Moncloa respira en Ceuta porque cree que el foco ya se apagó: Los inmigrantes se quedan, "las cámaras se van"

En el equipo del presidente celebran el cambio de jerarquía informativa, aunque la crisis esté enquistada

La Razón, , 27-09-2026

En Moncloa han decidido empezar a confiar en que Ceuta, como problema para ellos, ya ha terminado. No han desaparecido los asentamientos ni se ha resuelto el futuro de los menores ni existe un acuerdo con Marruecos para devolver a quienes no tienen derecho a permanecer en España. Pero les vale con que «ya no abra las portadas, haya dejado de monopolizar los informativos y sus imágenes empiecen a confundirse con el paisaje cotidiano» de una crisis enquistada.

Estas reflexiones salen del núcleo de Sánchez y pueden resumirse en una afirmación bastante llamativa:

«El Gobierno no se tranquiliza porque haya menos personas durmiendo en las playas, sino porque quedan menos cámaras grabándolas».

«Esto ya está acabando», es el mensaje que traslada el entorno presidencial, convencido de que las imágenes irán desapareciendo y de que dentro de unas semanas casi nadie recordará lo ocurrido. Moncloa hace el seguimiento diario y sus perspectivas son buenas:

«Ceuta ha desaparecido de la jerarquía informativa». Sobrevive en noticias aisladas, en los directos digitales, en el hallazgo de un nuevo campamento, en las advertencias de la Policía o en una declaración de Juan Jesús Vivas. «Pero ya no organiza la conversación nacional. El ciclo natural de saturación de los medios está funcionando y hay que aprovechar ese cansancio como una forma de exoneración política».

En este marco, el criterio con el que el Gobierno mide ahora su éxito ya no es cuándo saldrá de Ceuta el último migrante cuya devolución sea legalmente posible, cuándo dejarán de dormir familias en la calle o cuándo recuperarán los ceutíes los espacios públicos ocupados desde finales de julio. El indicador que pesa en Moncloa es

cuántas portadas quedan, cuánto tiempo dedican las televisiones y cuántas preguntas recibe el Consejo de Ministros.

Sánchez fijó oficialmente el final del año como plazo para estabilizar la situación y el Gobierno continúa hablando de recuperación de la normalidad, nuevas plazas, filiaciones y retornos. Pero el calendario político que maneja Moncloa es mucho más corto. La ausencia de una segunda entrada masiva durante las elecciones marroquíes del 23 de septiembre, el traslado de parte de los migrantes desde las playas hasta el puerto y la desaparición de las imágenes más espectaculares han permitido al Ejecutivo declarar superada la fase que realmente les preocupa: la de Ceuta como amenaza para la supervivencia de Sánchez.

La realidad que queda fuera del encuadre es muy distinta

porque más de cincuenta días después de la entrada masiva, más de 10.000 migrantes continúan repartidos entre instalaciones oficiales y asentamientos informales. Hay más de 8.300 personas alojadas en centros, más de 4.000 en calles y campamentos improvisados, al menos 2.000 en la playa de El Trampolín y entre 700 y 1.000 menores durmiendo todavía fuera de los recursos de protección. Familias con niños siguen sin disponer de condiciones sanitarias mínimas y nadie es capaz de calcular cuántas personas permanecen escondidas en montes, bajos, naves o viviendas de los barrios periféricos.

Sin embargo, la diferencia entre atención mediática y memoria electoral

sí preocupa en sectores del PSOE,

donde no comparten la seguridad que verbaliza el núcleo presidencial. Una crisis puede dejar de ocupar las portadas y seguir condicionando la percepción que los ciudadanos tienen de un Gobierno. Y desde las principales casas de encuestas también sostienen que Ceuta ha instalado ideas más duraderas que cualquier fotografía sobre falta de control, improvisación, dependencia de Marruecos, abandono de una parte del territorio y ausencia de una explicación creíble sobre los avisos recibidos.

«El votante puede dejar de seguir cada traslado o cada campamento sin devolver por ello al Ejecutivo la confianza perdida».

En ese contexto aparece Maricarmen.

«Bienvenida Maricarmen», resumen con crudeza en el entorno de la izquierda. No celebran el drama de una mujer de 87 años expulsada de la casa en la que vivió durante siete décadas, pero sí que su caso devuelve la agenda al terreno en el que el bloque progresista se siente más cómodo: vivienda, vulnerabilidad social, especulación y confrontación con la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.

Maricarmen ofrece además lo que Ceuta nunca proporcionó a la izquierda: un rostro individual con el que identificarse, una víctima sin aristas políticas y una historia fácil de explicar. Pero no les funciona políticamente como querrían porque ya

tienen historia de gestión:

ocho años con un mal balance en parque de vivienda, alquiler y desahucios. «Maricarmen convierte nuestro discurso moral sobre la vivienda en un balance de gestión y los resultados no dan nada celebrar nada», reconocen dentro del PSOE.

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