Nadhira Mohamed, actriz: “Tú puedes ser ese que está intentando entrar en Ceuta. Me asusta la crueldad con la que se mira a estas personas”

La intérprete saharaui protagoniza su segunda película, ‘Sombra nómada’, donde da vida a una joven que regresa al Sáhara Occidental tras ser deportada

El País, Silvia Laboreo Longás, 02-10-2026

¿Qué ocurre cuando vuelves a tu hogar y este ya no se siente como propio? Nadhira Mohamed (37 años, campamentos de refugiados saharauis en Tinduf) tenía 22 años cuando rodó Wilaya (2012), su primera película, sobre una mujer que regresaba a los campamentos tras la muerte de su madre para cuidar de su hermana con discapacidad. Ahora protagoniza Sombra Nómada (2025), que se estrena este viernes en cines, donde interpreta a Mariam, una joven deportada al Sáhara Occidental después de años intentando construir una vida en España.

Entre ambos personajes hay un hilo que Mohamed reconoce como propio: la dificultad de encajar en un solo lugar y la necesidad de convivir con identidades que, para ella, no son contradictorias. “Me siento muy saharaui, llevo la lucha y el conflicto conmigo, pero también me siento muy libre de tomar mis decisiones independientemente del entorno del que vengo”, dice en una entrevista con EL PAÍS en Madrid. Desde esa posición, Mohamed, hija de uno de los fundadores del Frente Polisario y trabajadora en la sala de asilo del aeropuerto de Barajas, habla de migración, familia, libertad y de las cuestiones que, a veces, quedan fuera del relato de una lucha colectiva.

Pregunta. En Wilaya y Sombra Nómada se narran dos retornos, en circunstancias muy diferentes, pero ambos atravesados por la identidad saharaui.

Respuesta. Cuando se rodó Wilaya era bastante joven. Tenía 22 años y con esa edad, en la sociedad saharaui, todavía no has salido del cascarón. Echando la vista atrás, me hubiese gustado tocar temas que ahora veo con perspectiva y pienso: aquí faltó mucho que contar. Y siento que Eimi [Imanishi, la directora y guionista de Sombra Nómada] dio en el clavo en esas cosas que, como joven saharaui, me hubiese apetecido ver en una película, que son, más allá de lo político, lo que vivimos los saharauis internamente en casa.

P. ¿Cuáles?

R. Ese lidiar con las miradas externas por las decisiones que has tomado. De repente, Mariam se enamora de una persona negra que no es aceptada por su familia. Hay un punto de abordar ciertas cuestiones que no se quieren tocar dentro de la militancia saharaui, como es el racismo, algo que nos atraviesa a todas las sociedades, independientemente de que estemos o no en conflicto. Por otro lado, Mariam decide huir y emigrar a España, un país que tiene tanta injerencia política en todo lo relacionado con el Sáhara. Y hay otros temas que también la atraviesan y que son muy cuestionados dentro de la sociedad saharaui por el hecho de ser mujer: con quién te quieres relacionar, qué quieres estudiar, si quieres viajar…

P. Ella se rebela contra las expectativas que tiene su familia sobre ella. ¿Es difícil para una mujer saharaui cuestionar estas estructuras sin sentir que se está debilitando esa lucha colectiva?

R. Muy difícil. En su momento, yo decidí vivir mi vida, independientemente de lo que se esperase de mí como mujer o como militante saharaui, y pagué duras las consecuencias. Cuando vi lo que quería contar la película, fue como: “Menos mal que una persona no saharaui quiere hablar de esto sin miedo a que la sociedad saharaui le señale con el dedo y diga: ‘Nos estás queriendo vender’ o ‘Nos quieres exponer de mala manera”. Y para nada: se ha hecho con mucho amor. Precisamente para tener en cuenta a todas esas mujeres que han tenido que desplazarse o echarse a un lado para poder tener una vida con un poco más de libertad, sin sentirse juzgadas.

