Ghaydaa Kamal Al Abadsa, escritora palestina: “En Gaza no hay un alto el fuego, no crean esa mentira”

La joven, que ha narrado la vida cotidiana de los habitantes de la Franja, asegura haber tenido miedo de convertirse en un blanco de Israel por su trabajo

El País, Beatriz Lecumberri, 05-10-2026

Ghaydaa Kamal Al Abadsa lleva más de cuatro meses fuera de Gaza, pero los detalles de la vida normal aún siguen sorprendiéndola: los parques, los edificios del centro de Madrid, la gente caminando sin prisa, las terrazas en las que tomar un café tranquilamente. “Porque en Gaza ahora sientes que la vida se ha ido. No hay casas, no hay carreteras, no hay escuelas, la mayoría de las tiendas también están destruidas… Es como un decorado, una ciudad fantasma, una película de terror”, detalla, en una entrevista con EL PAÍS la semana pasada en la capital española, donde presentó uno de sus libros.

Esta traductora de 24 años perdió su trabajo en octubre de 2023, tras los cruentos ataques de Hamás y el inicio de los implacables bombardeos israelíes sobre la Franja, en los que han muerto al menos 70.000 palestinos. En ese momento comenzó a escribir sobre su vida diaria, a hacer entrevistas para medios palestinos y a documentar el desplazamiento, el hambre y la muerte. “Quería que la gente fuera de Gaza supiera qué estaba pasando. No podía quedarme callada”.

Ahora vive en Cerdeña, donde obtuvo una beca para estudiar un máster de Lingüística. Sabe que tiene suerte porque de Gaza se sale a cuentagotas, pero el miedo por su familia la atenaza y la hace vivir en vilo, pendiente de cualquier noticia sobre Gaza, donde entró en vigor un alto el fuego hace casi un año, periodo en el que más de 1.400 palestinos han muerto por ataques israelíes, según las cifras suministradas por la ONU.

Pregunta. ¿Recuerda cuál fue su último artículo antes de salir de la Franja?

Respuesta. Recuerdo perfectamente los dos últimos: una entrevista con la viuda del doctor Adnan al Bursh, jefe de Traumatología del hospital Al Shifa de Ciudad de Gaza, muerto en una cárcel israelí, y un texto sobre una niña, única superviviente de su familia, que vive con unos parientes lejanos.

P. ¿Por qué le parecía importante perseverar y contar estas historias?

R. Cuando la guerra empezó, perdí todo: trabajo, universidad, casa, mi padre, mi hermano… Paso a paso me fui quedando sin nada. Estaba asustada cuando hacía entrevistas por si pasaba a ser considerada un blanco de Israel, pero quería que la gente fuera de Gaza supiera del hambre, de la sed, del sufrimiento… No quería quedarme callada.

P. ¿Cree que todo esto habría sido diferente si Israel hubiera permitido que la prensa extranjera entrara en Gaza?

R. Me parece que Israel no hubiera podido deslegitimar lo que ustedes contarían, como sí ha hecho con nosotros. Además, ustedes tendrían una especie de protección de sus respectivos países para hacer su trabajo, algo que nosotros no hemos tenido.

P. ¿Su familia cómo está?

R. En peligro, bajo las bombas, pasando necesidades. En Gaza no hay alto el fuego, no crean esa mentira. Cada día llamo a mi madre y me cuenta que ha habido bombardeos cerca. No están seguros. Por eso yo no puedo estar bien, porque, aunque estoy a salvo, tengo mucho miedo de perderlos.

P. ¿Viven en un campo de desplazados?

R. Están en la zona de Al Mawasi, en una tienda muy vieja que tenemos desde enero de 2024, en la que hay 12 personas. En invierno hace mucho frío y en verano nos asamos de calor. No logro describir lo que es vivir así. Sobrevivimos gracias a la caridad porque en Gaza no hay trabajo y, además, mi padre, que era profesor, murió de cáncer durante los bombardeos.

P. ¿Cuántas veces han tenido que desplazarse desde octubre de 2023?

R. (suspira). Varias. Nos fuimos una primera vez y volvimos a nuestra casa en Jan Yunis, en el sur. Cuando fue destruida por los bombardeos, pusimos la tienda al lado de las ruinas, pero Israel nos obligó a salir de allá. Desde 2025 hemos vivido en la zona de Al Mawasi. En estos días bombardearon tiendas cercanas y las posiciones militares israelíes están muy cerca.

Ghaydaa Kamal Al-Abadsa, que logró salir de Gaza en mayo, documentó desde 2023 el hambre, el desplazamiento y la muerte de los palestinos de la Franja.
Claudio Álvarez
P. ¿Se arrepiente de haber salido?

R. Es complicado. No me puedo quejar, hay mucha gente de Gaza a la que le gustaría estar en mi lugar, pero me siento sola y sufro por mi familia. Pero de todas formas, no puedo regresar. Firmé un documento israelí al salir en el que me comprometía a no volver.

P. En El libro negro de Gaza, en el que participa junto a otros jóvenes autores gazatíes, usted describe cómo su barrio fue tomado como blanco militar en noviembre de 2023.

R. Cayeron dos misiles y pensamos que era el fin. Nosotros somos todos civiles y en la zona había mujeres y niños muy pequeños, que fallecieron.

P. En el mismo libro usted escribió: “No sé si llegaré viva a fin de mes. El hambre se ha convertido en un ser que vive en mí, que me devora lentamente, sin piedad”.

R. Era un momento en que la gente se moría realmente por la falta de alimentos. Los niños lloraban de hambre en las tiendas de campaña. Vivimos varios días solo con agua y algunas habas. Estuve enferma, no tenía fuerzas ni para levantarme.

P. ¿Cómo es caminar por las calles en este momento?

R. A veces ni se reconocen. En Gaza ahora sientes que la vida se ha ido. No hay casas, no hay carreteras, no hay escuelas, la mayoría de las tiendas también están destruidas… Es como un decorado, una ciudad fantasma, una película de terror.

P. ¿Y sigue existiendo esa sensación constante de peligro?

R. No hay lugar seguro. Recuerdo un día que fui a un lugar a conectarme a internet y todo el mundo empezó a huir porque se corrió la voz de que iban a bombardearlo. Sentía que no tenía un sitio en el que refugiarme, expresarme, sentirme tranquila.

P. Ha presentado en España en estos días Cautivos, con testimonios de expresos y expresas en cárceles israelíes.

R. Lo escribí porque la gente no tiene ni idea de lo que ocurre en esas prisiones. Todo surgió por el testimonio de una amiga de Cisjordania que estuvo encarcelada por publicar en redes un comentario de apoyo a Gaza. Ella sufría problemas cardiacos y tenía una niña muy pequeña, pero todo eso dio igual. Me contó su día a día en la cárcel, cómo no les dejaban dormir para llevarlos al límite o cómo le prohibieron llevar velo.

P. ¿Sigue escribiendo sobre Gaza aunque sea desde lejos?

R. Me gustaría, pero salí de Gaza sin nada, tuve que dejar mi ordenador allá. En la universidad no nos pueden dar uno y mi beca es demasiado modesta para que yo pueda comprármelo. Pero me gustaría seguir contando la vida de los gazatíes, aunque sea desde lejos.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)