Salir de la trata: el largo camino para volver a empezar
La ONG FIET acompaña en Madrid a mujeres víctimas de explotación sexual desde el primer contacto hasta su independencia
La Razón, , 01-10-2026Aurora –nombre ficticio– llevaba tiempo sin confiar en nadie. Las personas de las que había esperado ayuda habían terminado siendo quienes la llevaron a la explotación.
Por eso, cuando una trabajadora de FIET se acercó a ella por primera vez, no fue fácil. Intercambiaron los teléfonos, pero Aurora tardó meses en aceptar que aquella persona no quería nada a cambio.
Durante ocho meses, FIET mantuvo el contacto con ella. Reuniones semanales, ayuda con los trámites, revisiones médicas, alimentos y preservativos. Hasta que un día decidió que quería salir.
«Había tocado fondo», recuerda para este periódico. Había sufrido una sobredosis y empezaba a pensar que no tenía futuro. Fue entonces cuando aceptó entrar en uno de los recursos residenciales de la organización. Lo que vino después no fue sencillo ni rápido, porque abandonar una situación de explotación no significa que todo termine.
En muchos casos, es justo entonces cuando empieza el proceso más largo: recuperar la confianza, reconstruir la vida y aprender a tomar decisiones de nuevo. Ese es el trabajo que desarrolla FIET, una entidad que desde 2009 trabaja con personas en situación de extrema vulnerabilidad y que puso en marcha su primera casa de acogida en 2013.
Su programa «Rescatar y Restaurar» acompaña a mujeres víctimas de trata y explotación sexual desde los primeros contactos hasta que consiguen llevar una vida independiente. El pasado 23 de septiembre, coincidiendo con el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Mujeres , Niñas y Niños, FIET puso el foco en una de las cuestiones que considera fundamentales para completar ese proceso: el acceso al empleo. Pero detrás de los datos y de las jornadas hay historias como la de Aurora, en las que salir de la explotación puede llevar meses o incluso años.
El primer obstáculo suele ser precisamente ese: confiar. «Las personas que estaban cerca de mí eran las que me habían metido en esto», explica. Había aprendido que todo el mundo quería algo a cambio. Por eso, el acercamiento de FIET no se plantea como una intervención puntual, sino como un proceso.
Los equipos de la organización trabajan en lugares donde pueden encontrarse mujeres en situación de explotación –pisos, clubes o la calle– y también colaboran con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado durante determinadas operaciones. El objetivo es establecer un vínculo que permita que la mujer pueda decidir, cuando esté preparada, si quiere salir. «No es llegar y decir: te saco de aquí», explica
Ezequiel Escobar
, director ejecutivo de FIET. La recuperación puede durar diez meses, un año y medio o incluso más. «Hay que estar allí hasta el final», resume.
En Madrid, el recurso cuenta con un equipo multidisciplinar formado por profesionales del ámbito jurídico, psicológico, sanitario y social. Las mujeres llegan muchas veces con miedo, ansiedad y una enorme desconfianza.
Las primeras semanas están centradas en algo tan básico como recuperar la sensación de seguridad. Angie Castro
, directora del recurso de Madrid, explica que algunas llegan con problemas para dormir, pesadillas, ataques de ansiedad o miedo constante. Hay personal durante la noche para acompañarlas cuando lo necesitan. También reciben ropa, productos básicos y alimentos, en ocasiones procedentes de sus países de origen, para que el primer contacto con la casa resulte lo más acogedor posible. Después comienza otra etapa. Recuperar rutinas, aprender a organizar el día, cocinar, hacer la compra, gestionar el dinero o participar en las tareas de la casa forman parte de un proceso que busca devolver poco a poco la autonomía.
No se trata de decidir por ellas, sino de ayudarlas a recuperar la capacidad de decidir. Ese acompañamiento también implica aceptar que cada mujer tiene sus propios tiempos, algunas avanzan rápidamente y otras necesitan meses para sentirse preparadas para dar determinados pasos. El equipo adapta el proceso a cada caso y permanece cerca también cuando aparecen dificultades, porque recuperar la autonomía no significa dejar de necesitar apoyo.
Volver a imaginar un futuro
Aurora recuerda especialmente el papel de la psicóloga, la educadora social y la integradora que la acompañaron durante su estancia.
