Un libro para niños, el baile Dabke y otros puentes entre Palestina y Euskal Herria
El vínculo entre Euskal Herria y Palestina crece mediante iniciativas como la creación de un grupo de baile tradicional Dabke, la nueva asociación Palestina Gara y la traducción al euskera de un libro para colorear que trata de fomentar la solidaridad entre los niños de ambas culturas.
Gara, , 28-09-2026Hamada Khaldi, artista y bailarín gazatí, llegó hace unos meses a Euskal Herria para crear un grupo de Dabke, un baile tradicional palestino. Fouad Baker, ingeniero y jurista, arribó hace casi dos años huyendo de la guerra en el Líbano, e impulsa ahora Palestina Gara, una asociación de la diáspora palestina. Nkosinathi Ngubane, ilustrador y artista sudafricano, presenta un libro para colorear, recientemente traducido al euskera, que trata de acercar la realidad palestina a los más pequeños y fomentar la solidaridad hacia los niños de otras culturas.
En la portada de ‘‘Ibaitik Itsasora, koloreztatzeko liburu bat’’, dos niños, uno palestino y otro sudafricano, dan la espalda al lector mientras miran al horizonte: «El palestino es Handala, creado por Naji Al-Ali, dibujante asesinado en los años 80», cuenta Nkosinathi Ngubane, cuyos dibujos de periodistas, intelectuales e iconos palestinos, junto a explicaciones dirigidas a los niños, inundan las páginas del libro para colorear.
Elkar ha traducido la obra al euskera y Ngubane la presentará en los diferentes territorios de Euskal Herria. El día 5 de octubre estará en la librería Elkar de Gasteiz (San Prudentzio, 7), a las 18:30; el 6, a la misma hora, en la librería Elkar de Donostia (Fermin Calbeton, 30) y el 7, en Iruñea, presentará el libro en Katakrak (Kale Nagusia, 54), a las 19:00.
‘‘Ibaitik Itsasora’’, a la venta en la web de Gernika Palestina, está dirigido a niños de entre 6 y 10 años aunque, «en espíritu», puede ser para todo el mundo, según el autor. Sobre todo «para aquellos que no conozcan la historia de Palestina o lo que fue la Nakba».
EXPLICAR UN GENOCIDIO
Tratar de explicar un genocidio a un niño, explica el ilustrador, «es muy difícil». «La mejor forma para introducir el tema es hablando, primero, sobre humanizar a los palestinos», cuenta. El libro introduce «poco a poco» términos importantes para comprender el conflicto, para que los pequeños tengan tiempo de comprenderlos.
Ngubane cree que es importante explicarles estos temas para fomentar «la solidaridad» entre los niños de unos y otros pueblos. Para ello es necesario hablarles sobre «la cocina, la historia, la cultura…» palestinas.
A su vez, cree que es esencial contar el vínculo entre su país y Palestina, cuyas luchas «están interconectadas por el Apartheid». El autor dedica, de hecho, una de las páginas de su libro a Nelson Mandela, quien «dijo que el Apartheid de Palestina era diez veces peor que el nuestro».
Hoy en día esa conexión sigue vigente. Sudáfrica, en diciembre de 2023, denunció a Israel por genocidio frente a la Corte Penal Internacional, que mantiene desde 2024 una orden de arresto sobre Benjamin Netanyahu.
El ilustrador ha recibido comentarios positivos de padres y niños que han comprado el libro. También ha sufrido «censura», tanto por parte de gobiernos (Francia y Alemania prohibieron el libro por «antisemitismo») como de «organizaciones sionistas». «Catalogan el apoyo a Palestina como antisemita, pero no se puede ser antisemita cuando apoyas a quienes sufren un genocidio», sentencia Ngubane.
UNA DANZA PARA «EL BIEN»
Hamada Khaldi es un artista y bailarín gazatí que practica el Dabke, una danza tradicional palestina, desde hace 17 años. Vino a Euskal Herria para crear un grupo de baile, enseñar el Dabke y estrechar los lazos que unen a los pueblos palestino y vasco.
Khaldi, con la kufiya anudada al cuello, explica que el Dabke es un baile grupal «muy antiguo», que transmite «energía positiva» y tiene variaciones según el país. Hay un Dabke libanés, otro sirio, jordano… Para Khaldi, el Dabke palestino es, sobre todo, una forma de «hacer el bien» más allá de lecturas políticas.
