La Alemania de AfD

Pese a que su victoria estaba cantada, es posible que nadie esperase un triunfo tan arrollador, empezando por el propio canciller Merz

Diario Vasco, Carlos Larrinaga, 28-09-2026

Por suerte o por casualidad, a saber, me encontraba en la Alta Sajonia justo la víspera de las votaciones regionales. Había asistido a un congreso internacional de historiadores a finales de agosto en Leipzig (Sajonia) y decidí quedarme unos días por la Alemania Oriental. La verdad es que, aparte de unos cuantos carteles de propaganda, tampoco en exceso, en las principales localidades del land, no detecté un ambiente electoral excesivo: nada de caravanas como antes, de grandes mítines al aire libre, etc. Salvo en el cierre de campaña, que la viví en Halle, la ciudad de las cinco torres y patria chica del compositor Haendel. Entonces, en las dos explanadas que rodean a la magnífica iglesia de Santa María varios partidos se desquitaban con ganas por atraerse al electorado. Un electorado que, tal como vaticinaban las encuestas, se ha decantado por la ultraderechista Alternativa para Alemania, que, con un resultado histórico, ha logrado acercarse al 44% de los sufragios, lo que le va a permitir, con la inestimable ayuda de la izquierdista Alianza Sahra Wagenknecht, hacerse con la presidencia en Magdeburgo, la capital del land.

Pese a que su victoria estaba cantada, es posible que nadie esperase un triunfo tan arrollador, empezando por el propio canciller Merz, quien compareció ante su formación, la CDU, con gesto muy serio y compungido. Y es que no era para menos, si tenemos en cuenta el batacazo sufrido por los conservadores, que pierden el gobierno del land. Ni siquiera una coalición multicolor puede frenar a AfD, de suerte que con casi seguridad Ulrich Siegmund se convertirá en el primer líder de extrema derecha en acceder al poder regional. No así en Mecklemburgo – Pomerania Occidental, donde, aun habiendo ganado con el 38%, los números no le dan. Con cerca del 80% de participación en Alta Sajonia, han quedado claras en estos comicios las ganas de ir a las urnas y de imprimir un cambio radical a la política actual, además de ser un toque de atención a Merz. Aquí no debemos olvidar que esta sección alta – sajona de la AfD está considerada como peligrosa para la democracia. Aunque también conviene relativizar. Este land es uno de los menos habitados de Alemania. Con una superficie de 20.447 km2, en él viven unos 2.350.000 habitantes. En el corazón de la antigua RDA, es considerado el más empobrecido de todos los länder. De hecho, en la iglesia gótica de San Mauricio, católica, un bonhomme que durante años había trabajado en la cuenca del Ruhr y hablaba fluidamente el francés me dijo una frase que resume perfectamente la historia de este land: «antes éramos ricos y ahora pobres». Pasadas unas décadas desde la absorción de la RFA de los antiguos cinco estados de la RDA, todavía muchas personas de estos länder se siguen sintiendo ciudadanos de segunda. En Alta Sajonia es evidente. Hablamos de una tasa de envejecimiento alto; con un sector industrial, que, como en el resto de la RDA, sufrió mucho con la unificación; y con un turismo extranjero, que, por lo que pude comprobar, no termina de despegar.

¿Pero hasta qué punto lo sucedido en Alta Sajonia amenaza al ejecutivo federal? Si Alemania es un país con casi 84 millones, lo cierto es que estamos hablando de un land poco poblado (menos aún Mecklemburgo – Pomerania Occidental), pero que cuestiona, en cualquier caso, la estrategia del cordón sanitario auspiciado por la CDU y el SPD, quedándose incluso la primera fuera del parlamento de MPO. Victorias así de rotundas no son fáciles que se den en otros länder, sobre todo, occidentales, y si bien todos los sondeos hablan de una subida generalizada de AfD, no es sencillo que se haga con la cancillería federal. Eso no quiere decir que tal vez Merz debería empezar a cambiar algunas cosas, ya que el malestar es real. Los problemas de la inmigración ilegal, de un mayor control de las fronteras, del fuerte endeudamiento, de la austeridad social o del alza del gasto en defensa no se pueden obviar y responder envolviéndose en la bandera de la constitución. Apelar a la Carta Magna para evitar desmanes de AfD es adecuado, mas no es suficiente. La clave está en que los partidos tradicionales que han gobernado Alemania desde 1991 no son capaces de hacer ninguna autocrítica. El SPD es una sombra de lo que fue, ¿de manera que podrá pasar algo parecido con la CDU? Por otras experiencias hemos visto que antiguos votantes de la izquierda llevan un tiempo apostando por la extrema derecha, como en Francia, porque piensan que esa izquierda ya no les representa (por temas tales como la inmigración, la diversidad, las oportunidades laborales, etc.). Es manifiesto que AfD aspira asimismo a quedarse con electores de la CDU (lo ha hecho en MPO), pero no creo que la debacle sea total, pues en los länder occidentales más ricos, incluso en Berlín, el contexto es muy distinto al de la Alta Sajonia o MPO, quedando siempre la opción del voto útil ante el posible triunfo de AfD. La pregunta es hasta cuándo puede funcionar esta estrategia.

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