Poco a poco empezó a mirar su vida de otra manera. Hizo dos cursos, uno de intervención social con inmigrantes y otro de mediación social. También aprendió a preparar un currículum y comenzó a buscar trabajo. «FIET me abrió puertas laborales. Me hizo ver que sí se puede», cuenta. Hoy vive en un piso con una antigua compañera de la casa y las dos trabajan. Aurora va a la iglesia, sale de compras y sigue practicando inglés. Son actividades cotidianas que, después de lo vivido, tienen un significado especial: volver a tener una vida propia.
Ana, otro de los nombres ficticios utilizados para proteger la identidad de una de las mujeres atendidas, también llegó a España sin apenas hablar español y necesitaba conseguir documentación y un trabajo.
Durante un tiempo encadenó empleos informales cuidando a una mujer, limpiando o trabajando en un hotel. Después llegaron los cursos y nuevas oportunidades. Ahora trabaja en FIET, donde participa en talleres y ayuda a otras mujeres que están pasando por un proceso parecido al que ella vivió. Su historia resume una de las ideas que la organización intenta trasladar: la recuperación no consiste solamente en abandonar el lugar donde se producía la explotación. También significa poder construir una alternativa.
Para llegar hasta ahí, FIET cuenta con tres casas en distintas comunidades autónomas y unas 40 – 45 plazas, una de ellas destinada a madres con hijos. Los espacios están diseñados para favorecer la recuperación, con zonas comunes, habitaciones personalizadas y espacios destinados a terapia y actividades.
Pero las plazas no son suficientes para todas las mujeres que los equipos detectan. FIET asegura que rescata a más mujeres de las que puede acoger directamente y deriva algunos casos a otras organizaciones. La entidad cuenta además con unos 140 voluntarios y combina financiación pública y privada. Su trabajo no termina cuando una mujer consigue un empleo o una vivienda, existe un seguimiento posterior, normalmente durante los primeros seis meses o el primer año de vida independiente, y el contacto puede mantenerse durante más tiempo. Porque después de todo lo ocurrido, también aparecen problemas nuevos: mantener un empleo, conseguir una vivienda, gestionar el dinero, regularizar la situación administrativa o enfrentarse a un procedimiento judicial que puede prolongarse durante años.
El proceso legal es especialmente complejo.
Según explica Escobar, algunas mujeres tienen que contar varias veces lo sucedido y pueden pasar alrededor de cinco años hasta que termina un procedimiento. A esa espera se suma la dificultad de enfrentarse a un procedimiento que obliga a revivir lo ocurrido.
Para algunas mujeres , denunciar también supone exponerse a que su entorno conozca su historia o a tener que declarar en varias ocasiones. Mientras tanto, necesitan seguir adelante con su recuperación y afrontar la incertidumbre sobre cómo terminará el proceso. Para una persona que está intentando reconstruir su vida, volver una y otra vez a esa experiencia supone una dificultad añadida.
Una realidad que sigue ahí
Los datos oficiales muestran que la trata y la explotación sexual siguen siendo una realidad en España. Según el Ministerio del Interior, en 2025 fueron identificadas 374 víctimas de trata con fines de explotación sexual y otras 397 víctimas de explotación sexual, 771 en total.
En Madrid, la Policía liberó ese mismo año a 341 víctimas de trata con fines de explotación sexual y a 372 víctimas de explotación sexual. FIET atendió o hizo seguimiento en Madrid a 483 mujeres víctimas o potenciales víctimas durante 2025.
La mayoría tenía entre 25 y 35 años y muchas procedían de países como Colombia, Venezuela, Paraguay o Brasil. Las cifras, sin embargo, cuentan solo una parte de la historia. Detrás de cada número hay una persona que necesita tiempo para recuperar algo que la explotación le ha ido quitando: la capacidad de decidir sobre su propia vida.
Aurora sabe que ese camino no se recorre de un día para otro. Al principio no confiaba en nadie. Ahora trabaja, vive por su cuenta y piensa en el futuro. Ana, que un día llegó sin papeles y sin apenas español, hoy acompaña a otras mujeres que están empezando el mismo camino. Para FIET, ese es el verdadero significado de «rescatar y restaurar». El rescate puede ser el momento más visible, pero no es el final. El objetivo es que, después de salir, puedan volver a construir una vida que les pertenezca.
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