El futuro de A Coruña: una generación Z con M de migrante

Se estima que el 3 % de la población local son hijos de extranjeros que llegaron a la ciudad en los últimos 20 años buscando un futuro mejor

Canarias 7, Laura G. del Valle, 03-10-2026

Entre el 2004 y el 2008, justo antes de que la crisis del ladrillo fundiera a negro la economía nacional, España recibió más de tres millones de extranjeros. Aunque la gran recesión frenó en cierto modo el flujo de entradas —e incluso estimuló la emigración—, lo cierto es que la primera década del siglo XXI cambió para siempre el paisaje de nuestros pueblos y ciudades, que acogieron nuevos acentos, rasgos y culturas. Aquellos migrantes que dejaron atrás sus vidas para crear «un futuro mejor» son hoy padres de buena parte de los adolescentes y jóvenes que construyen el presente y futuro de nuestro país. También en A Coruña, donde estos ciudadanos rondarían el 3 % de la población local, según una estimación del censo de nacimientos entre 1996 y el 2024.

Pertenecientes en su mayoría a la generación Z y a la generación Alfa, es decir, chavales que tienen entre 16 y 30 años, aunque siempre han vivido en la ciudad —si no nacieron ya en esta urbe, se criaron desde bien pequeños— podrían ser conocidos como generación M. Son adictos al móvil, comprometidos y defienden la multiculturalidad y su origen migrante. En un contexto convulso y con un horizonte que puede poner cada vez más barreras a la entrada de extranjeros, estos reivindican un futuro plural alejado de estigmas.

Jennifer y Christopher nacieron en tierras caribeñas, pero todos sus recuerdos huelen a Atlántico. No se conocían hasta que posaron para la imagen que encabeza este reportaje, pese a los muchos vínculos que los dos mantienen con Venezuela, el país del que huyeron sus padres. En plena veintena, ella trabaja como bailarina y él estudia Bellas Artes en Pontevedra, aunque suele volver los fines de semana a A Coruña. A Jennifer se le nota en el acento su origen migrante, pero por teléfono Christopher da la talla absolutamente como koruño.

Sin embargo, cuando empiezan a relatar su experiencia como hijos de extranjeros afloran más lazos. Los dos mantienen costumbres como el consumo de platos sudamericanos, la añoranza del buen tiempo y el amor incondicional por Galicia, donde pretenden quedarse mucho tiempo. Pero también guardan recuerdos comunes sobre una infancia, a veces, menos amable. «El hecho de ser más morena que los demás y mi forma de hablar con seseo, muchas veces provocaba la burla de los niños. Pero no solo eso, ha habido veces que me han criticado por hablar gallego, diciéndome que “me queda mal”». Además, relata la joven, se ha tenido que enfrentar a «hombres mayores» que le han gritado «negra de mierda, vete a tu país».

En el caso de este futuro artista, confiesa que en alguna ocasión sí ha sufrido «un poco de rechazo o discriminación en el colegio», «pero siempre he pensado que la inmigración no es negativa, y además mis padres no decidieron voluntariamente venir. A la mayoría de la gente no le queda otra opción».

Coinciden estos venezolanos a la hora de proclamar: «Lo raro es la gente que viene a hacer el mal. Los extranjeros quieren estar tranquilos, como todo el mundo». Y añade Christopher: «A mí lo que me da pena es que siento que intentan separarnos para que discutamos entre iguales, en lugar de pedirles cuentas a los de arriba».

Valentina y Mohammed tienen padres argentinos y senegaleses, respectivamente. Los estudian en el IES Rafael Dieste
Valentina y Mohammed tienen padres argentinos y senegaleses, respectivamente. Los estudian en el IES Rafael Dieste Ángel Manso
El IES Rafael Dieste está situado en el Agra do Orzán, el barrio coruñés que concentra la mayor densidad de población por metro cuadrado y que es absolutamente multicultural. De hecho, este instituto es su mayor reflejo: en sus aulas se mezclan más de 30 nacionalidades. Entre los alumnos se encuentran Valentina y Mohammed, que con 14 y 16 años tiene raíces argentinas y senegalesas, respectivamente.