«La primera impresión que tiene la gente», cuenta Khaldi, al ver a un artista proveniente de Gaza, es que «su arte debe ser triste y centrado en el genocidio». Él huye del estereotipo y reivindica el Dabke como una forma de mostrar que los palestinos «quieren tener una vida normal». «Yo vengo de ahí, sé lo que hay, y también tienen una vida y momentos felices», cuenta.
Se siente feliz, también, por el recibimiento que han tenido sus últimas actuaciones en Euskal Herria. El artista, que salió de Gaza en 2018 y desde entonces ha vivido en Turquía y actuado también en países como Egipto o Maldivas, dice que «nunca había visto una reacción como la de aquí, la gente está muy atenta, te apoya y te anima». «Significa mucho para mí», cuenta el bailarín, que siente también «la responsabilidad» de mostrar la mejor versión posible del Dabke a gente que lo ve por primera vez.
Hamada Khaldi, como profesor de la danza tradicional, ha descubierto en su tiempo en Bilbo talentos que «aprenden muy rápido», tanto entre la población palestina como entre la vasca. Cree, de hecho, que el nuevo grupo de Dabke está «cerca» de poder actuar ante el público. Revela, además, que próximamente preparará junto a Gernika Palestina una «fusión» entre dantzaris de Euskal Herria y bailarines palestinos.
Desde que llegó a Euskal Herria, cuenta el artista, hace unos 4 o 5 meses, vive en la casa de la asociación Martin Etxea, donde le han ofrecido «un primer paso de apoyo». En Martin Etxea residió también Fouad Baker, palestino-libanés que ahora impulsa Palestina Gara, una nueva asociación que lideran e integran los refugiados palestinos de Euskal Herria.
LIDERAZGO PALESTINO
Para Baker, Palestina Gara debe ser «un espacio desde el cual los palestinos puedan expresar sus necesidades, dar a conocer su realidad y establecer comunicación con las instituciones para acceder a la ayuda y servicios que necesitan».
Durante la Nakba, su familia fue desplazada a Gaza primero y al Líbano después, donde nació. Estudió Ingeniería Electromecánica y se formó también «en el ámbito de la No Violencia y los Derechos Humanos», cuenta, «para adquirir las herramientas jurídicas» para defender los derechos de su pueblo. Ingresó en el Colegio de Abogados de la Corte Penal Internacional en 2020 y, en 2024, tras el inicio de la guerra entre Israel y el Líbano, tuvo que huir del país.
Vino a Euskal Herria, donde lo acogió Martin Etxea, cuyo apoyo, cuenta, fue «fundamental» en esa etapa de su vida. Por experiencia, conoce los procesos «lentos y complejos» de la solicitud de asilo. El jurista explica que «muchos de los que llegan no saben cómo acceder al sistema de protección», por lo que, en algunos casos, «se ven obligados a dormir en la calle, hasta varios meses, mientras esperan para conseguir una cita» para iniciar los trámites.
En Euskal Herria residen unas 150 personas palestinas, venidas desde Gaza, Cisjordania y comunidades de refugiados de otros países. Baker explica que la asociación quiere servir como punto de encuentro, por ello en su directiva hay «un palestino de la Franja de Gaza, uno de Cisjordania, uno del Líbano y también una mujer vasca de origen palestino».
En sus pocos meses de vida, Palestina Gara se ha reunido varias veces y emprendido acciones como dar clases de euskera y castellano a menores.
COOPERACIÓN CON EH
Para asegurar el éxito del proyecto, explica el jurista, la colaboración con asociaciones y entidades públicas es «fundamental». De momento, han contado con el apoyo de Gernika Palestina y Martin Etxea, que han prestado a la asociación palestina, por ejemplo, espacios de encuentro. También mantuvieron una reunión con Lakua, donde Baker vio «gran interés» y el «compromiso de prestar apoyo» en el desarrollo futuro de la asociación.
Baker ha encontrado «solidaridad verdadera» en Euskal Herria y el pueblo palestino, asegura, «valora la lealtad y no olvida a quienes estuvieron a su lado». Por ello, Palestina Gara será «un puente permanente» entre ambas naciones, que permitirá crear «vínculos» para pasar de la «solidaridad» a la «construcción de relaciones a largo plazo basadas en el conocimiento mutuo, el intercambio cultural y el trabajo conjunto».
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