"Estados Unidos tiene una larga historia de rechazo al intelectualismo"
Siri Hustvedt, escritora y Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019, participa en Donostia en el festival Passion for Knowledge
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 04-10-2026La autora estadounidense Siri Hustvedt ofreció el jueves 1 octubre en el Teatro Victoria Eugenia la conferencia Ciencia, ficción y ciencia ficción: marcando diferencias en la era de la información, en la que aborda las relaciones entre literatura, ciencia y conocimiento. Hustvedt, viuda de Paul Auster, explora también en su obra la memoria y la conciencia.
Ha unido la literatura y la neurociencia en buena parte de su trabajo. ¿Qué puede aportar la literatura a nuestra comprensión de la mente que quizá la ciencia no pueda explicar por sí sola?Hace falta más de un enfoque para abordar una misma pregunta. Si preguntas por el yo desde la neurociencia, encontrarás determinadas ideas sobre los procesos cerebrales relacionados con él. Si lo haces desde la psicología, la psiquiatría, la filosofía o la literatura, obtendrás respuestas diferentes. Pensemos en Freud y su división entre el superyó, el yo y el ello, o en la concepción budista según la cual el yo es una ilusión. Son perspectivas distintas sobre una misma cuestión. Algunas grandes novelas también contienen ideas extraordinarias sobre qué es el yo y no quiero perder esas aportaciones. No vamos a obtener necesariamente una única respuesta, sino distintas perspectivas que pueden ayudarnos a formular nuevas preguntas. Es un proceso que nunca termina. La esencia de la ciencia es precisamente la ignorancia: lo que no sabemos y nuestro intento de averiguarlo. Thomas Kuhn explicó que la ciencia avanza hasta que, en ocasiones, se encuentra con un muro. Entonces tenemos que preguntarnos cuáles son nuestros supuestos y con qué paradigma estamos trabajando. El paso de la física newtoniana a la física cuántica es un buen ejemplo. Cambió radicalmente nuestra manera de entender la naturaleza. La física cuántica sigue siendo extraña: podemos trabajar con ella, pero continúa siendo difícil imaginarla desde nuestra experiencia cotidiana.Ha escrito mucho sobre la memoria. ¿Cómo cree que nuestros recuerdos influyen en quiénes somos?Hay casos de personas que pierden sus recuerdos personales a causa de lesiones cerebrales. Uno de los más conocidos es el de KC, que sufrió un accidente de motocicleta y perdió sus recuerdos autobiográficos. Sin embargo, conservaba la memoria semántica: sabía que París era la capital de Francia, conocía los nombres de sus familiares y conservaba muchos conocimientos generales. Lo más interesante es que tampoco podía imaginarse a sí mismo en el futuro. Cuando perdemos nuestro pasado personal, también perdemos en cierto modo la capacidad de imaginar un futuro personal. Pero esto no significa que el yo sea únicamente nuestra memoria autobiográfica. Mi madre desarrolló demencia cuando tenía más de noventa años. Podía conversar y reconocía a sus hijos, pero no recordaba lo que acababa de decir. Incluso las personas con alzhéimer avanzado pueden reaccionar ante la música de su infancia. No estamos constituidos únicamente por recuerdos visuales y autobiográficos. También tenemos recuerdos emocionales y corporales. Todo ello forma parte del yo.En La mujer temblorosa habla de una experiencia personal y física. ¿Por qué es importante comprender la historia de una persona cuando hablamos de sus síntomas?Hace años di una conferencia titulada La lista, el mapa y la historia. Creo que necesitamos las tres cosas. La lista corresponde al diagnóstico y a los síntomas. El DSM, por ejemplo, proporciona categorías y listas que pueden ser muy útiles. Después está el mapa, que relaciono con las imágenes cerebrales. Pero, en psiquiatría, después de décadas de investigación, todavía no tenemos un biomarcador cerebral que permita diagnosticar de manera fiable trastornos como la esquizofrenia. Y después está la historia: la historia del paciente. En Estados Unidos ha ido perdiendo importancia, pero es fundamental. No solo importa cómo piensa el paciente sobre su enfermedad; también influyen su estado de ánimo, su entorno y la manera en que cuenta su propia historia. El sistema inmunitario, por ejemplo, es muy sensible a las circunstancias externas. Por eso hay que saber si una persona vive sola, si tiene una familia que la apoye o cuáles son sus condiciones de vida. Esto no sustituye al seguimiento clínico ni a las pruebas médicas. Significa que necesitamos una historia más completa, centrarse en un único aspecto de un problema no es suficiente.