No pienses en el elefante de la vivienda
La Vanguardia, , 05-10-2026“No pienses en un elefante”, recomienda el profesor Georges Lakoff en el libro en que analiza la importancia del lenguaje y la metáfora en la política y de cómo es decisivo que cada actor imponga su marco mental y no caiga en el del adversario. De cara a las próximas elecciones, especialmente si Pedro Sánchez las acaba anticipando, los dos elefantes del momento están ahora claramente identificados. Para movilizar a los suyos, que es el gran objetivo, más que conseguir trasvases de votos difícilmente realizables, la izquierda intentará imponer el marco de la vivienda, mientras que la derecha hará todo lo que pueda para trasladar a Ceuta al centro del debate. Si creemos a Lakoff, de quien imponga el marco dependerá buena parte del resultado.
En el ámbito habitacional, la peor crisis que sacude España sin duda alguna; unos hablarán de Maricarmen, desahucios y fondos buitre, mientras que los otros preferirán mencionar a okupas, pequeños propietarios y ataques a la propiedad privada. Todo en un terreno por explorar en el que habrá que ver qué intensidad mantiene el incendio que provocó el dramático caso de Maricarmen y si la movilización en Sol y otros puntos de España, con una protesta que lleva aparejada nuevos ánimos combativos y esperanza de futuro, se mantiene y, sobre todo, si queda circunscrita a la izquierda más radical o se extiende a otras capas de la sociedad.
En el ámbito migratorio, y volviendo a Lakoff, unos hablan de invasión y otros de derechos humanos; estos de menores y aquellos de menas, mientras hay miles de inmigrantes en condiciones infrahumanas en una ciudad de uno de los países más avanzados a estas alturas del siglo XXI y, al mismo tiempo, ceutís que tienen que vivir con las calles y los espacios ocupados por extranjeros desamparados. La mala gestión del Gobierno de la crisis de Ceuta combinada con el uso descarnado que hacen el PP y Vox de la supuesta “invasión” migratoria, seguirán desgastando al Ejecutivo sin que se vean opciones de solucionarlo en un corto plazo. Ceuta es ahora mismo ácido disolvente para las aspiraciones del Gobierno.
Con estos dos actores, vivienda e inmigración, en el centro del debate, el fondo del escenario lo forma una sociedad en que conviven de forma aparentemente contradictoria unos magníficos datos macroeconómicos, tanto de PIB como de afiliación, con una realidad mucho menos satisfactoria a nivel de calle, con bajos salarios, desigualdad creciente e inflación rampante.
La fotografía que intenta presentar el Gobierno es la de un empleo en alza, con un agosto que ha sumado 92.000 nuevos afiliados, todo un récord, pero un aumento básicamente motivado por la regularización de extranjeros, que, una vez con su situación legalizada, ahora figuran ya en la Seguridad Social. Entre la población autóctona, la subida es mucho más limitada.
Por tanto, se confirma lo conocido. El crecimiento se sustenta en una llegada de mano de obra extranjera en una economía que sigue dependiendo de sectores con poco valor añadido. Un aumento de inmigrantes que, como impacto secundario, también incide en agravar el problema habitacional. En España, siguen creciendo más los nuevos hogares que los pisos que se construyen. Un déficit de 750.000 ahora que puede llegar al millón en dos años, según el Banco de España.
El mismo esquema rige para el PIB, con un crecimiento muy por encima de nuestros vecinos europeos, un 2,6% este año según la OCDE, pero que no se nota de la misma manera al bajar al impacto en cada ciudadano. Además, con unos salarios que recuperaron el nivel prepandemia a finales del año pasado, pero que ahora afrontan una inflación cercana al 5% y que van a perder poder adquisitivo. En inflación, también vamos un punto por encima de nuestros vecinos, pero en este caso no es para nada una buena noticia.
Y de fondo, la vivienda, que aparece con un agravante, dos condicionantes y unos sospechosos habituales. El agravante es que este problema no tiene solución ni a corto ni a medio plazo. Se pueden tomar medidas inmediatas, combinando regulación y desgravaciones, similares o no a las contenidas en los decretos tumbados el viernes, si es que, en algún momento, hay mayorías parlamentarias para adoptarlas. Pero no nos engañemos, son medidas paliativas, probablemente necesarias en muchos casos, y también con posibles efectos secundarios negativos, que pueden mitigar pero no curar. A largo plazo, la solución tiene que venir por parte de la oferta, la de construir y corregir un déficit alarmante.
El gran condicionante es la situación de partida, con un parque público que nos sitúa a la cola de Europa por la venta masiva que se hizo durante décadas de la vivienda pública y con un mercado privado también deficitario. El segundo condicionante es la incapacidad del sector de la construcción de aumentar el ritmo de creación de nuevas viviendas. Un sector que sufre un problema de productividad, de falta de mano de obra y de una estructura en que predominan las microempresas, lo que les conlleva limitaciones estructurales, según el análisis realizado por el Banco de España.
Después llegan los sospechosos habituales, a los que no se les puede culpar de todos los males. El drama de Maricarmen, un desahucio entre muchos, pero más doloroso por la edad y la situación particular de la afectada, ha sido la gota que ha derramado el vaso de la paciencia. Un drama que ha hecho estallar la ira de muchos contra los fondos de inversión. Los malos de la película desde un punto de vista social. Y lo son, juegan sus cartas sin misericordia en busca exclusivamente de un interés económico inmediato y utilizando a su favor la letra pequeña de la legislación. Sin embargo, si se examina la presencia en el mercado inmobiliario de los fondos, se comprueba que es minoritaria y, además, con síntomas en los últimos años de retirarse del mercado de alquiler.
Al realizar la fotografía del inmobiliario en España, solo un 8% del total de viviendas dedicadas al alquiler pertenece a sociedades, según datos del Banco de España. El resto está en manos de personas físicas. Para completar la radiografía, se le puede añadir que un 76% de estos propietarios particulares tienen una sola vivienda en alquiler, y un 15% dos viviendas. Por tanto, es un mercado en que tienen un peso importante los pequeños propietarios; un elemento a tener muy en cuenta a la hora de aplicar medidas.
Si se convocan elecciones ahora, es evidente que el discurso de la izquierda estará centrado en la vivienda. Es la preocupación de la sociedad y es la promesa que pueden lanzar. Pero no hay garantías de que convenzan. Se les puede recordar que llevan ocho años en el Gobierno y que esta legislatura que Sánchez dijo que sería la de la vivienda. Pero su debilidad parlamentaria ha limitado drásticamente su capacidad para actuar, no solo en la dura derrota del viernes, sino en otras iniciativas anteriores también rechazadas por el parlamento, o por el rechazo de las comunidades del PP a aplicar leyes en vigor, como la de Vivienda que permite establecer tope de los alquileres. En Sol, por ejemplo, se critica tanto al PP como al PSOE, al que se hace también responsable de la crisis. Volviendo a Lakoff, la vivienda es el marco que le interesa a Sánchez, y el frame ayuda, pero no lo es todo.
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