Migrar después de la frontera: los desafíos de construir una vida lejos de casa
En medio de un debate global marcado por crisis fronterizas y discursos polarizados, cuatro ecuatorianos en Argentina, China, Estados Unidos y Costa Rica luchan por encontrar un lugar en la sociedad de acogida
El País, , 30-09-2026Una caja de plátano verde llegada desde Vietnam resolvió, en China, una búsqueda de meses. Madelein Acosta había revisado plataformas digitales y encontrado bananos y guineos, pero no el ingrediente con el que quería preparar dos platos típicos, tigrillo y patacones. Cuando una persona de la comunidad ecuatoriana le compartió un contacto, compró la caja y volvió a cocinar como lo hacía en Ecuador.
En Florida, Norman Checa prepara encebollado antes de salir a trabajar. Lo guarda en un recipiente y lo come en un cubículo, con audífonos y el celular cerca. Los recuerdos lo acompañan: la mesa familiar, las conversaciones largas y el pan enrollado.
A más de 7.000 kilómetros de distancia, en Buenos Aires, Salomé Dueñas le pidió a un amigo argentino que “diera viendo el arroz”. Él se quedó inmóvil en la cocina, sin entender la instrucción. El arroz se quemó. Y en San José (Costa Rica), María José Guerra a quien todos llaman José conserva unos patines que pidió que le enviaran desde Ecuador. En Quito los usaba con frecuencia, pero en Costa Rica descubrió que patinar en la calle era más riesgoso y que, en ciertos lugares, estaba prohibido.
Los cuatro migraron por motivos distintos y hacia destinos muy diferentes. Madelein llegó a China con una beca; Salomé viajó a Argentina para estudiar Biología; José se mudó a Costa Rica para cursar Biología Tropical y pensaba quedarse un año, pero ya lleva 22; y Norman partió hacia Estados Unidos cuando el desempleo redujo sus oportunidades laborales en Ecuador.
Sus experiencias muestran una parte menos visible de la migración: lo que ocurre después del viaje. No solo se trata de cruzar una frontera; es aprender cómo funciona una ciudad, conseguir trabajo, sostener los vínculos a distancia y resolver qué costumbres permanecen, cuáles cambian y cuáles se incorporan.
Estas historias se cuentan en un momento en que los debates sobre migración están marcados por la preocupación, la solidaridad y la polarización. Las redadas en Estados Unidos y las tensiones fronterizas en ciudades como Ceuta demuestran que los movimientos rápidos o sin vías regulares suficientes pueden afectar la vivienda, el empleo, las escuelas, los servicios de salud y la convivencia local. Reconocer esos desafíos no significa culpar a todas las personas migrantes: quien llega tiene derechos y debe respetar las leyes y normas comunes; quien recibe puede exigir seguridad y recursos, sin convertir el origen de alguien en una sospecha.
Este reportaje nace del trabajo de Aurelia Romero, periodista ecuatoriana y exalumna del Máster en Proyectos Periodísticos Digitales Avanzados de UNIR y EL PAÍS, una formación orientada al desarrollo de nuevos proyectos y narrativas periodísticas en el entorno digital.
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