¿Cree que sigue teniendo sentido separar tanto la ciencia y las humanidades cuando hablamos de cuestiones como la mente, las emociones o la identidad?No. Me gustaría muchísimo que existiera un diálogo más sólido entre ambas. Es maravilloso encontrarse con científicos que tienen un interés genuino por la filosofía y la literatura, o con personas de las humanidades que conocen y comprenden la ciencia. Ambos campos tienen lenguajes especializados y necesitamos encontrar formas de comunicarlos. También creo que los científicos necesitan conocer la historia de su propia disciplina. Si observamos la historia de la ciencia, vemos que ha habido muchos pasos en falso. La eugenesia es un buen ejemplo. Durante mucho tiempo fue tomada muy en serio por científicos y universidades de distintos países. La eugenesia es el estudio de los rasgos hereditarios y acabó estando estrechamente relacionada con la ciencia de la genética. La idea que subyace a la eugenesia es que tus genes determinan tu destino. Naces de una determinada manera y nada puede cambiarlo. Esto tuvo consecuencias internacionales. Todos los países tuvieron movimientos eugenésicos. En Estados Unidos, al menos, se esterilizó contra su voluntad a 65.000 personas. Hubo todo tipo de movimientos eugenésicos y, por cierto, los había tanto de izquierdas como de derechas. Existían eugenistas progresistas y también eugenistas de derechas. Pero el término adquirió una connotación negativa con los nazis. Asesinaron a pacientes psiquiátricos y a muchos otros tipos de personas. Y ahora, en Estados Unidos, la eugenesia está volviendo a ganar presencia. Personas como J. D. Vance hablan de la baja natalidad e insinúan que necesitamos que nazcan los bebés adecuados, no bebés inmigrantes . Esta es una faceta alarmante de la ciencia. No podemos decir simplemente que era pseudociencia y olvidarla. Es importante conocer esa historia para no repetir los mismos errores. Y también necesitamos filosofía. Todo lo que hacemos se apoya en determinados supuestos: qué es la mente, qué es el cuerpo, qué significa estar vivo. Para mí, la mente y el cuerpo no son dos cosas distintas. Pero tampoco creo que la mente pueda reducirse a las neuronas del cerebro. Estamos conectados constantemente con lo que hay fuera de nosotros. Los estímulos que recibimos y la manera en que actuamos en el mundo forman parte de lo que somos. A veces un modelo científico es extraordinariamente útil. El problema aparece cuando confundimos el modelo con la realidad. Utilizamos conceptos para pensar sobre el mundo, pero esos conceptos no son necesariamente cosas que existan en él. ¿Qué relación ve entre la imaginación de un escritor y la imaginación de un científico?Creo que el trabajo creativo tiene un fundamento común en los artistas, los científicos y cualquiera que realice una actividad creativa. Jacques Hadamard preguntó a Einstein cómo trabajaba y Einstein explicó que su pensamiento no consistía inicialmente en signos matemáticos o lingüísticos, sino que era visual, emocional y corporal. Después se traducía a signos. Creo que eso ocurre también con los escritores. Para pasar de esa realidad visual y emocional a una fórmula física, una novela, un poema o una pintura, hace falta formación, pero el proceso creativo profundo tiene mucho en común. Los escritores saben que una historia es la adecuada porque, en cierto sentido, la sienten. En física ocurre algo parecido. Muchas ideas matemáticas o físicas se perciben antes de poder demostrarse. La creatividad tiene una dimensión corporal que me parece muy interesante.Con el auge de la inteligencia artificial, ¿qué cree que sigue siendo exclusivo de la creatividad humana?Tenemos que distinguir entre las máquinas que simulan comportamientos humanos y los seres vivos. Las máquinas siguen siendo máquinas. Me preocupa que se esté llevando a la población a pensar que estos sistemas pueden estar vivos o tener conciencia. No porque vayan a cobrar vida y apoderarse del mundo, sino porque esa idea puede otorgar mucho poder a las empresas tecnológicas. Eso no significa que las máquinas no puedan ser peligrosas. Pueden calcular mucho más rápido que nosotros, reconocer patrones y realizar determinadas tareas con una rapidez extraordinaria.Pero no están pensando ni son malvadas. Actúan de acuerdo con aquello para lo que han sido diseñadas.También me preocupa que se esté mezclando la ciencia ficción con