«Galegofalantes», se enorgullecen de unos orígenes que les nutren como personas, igual que están felices formando parte de una comunidad educativa donde la pluralidad es la norma. Valentina reconoce que las veces que ha ido a Argentina ha sentido que tiene «dous fogares, sentíame como aquí», cuenta. Para añadir que tanto es así que, en la final del Mundial de fútbol, ella quería que ganara el equipo capitaneado por Lionel Messi. «Teño moitas costumes arxentinas, e sobre todo na miña casa escóitase moita música dese país porque os meus pais son artistas. Isto paréceme moi enriquecedor», dice la adolescente.

En esta misma línea, Mohammed, con voz profunda, cuenta que él nació en Murcia, pero en el 2020 se instaló en A Coruña junto a su familia. Seis años después es uno más en la ciudad. «Estou perfecto. Gustoume moito vir aquí a vivir pola paisaxe, polo verde. Encantoume», sintetiza. Este chico habla con su familia en wolof —la lengua nacional más extendida en Senegal—, y en clase y con sus amigos alterna el gallego y el castellano. Insiste, pese a su corta edad, en la suerte que tiene de estar en un instituto que le ha permitido tener amigos de todas partes del mundo. «Aquí sempre tes cousas que aprender dos demáis, todos os días. Non é unha cuestión de integrarse senón de apoiarnos uns aos outros, nada máis». Mohammed tiene un grupo social sólido, pero reconoce que gracias a las redes sociales puede mantener vínculos con jóvenes de Senegal a los que ha conocido las veces que, de vacaciones, ha podido ir al país de origen de sus padres.

Mónica Reigía, vicedirectora del IES Rafael Dieste, explica que la particularidad de este centro no modifica en absoluto su funcionamiento. Y este, considera, es parte de su éxito. «Apoiamos os nenos que teñen carencias afectivas e os que teñen dificultades, pero traballamos como calquera outro centro. Non facemos nada especial, esa é a clave. Non o tratamos como alumnado que vén fuxindo de ningún sitio. Os nenos son nenos. Comezan de cero e temos en conta que ás veces é un proceso moi duro, pero é importante que non se sintan sinalados», remata.

Giovanni trabaja con buena parte de esos chavales que hoy son el futuro de esta ciudad. Es profesor en las Escuelas Deportivas Municipales, y recuerda un curso en el que «casi el 80 % de los niños tenían origen extranjero: de Perú, de Japón, de Senegal, de Italia o de Rumanía. Y a mí me parecía maravilloso. Por defecto, yo suelo estar muy atento, sobre todo, a que no se discrimine a nadie por su nacionalidad o por su raza, y a la mínima ya intervengo. Por suerte, siento que cada vez se ve menos».

Con 56 años, sabe bien de lo que habla. Aunque nació en A Coruña, su madre emigró desde Perú a Galicia «por amor». Y recuerda: «No todos los extranjeros tienen la misma historia. En en el caso de mi familia, mi madre dejó su vida para casarse con mi padre. Es cierto que en aquel momento era poco habitual, y yo era el niño “oscuro” cuando nadie lo era. Eso te marca, por eso me encanta ver cómo los más jóvenes, ahora, normalizan la mezcla».

Antes de finalizar la charla, Giovanni lanza una poderosa reflexión. «El racismo no es tanto por el color de piel o por atacar al distinto. Sino por la clase social. Michael Jordan da igual como sea, que todo el mundo lo va a valorar aunque sea negro».

