”, ríe al recordarlo. Las imágenes se publicaron en redes sociales y la respuesta fue inmediata, grandes agencias de moda internacionales fijaron sus ojos en él. En poco tiempo, Cheikh pasó de esquivar a las fuerzas de seguridad para vender réplicas en la calle a protagonizar campañas para firmas que vendía, como Nike, Adidas o Polo, desfilar en la Fashion Week de Madrid y Barcelona y verse retratado en Vogue Italia.
Sin embargo, para Kane los focos y las pasarelas no son más que el medio para alcanzar el fin que motivó su partida. El reencuentro con su madre cuatro años después de haber zarpado en aquella patera selló el sentido de su esfuerzo. “Al bajar del coche y verla, le dije: ‘Mer’. Se abalanzó a abrazarme llorando y tocándome, sin poder creerse que su hijo hubiera vuelto vivo y con papeles”, recuerda.
Hoy, las regalías del libro y su trabajo sobre la pasarela han permitido al fin comprar el terreno y comenzar la construcción de la vivienda prometida. Ante el auge de los discursos xenófobos, Cheikh y la coautora del libro apelan a la empatía del lector. “Nosotros venimos a trabajar y a buscar un futuro mejor para nuestras familias; nadie arriesga su vida en el mar por placer”, subraya el modelo. Una lección de dignidad que busca servir como “píldora contra el odio y medicina para la memoria” de un país que, no hace tanto, también conoció la amargura de la emigración.
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