La actriz saharaui Nadhira Mohamed posa frente a los cines Golem en Madrid.
Andrea Comas
P. La película refleja situaciones que van más allá del conflicto político del Sáhara Occidental, como la migración o la familia. ¿Cree que a veces la causa saharaui ha dejado poco espacio para hablar de estos temas?

R. Creo que el hecho de estar en un conflicto bélico de repente desplaza todo el resto de problemáticas que pueda tener un ser humano. Y sí, los saharauis migran y hay muchos saharauis de los territorios ocupados que han tenido que coger pateras. Uno de mis mejores amigos se llama Saddam. Vino con 12 años en una patera a Tenerife y ha vivido una vida durísima como joven migrante. Son siempre jóvenes atravesados por el conflicto, pero también por la problemática personal y económica que puede tener un ser humano.

Parece que la persona migrante no tiene problemas psicológicos, que toda esa carga no afecta a nivel mental
P. La película habla de desplazamiento y deportación, pero también de algo menos visible: la sensación de fracasar cuando un proyecto migratorio termina abruptamente. ¿Por qué es importante contar esa parte?

R. Es muy difícil que una persona empiece un proyecto desde cero, sin saber el idioma, en un país extranjero. Y te hablo de la situación en Ceuta con los miles de chavales marroquíes. O de la cantidad de jóvenes senegaleses que vienen a España para tener una mejor vida. Nadie sale de su casa porque quiere. Nadie coge una patera o se mete en los bajos de un camión por diversión. Pasar por todo eso y que te deporten, engrilletado y sin un duro, es un fracaso, no solamente para esa persona, sino para su familia. Mucha gente termina mal psicológicamente, pero eso no se menciona. Parece que la persona migrante no tiene problemas psicológicos, que toda esa carga no afecta a nivel mental.

P. Usted trabaja en la sala de asilo del aeropuerto de Barajas, ¿qué es lo que más le preocupa de cómo se está tratando el fenómeno migratorio?

R. Lo que más me preocupa es la deshumanización. De repente, ver cómo desde esta parte del mundo se señala al resto y se critica y juzga las formas o cómo vienen. Es horrible, porque hace menos de 100 años en España pasaba exactamente lo mismo. Me asusta esa desmemoria, porque la gente no es consciente de que todo puede darse una vuelta de un día para otro y tú puedes ser ese que está ahora mismo intentando entrar en Ceuta. Me asusta la crueldad con la que se mira a estas personas.

[La ley de nacionalidad es] un parche momentáneo para solucionar algo concreto. Pero la realidad es que lo que exigimos nosotros es una posición política real frente a Marruecos
P. El Congreso ha aprobado la ley que concede la nacionalidad española a los saharauis que nacieron cuando el Sáhara estaba bajo la administración española. ¿Qué significa para usted este reconocimiento?

R. La concesión de nacionalidad facilita la vida a muchísimos saharauis, porque si eres una persona migrante sin papeles, aquí en España no eres nada. Y eso es un salto cualitativo en la vida de muchos saharauis y un logro que se agradece muchísimo a [la diputada de Sumar e impulsora de la propuesta] Tesh Sidi, pero eso no basta. El Gobierno español se tiene que posicionar de una manera justa. España nos abandonó en 1975. España tiene una responsabilidad con y para el pueblo saharaui y no se arregla dando DNI. Se arregla con posiciones geopolíticas directas y claras. Y una de ellas no es aceptar la marroquinidad del Sáhara ante Trump o ante el rey de Marruecos. Precisamente eso era una línea que España y ningún Gobierno español quiso cruzar. Y el Gobierno socialista lo cruzó.

P. En un momento de la película, la madre le dice a la protagonista: ‘¿Tan horrible es volver a casa?’ ¿Regresar a tu lugar de origen puede significar no volver a tu hogar?

R. Al final, hay muchísimas cosas que cambian dentro de ti. Tienes otras expectativas, otros sueños, otra manera de verte y de ver la vida. También ves desde otra distancia a tu madre, la vida que ha tenido y la que ha elegido. Y es un poco que te horroriza porque no la quieres para ti. Volver no es que sea doloroso, sino que es un recordatorio de lo que no quieres para tu vida.

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