Apurados
La onda expansiva de Maricarmen ha penetrado por las cuatro esquinas de las sedes de cualquier partido. De manera especial, en las fuerzas de izquierda
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 26-09-2026Hay prisas. En el Gobierno, en la órbita de la izquierda, en Zapatero con sus joyas, en el entorno del ático de Ayuso, en Ceuta y en el mismo Tribunal Constitucional. A todos ellos les aprieta la responsabilidad, su propio interés y unas gotas imprescindibles de fácil demagogia. El otoño empieza caliente, no sólo para las causas judiciales en el entorno del sanchismo. Con su desahucio televisado Mari Carmen Abascal ha venido a cimbrear el debate político allá donde más se siente, en las calles, y precisamente cuando se otea el horizonte más inmediato de, al menos, las elecciones municipales.
En un país con 25.000 desgarradores desahucios por año, ha bastado radiografiar el drama de uno de ellos, y en Madrid no por casualidad, para que estalle el clamor social, atemorice a la clase política por su clamorosa inanición en materia de vivienda desde hace demasiado tiempo y, sobre todo, remueva las conciencias. Catalunya se lleva la palma en cuestión de desalojos forzosos prácticamente a diario, pero no provoca la atracción partidista y la dimensión que siempre encarna la capital del Reino. Por eso los medios, las redes y las fake news se han volcado con la triste evacuación de esta anciana inquilina residente en un acomodado piso de alquiler en la apetecible zona del Retiro madrileño a 500 euros al mes.
Por un momento, parecía que Ceuta había dejado de existir. Como si el drama humanitario se hubiera calmado, como si Marruecos se hubiera empeñado en controlar férreamente su frontera, como si el 60% de aumento de los delitos en esta ciudad autónoma hubieran desaparecido, como si la afiliación de los miles de inmigrantes danzantes por playas y barrios hubiera concluido. Puro espejismo. Ambas tragedias siguen coexistiendo –y así continuarán durante demasiado tiempo–, pero política y mediáticamente el lacerante problema de la vivienda afecta al común de todas las ideologías. Bien lo sabe el Gobierno.
La onda expansiva de Maricarmen ha penetrado por las cuatro esquinas de las sedes de cualquier partido. De manera especial, en las fuerzas de izquierda. Tras ocho años en el poder, la coalición gobernante negocia a estas horas un apurado pacto de urgencia que le garantice la convalidación de un real decreto – ley para cortocircuitar la devastadora avaricia de los fondos buitre. Se siente concernida por su manifiesta inoperancia en el principal problema ciudadano, aunque no haya dudado en extender la tinta del calamar hacia la irresponsabilidad de la derecha e, incluso, a Ayuso. Illa, en cambio, con el triple de desahucios en su territorio, sale ileso de tan denigrante radiografía.
Mientras, ahí quedará Ceuta. Las escenas desgarradoras se siguen multiplicando en medio de una estéril diatriba política, tan inane como vomitiva. Quienes sufren las consecuencias de esta invasión territorial siguen sin ver la luz al final del túnel. Los ceutíes, porque se les antoja lejano el regreso a la normalidad en un escenario dinamitado para la convivencia pacífica. Los inmigrantes , porque aumenta su ansiedad ante un destino demasiado incierto un mes después. Y en el medio una despreciable pelea institucional. Tan solo Sánchez va despejando sus propias dudas. Ahora ya acaricia la responsabilidad de Marruecos en esta avalancha, siquiera a modo del fallo en los controles laxos de frontera.
Aprietos de ZP
En medio de la convulsión siempre hay hueco para las causas judiciales. Sentenciado el clan Koldo y desmanteladas las principales cloacas de Leire y Cerdán, los socialistas cruzan los dedos por el devenir de Zapatero. Aquel icono de la ética, galvanizador de la causa contra la (ultra)derecha, vive atormentado en sus contradicciones. Descubierta su doble moral por la vía de las joyas incautadas y de la trama familiar de comisionista, el expresidente busca desesperadamente salir del aprieto, consciente de que el juez Calama le espera con la lección aprendida. Un ídolo caído al lodazal a quien solo Sánchez querrá a su lado cuando haya que apelar a la llegada del apocalipsis.
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Para entonces, el Frente Amplio –nueva denominación tras el fracaso de Sumar– ya habrá elegido su cabeza de lista. No será fácil encontrar un líder dispuesto a asumir el desastre electoral que se les vaticina y la consiguiente pérdida de las canonjías ministeriales.
Con anterioridad, Carles Puigdemont ya estará en casa. Conde – Pumpido cumplirá así con la sentencia que ya se vislumbraba tras conocerse su nombramiento como presidente del TC. Esa prevaricación que sigue viendo el juez Llarena dejará de existir, en la línea de las contundentes resoluciones europeas.
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