Auge del populismo religioso
Los imanes de Marruecos, el colombiano de De la Espriella o los pastores evangélicos que bendicen a Trump: la manipulación de las creencias como instrumento político
Diario Vasco, , 29-09-2026En Noruega, Haakom VIII pide la ayuda del Dios Todopoderoso y Omnisciente para guiar a su pueblo, aunque ya no será Gobernador Supremo de la Iglesia luterana, tras siglos como religión oficial del Estado. En Colombia, De la Espriella pone a su país bajo la protección de Cristo. En Rusia, Putin pasea por el frente de Ucrania las reliquias del príncipe de Moscú Dimitri Domskói para legitimarse como un régimen elegido por Dios. En Marruecos, los imanes utilizan los actos religiosos para mantener viva su reclamación de soberanía sobre Ceuta y Melilla, ciudades «ocupadas», con el beneplácito de soberano alauí, Comendador de los Creyentes. Para ello aluden a personajes históricos vinculados a la figura del profeta Mahoma. El maridaje de la religión con la política, lejos de consumar su divorcio pasa por su mejor momento de lealtad.
Las iglesias de la Reforma se han convertido en residuos culturales dentro de unos países muy laicizados. Pasa en Noruega y pasa en Dinamarca, por ejemplo. Son iglesias nacionales que se han quedado antiguas, anquilosadas y estancadas, muy encerradas en sí mismas. Están en el corazón de Europa, pero hace tiempo que también anidaron en Estados Unidos y en América Latina. En ese agujero del mundo protestante surge el movimiento evangélico, por cierto, un término muy confuso. Es un cristianismo muy emotivo y muy conservador, que ha descubierto la vena política: los predicadores han bajado a la arena, se han infiltrado en las instituciones e influyen en los dirigentes.
En Colombia, Abelardo de la Espriella, un ateo arrepentido, asegura que es Dios quien guía su vida personal, pero, también es quien marca sus decisiones en su gestión de gobierno. Llegó a la presidencia gracias a la fuerza de varias iglesias evangélicas, que llevan nombres como Casa sobre la Roca, Manantial de la Vida Eterna o Misión Carismática Internacional. En su ceremonia de juramento tomaron la palabra un pastor evangélico, un rabino y un obispo católico. Pone a su Gabinete de rodillas para rezar y organiza ejercicios espirituales. Lo inquietante es que los líderes evangélicos pretenden ahora librar la batalla cultural desde la Casa de Nariño con una agenda ultraconservadora.
Los predicadores han comparado a De la Espriella con Ciro el Grande, el rey persa que permitió al pueblo de Israel la salida del exilio en Babilonia. Un rey pagano que, sin embargo, sirvió a los designios de Dios, un pasaje muy celebrado en el Antiguo Testamento. Netanyahu también ha evocado esa figura y ha atribuido ese papel al inquilino de la Casa Blanca, socializado por los pastores evangélicos. Consideran a Trump un «instrumento de Dios», un emisario que lleva un mensaje divino. Una narrativa muy peligrosa que cuenta con muchos seguidores.
Los evangélicos han entrado con mucha fuerza en América Latina, donde se han aprovechado de la religiosidad popular. También se han beneficiado del ocaso de la Teología de la Liberación para extender una Teología de la Prosperidad: frente al compromiso con los pobres y los oprimidos, la exaltación del éxito personal y económico, el elogio de la riqueza porque «es lo que quiere Dios». Con otra retórica más nociva, en la que vinculan la fe con el amor a la patria.
Un nacionalismo cristiano con una agenda que amenaza los fundamentos democráticos de la convivencia. Católicos ultraconservadores se han aliado con los evangélicos más radicales, pese a que su discurso se contrapone al programa que propone la Iglesia católica, popularizado por el papa Francisco y avalado y prestigiado ahora por León XIV. El catolicismo tiene fuerza y por eso se le combate. El Vaticano y todo lo que representa supone un dique para ese populismo religioso, que cruza fronteras. «Esa alianza internacional puede reventar el catolicismo», avisa Ana María Bidegain, catedrática de Religiones Latinoamericanas en la Universidad Internacional de Florida. Es un reto para la Iglesia católica, pero también para las democracias.
Solo hay que ver lo que está pasando en Austria, Suecia, Alemania o Francia, países en los que la extrema derecha afianza su poder. La religión no suele influir en las elecciones regionales germanas, pero en Sajonia ha sido uno de los ejes centrales al considerar a las iglesias muy cercanas con la ideología «izquierdista arcoíris». Otro ‘enemigo’ común es la inmigración masiva y los musulmanes. Austria prohibirá el islam político mediante una ley constitucional y en Francia, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen propone un referéndum para prohibir el uso del velo es espacios públicos en vísperas electorales. Bronca asegurada.
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