De la inseguridad 'subjetiva' a los incidentes 'accidentales'

Diario Vasco, Rosario Morejón Sabio, 02-10-2026

Durante el invierno 2021 – 2022, altos responsables estadounidenses recorrieron Europa tratando de convencer a sus dirigentes de que Rusia iba a invadir Ucrania. Los europeos no quisieron creerlo aunque prepararon una respuesta bajo forma de sanciones en caso de que esta loca hipótesis se cumpliese. El 28 y 29 de julio, el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, se desgañitaba ante los mandatarios de La Moncloa por los aumentos de inmigrantes en la frontera del Tarajal. Le indicaron que dejase de molestar. Los hechos vienen demostrando cruelmente las insuficiencias de muchos políticos. Una guerra de cuatro años y medio en el corazón del Viejo Continente y una invasión de 80.000 personas en la ciudad autónoma española resultan de la incredulidad, sincera o deliberada, de parte de las autoridades europeas y sanchistas, respectivamente.

Los días 17 y 18 de septiembre, el primer ministro polaco, Donald Tusk, y el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, alertaron a sus poblaciones sobre la amenaza rusa, que según ellos es cada vez más concreta. Tusk eligió el 17 de septiembre, aniversario de la invasión de Polonia por la Unión Soviética en 1939, para dirigirse a la Cámara baja del Parlamento de Varsovia. Lo que Tusk describe a los diputados no es un juego: «El escenario para los próximos meses prevé graves acontecimientos. Nos exige concentración, seriedad y sobre todo preparación mental para enfrentarnos a pruebas difíciles». El primer ministro precisa que no habla de una «invasión»; «nos movemos en la amenaza pero si algo grave sucede, tenemos que estar preparados».

Estados mayores y servicios secretos informan de que los planes rusos se concentrarían en ataques con drones, «incidentes accidentales», difíciles de atribuir a una agresión voluntaria por parte de Rusia, privando así al país afectado de una incontestable respuesta. Esta clase de ‘incidentes’ ya se han verificado en Moldavia, Rumanía, Polonia. El objetivo de Moscú es debilitar la cohesión de los Estados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y probar que el artículo 5 es más teoría que práctica.

El 18 de septiembre, Macron reunió en el Elíseo a todos los jefes de los partidos para informarles de cambios importantes para la seguridad de su país. «La agresividad rusa y las amenazas en Europa cambian», concretó el jefe del Estado a los políticos y los candidatos a la próxima elección presidencial en mayo de 2027. Marine Le Pen excusó su asistencia. Los participantes, en su mayoría, quedaron convencidos si bien el escepticismo, incluso la negación del análisis del presidente, se incorporaron pronto a la precampaña electoral.

Bálticos y polacos no entienden estas controversias, no necesitan encuentros de ‘powerpoint’ para avisar de amenazas que no son anodinas. Sí constatan una escalada en el conflicto ucraniano que ya alcanza al resto de Europa. Mediado septiembre, en la frontera con Polonia un dron ruso descarriló la locomotora de la línea Kiev – Varsovia. Drones cargados de explosivos se encontraron en el aeropuerto de Leipzig en agosto; todo un punto de inflexión, al igual que la decisión del Gobierno alemán de adjudicar nítidamente la responsabilidad a Rusia.

La percepción de peligro es muy dispar entre los europeos del Este y del Oeste. Ante la amenaza rusa, los lituanos cuentan ya con un plan de evacuación de sus mayores y los fineses, con equipos de supervivencia en casa. Las informaciones que Tusk y Macron manejan no deberían considerarse burdas dramatizaciones. Le Pen y Bardella, dirigentes de Agrupación Nacional, publicaron el sábado 19 un inhabitual comunicado de desconfianza hacia Rusia para compensar sus ausencias en el cónclave del Elíseo. Los lepenistas se distancian de Moscú para evitar que su antigua rusofilia les arruine una posible llegada a la presidencia de la República.

Vladimir Putin, atrapado en su fracasada conquista de Ucrania, en vez de cambiar la dirección, aprieta el acelerador. El aparato militar ruso ha sido reformado a una velocidad que impresiona a los expertos de la OTAN para encarar la agilidad tecnológica de los ucranianos. Kiev se defiende multiplicando los ataques en territorio ruso contra objetivos militares y logísticos. El Kremlin responde con una campaña de destrucción de las infraestructuras de transporte y aprovisionamiento para convertir Ucrania en inhabitable.

El enardecimiento ruso justifica recuperar la disuasión con Moscú. Son necesarias presiones suplementarias que impongan el cese el fuego. La aplicación de la ley votada en el Congreso de EE UU por demócratas y republicanos, sancionada por Donald Trump el día 18 debilitaría la ‘flota fantasma’ que permite a Rusia seguir exportando petróleo. Ante la inconsistencia estadounidense y la interrupción de sus suministros militares a Kiev, Putin se crece amenazando a los aliados y dictando a Washington el curso de los acontecimientos. La pasividad como línea de trabajo se vuelve contra el indolente. Europeos, piensen en defenderse.

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