Espiñeira é especialista en políticas de migración e asilo, fronteiras políticas e simbólicas
Espiñeira é especialista en políticas de migración e asilo, fronteiras políticas e simbólicas MARCOS MÍGUEZ
Keina Raquel Espiñeira, profesora de Socioloxía: «Chamar “mena” a un neno é dramático e deshumanizante»
A docente da UDC pensa que hai que mellorar o marco normativo para garantir «os plenos dereitos» das persoas migrantes

Antes de comezar esta conversa, convén revisar os microrracismos que poden terse interiorizados. E así precisamente é coma unha decátase da cantidade de erros que se cometen ao falar desta realidade. Keina Raquel Espiñeira afasta as dúbidas: «É mellor non dicir inmigrantes de segunda xeración, aínda que moitas veces se lles nomee deste xeito». Segundo esta docente da facultade de Socioloxía da UDC e experta en políticas de migración, «pode resultar contraproducente porque transmite a idea de que esta condición se herda».

—É iso necesariamente malo?

—Non é malo, pero non é un termo axeitado. É unha etiqueta da que é moi difícil desprenderse para persoas que xa naceron aquí ou chegaron moi pequenas. Mateñen unha identificación que queda conxelada na súa biografía e que pode ter consecuencias psicolóxicas e emocionais, porque condiciona as relacións sociais. Dalgún xeito, alimenta procesos de diferencia e exclusión.

—Que tipo de migrante chegou nas últimas décadas a Galicia?

—A pesar de que as mobilidades se diversificaron nos últimos anos, atopámonos sobre todo con migracións por motivacións económicas, que seguen sendo as prioritarias, e políticas. Aínda que estes segundos desprazamentos son menores comparados con outras zonas de Europa. Agora, ademais, tamén observamos como proceso novidoso as chamadas migracións por estilo de vida, que serían persoas que buscan un cambio de vida motivado, por exemplo, polo teletraballo.

—Temos que facer algún tipo de autocrítica como país receptor?

—A nivel político estamos atopando discursos reaccionarios que dificultan o que é un entorno amable, aberto e de acollida. O propio marco normativo impide o recoñecemento pleno dos dereitos das persoas migrantes. A lexislación española tivo sempre un carácter restritivo que limita as vías de entrada, de residencia e de traballo, e isto xera por defecto situacións non só de irregularidade administrativa, senón tamén efectos sobre como a sociedade percibe as persoas que veñen ao noso país dende outros territorios con outras linguas e outras culturas. E cando a norma establece distintos graos de cidadanía úsase para xustificar logo un trato desigual que desemboca nun racismo sistémico.

—Pódese vincular dalgún xeito o avance da extrema dereita en Europa coas oleadas migratorias dos últimos anos?

—Penso que plantexalo así xa sería parte do problema. O que fan os partidos de extrema dereita é instrumentalizar os procesos migratorios para ter un proveito económico a través da explotación da man de obra precarizada e en condicións de irregularidade administrativa. Na parte política non fan outra cosa que infundir medo, inseguridade e desconfianza coa finalidade de gañar as eleccións.

—Segundo un informe recente, soamente o 35 % dos fillos de inmigrantes en España teñen os dous proxenitores traballando. Como lles repercute esta desigualdade?

—De novo, o marco normativo de estranxeiría ten implicacións e consecuencias porque crea desigualdades na forma en que as persoas pasan a integrarse na sociedade, condicionando as oportunidades formativas, laborais e profesionais ás que van poder acceder. Os estudos nos que traballamos desde a socioloxía revelan que as persoas de orixe migrante atópanse cun bloqueo que limita o ascenso social porque teñen máis dificultades para acceder a empregos cualificados.

—Que pensa do uso do termo «mena» para referirse a menores estranxeiros non acompañados?

—Eu fixen a miña tese doutoral sobre a fronteira de Ceuta e cústame moito falar desta cuestión, pero para min usar este termo é unha irresponsabilidade. Temos un problema como sociedade ao deixar que a realidade destes nenos e nenas pase a un segundo plano. Cando normalizamos este acrónimo [mena] deshumanizamos a infancia e comezamos a ver os nenos como obxectos desde a distancia e o desapego, e é moi dramático.

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