la ciencia. Buena parte del sector tecnológico sigue trabajando con la teoría computacional de la mente, según la cual lo importante no es de qué está hecha una mente, sino cómo funciona. La mente sería el software y el cerebro, el hardware. Sin embargo, en las ciencias cognitivas y en la neurociencia ha cobrado fuerza la idea de una conciencia corporizada: necesitamos un cuerpo, células y estar vivos para tener conciencia.La robótica también ha mostrado la importancia del cuerpo. Conseguir que un robot camine de manera natural no consiste únicamente en programar un cerebro; hay que diseñar un cuerpo capaz de desenvolverse en un entorno. Por eso no creo que podamos simplemente descargar nuestra conciencia en un ordenador y vivir para siempre. Nadie puede definir completamente qué es la conciencia. Pero hacer que una máquina hable como una persona no basta para demostrar que tiene una.¿Hasta qué punto cree que nuestras ideas y nuestra cultura pueden influir en la manera en que hacemos ciencia?La cultura influye en la manera en que hacemos ciencia. Creo que los científicos tienen que aprender a comunicarse con el conjunto de la población sin simplificar hasta el punto de tratar a la gente como si fuera estúpida. Vivimos en una cultura en la que la autoridad está siendo socavada. Todo el mundo tiene una opinión y existen infinidad de opiniones diferentes. Necesitamos una vía de comunicación entre la ciencia rigurosa y las personas corrientes. Y ahí los periodistas tienen un papel importante: pueden traducir determinadas cuestiones de una manera comprensible y sin caer en la histeria.Ahora que estamos en Donostia, ¿qué te parecen la ciudad y su ambiente cultural y científico?Este lugar es precioso. Es la segunda vez que estoy aquí. Mi difunto marido, Paul Auster, formó parte del jurado del Festival de Cine hace años. Cuando entré en este hotel reconocí inmediatamente el lugar y me invadieron muchos recuerdos. Vi muchas películas y fue una experiencia realmente divertida. Guardo muy buenos recuerdos de aquí y tengo intención de seguir paseando y explorando la ciudad.¿Qué diferencias observas entre la relación de la ciencia con la cultura en Estados Unidos y en Europa?Creo que en Europa existe una conexión más activa entre las universidades, los medios de comunicación, los debates públicos y los acontecimientos culturales. En Estados Unidos, la separación entre la cultura popular y la cultura académica o científica es mayor. También existe una larga tradición de rechazo al intelectualismo. En Europa he visto con frecuencia que la cultura tiene un significado colectivo para las ciudades. Estuve recientemente en Bilbao y me impresionó comprobar hasta qué punto personas procedentes de ámbitos muy diferentes hablaban de movimientos colectivos y de derechos humanos. Creo que eso es lo que necesitamos ahora: formas de unidad que vayan más allá de lo que llamo el yo hipertrofiado. Nuestra cultura está demasiado centrada en yo, yo, yo: cuidarme a mí misma, convertirme en una versión mejor de mí. Pero somos seres interdependientes. Nacemos del cuerpo de otra persona y dependemos de los demás durante muchísimo tiempo. Después abrimos un grifo y damos por hecho que el agua estará ahí, aunque nosotros no hayamos construido las tuberías .Somos interdependientes. Cuanto antes reconozcamos profundamente esa realidad, mejor.Después de tantos años estudiando la mente, el cuerpo y la memoria, ¿qué pregunta sobre los seres humanos sigue sin tener respuesta para usted? Últimamente me interesa mucho hasta qué punto somos moldeables y hasta qué punto la cultura nos penetra profundamente. Compartimos determinadas características como especie, pero también existen unas 7.000 lenguas y culturas muy diferentes. ¿Hasta qué punto esas culturas llegan a formar parte de nosotros? Creo que la cultura nos penetra profundamente, también a través de los gestos, los movimientos, el lenguaje y quizá incluso de nuestra fisiología. La distinción entre naturaleza y crianza me parece inútil. No sabemos dónde establecer los límites. Entonces surge una pregunta fundamental: ¿cómo definimos lo que es un ser humano? ¿Podemos hacerlo siquiera? Quizá no seamos más que un proceso. El filósofo de la biología John Dupré sostiene que los organismos no son cosas, sino procesos. Siempre estamos en proceso, siempre estamos en devenir. Por eso me interesa saber si somos realmente un qué, algo definido, o un objetivo móvil que cambia continuamente.
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