Un efecto llamada permanente

Los gobiernos tienen que gestionar las expectativas de los migrantes en un entorno continuo de hiperestimulación donde la desinformación impacta de lleno

El País, Carmela Ríos, 28-09-2026

¿Dónde está Farah? De entre todas las historias que se han ido cruzando durante la crisis de Ceuta está quizás resulta la más intrigante. Su relato comienza al amanecer del pasado 28 de julio, cuando el cámara del medio ceutí FaroTV Joaquín Viera encuentra a esta joven marroquí en una calle de la ciudad. Farah viste un traje de neopreno, como la amiga que la acompaña. Ambas sonríen a la cámara y hacen el signo de la victoria. Acaban de cruzar a nado la frontera del Tarajal, como una inesperada avanzadilla de la entrada masiva que se produciría dos días más tarde. La secuencia de vídeo acompaña a la noticia que El Faro de Ceuta dedica a un flujo migratorio in crescendo. “Ceuta no puede más, esta noche ha sido de locura ante la presión migratoria”, titula el medio caballa.

La imagen de Farah se hace viral. Acumula más de cuatro millones de visualizaciones en las redes sociales de El Faro y es replicada o compartida hasta 32 millones de veces en plataformas marroquíes, según el trabajo del analista de redes Marouane Lamharzi, para quien el vídeo es un monumento al efecto llamada porque demuestra que no es tan difícil alcanzar la costa ceutí a nado desde Marruecos si han podido hacerlo dos jovenzuelas. Acaba de saltar por los aires el perfil típico del migrante, mayoritariamente masculino. Más tarde, algunos medios marroquíes precisaron que Farah es natural de Larache, donde ha destacado por sus dotes para el fútbol y el voleibol. Las imágenes de la muchacha difundidas por la prensa local son las únicas que se conocen. Algunas investigaciones periodísticas la sitúan en un centro de menores de Ceuta.

En la era de las redes sociales, como muestra el caso de Farah, los efectos llamada pueden ser imprevisibles, poderosos y, en ocasiones, permanentes. No necesitan que nadie los active porque saltan a los móviles de cada joven con inquietudes por marcharse de Marruecos en busca de prosperidad. Si el caso de las dos chavalas nadadoras pudo incitar a viajar a otras personas ,también podrían hacerlo las imágenes que publican periódicamente los medios locales de traslados desde el Centro Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta a la Península.

La secuencia es siempre la misma: grupos de jóvenes subsaharianos y magrebíes llegan a la estación marítima de Ceuta para embarcar rumbo a la Península. Se han vestido con mimo para la ocasión y, mientras esperan en el vestíbulo, sonríen felices a la cámara porque su sueño está a punto de cumplirse. Pronto vivirán en centros de acogida de otras regiones de España y habrán liberado plazas para los que están por venir. Llegar, entrar en el CETI, salir hacia la Península, alcanzar Europa. Con sus móviles, los migrantes documentan cada etapa de su viaje. Comparten fotografías, vídeos o reflexiones que podrían animar a otros a intentar la aventura.

El efecto llamada no es una anomalía coyuntural que pueda activarse por que un medio de información haga su trabajo o una publicación de Instagram se comparta demasiadas veces. Es un elemento estructural de nuestro tiempo. Supone un reto enorme para los gobiernos, que necesitan gestionar expectativas en un entorno permanente de hiperestimulación donde, además, la desinformación impacta de lleno. Pudimos comprobar cuán difícil (y necesaria) resulta esta tarea los días previos a la convocatoria para intentar entrar en la ciudad autónoma el pasado miércoles.

El Ministerio de Asuntos Exteriores utilizó las redes de la embajada y los consulados en Marruecos, difundió mensajes en árabe y francés y buscó la colaboración de medios informativos marroquíes para transmitir una idea sencilla: entrar irregularmente en Ceuta no significa poder llegar a la Península ni quedarse en Europa.

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