Amin, el marroquí que pide asilo tras recibir una paliza en Tetuán: "Mi padre dijo que no podía tener un hijo maricón y me echó de casa"
Entró a nado, "no tenía otra opción", y aquí intentaron aprovecharse sexualmente de él
El Mundo, , 25-09-2026Artículo 489 del Código Penal de Marruecos: «Será castigado con pena de prisión de seis meses a tres años y multa de doscientos a mil dírhams quien cometa un acto de homosexualidad con una persona de su mismo sexo, salvo que el hecho constituya un delito más grave».
Amin tiene 35 años, llegó a Ceuta en la avalancha del 30 de julio, y es uno de los primeros inmigrantes que ha pedido el asilo. Según se lee en el resguardo de solicitud de protección internacional que saca de una carpeta de plástico transparente, alega ser «vulnerable por orientación sexual». El documento le da derecho a permanecer en España durante tres meses mientras se examina su caso. Le acompaña la abogada ceutí que ha contratado, África Monsalve, quien también atiende en turno de oficio a quienes no pueden contar con un defensor particular. De los miles de inmigrantes que permanecen en Ceuta casi dos meses después de la avalancha, Amin, que está viviendo en un piso de alquiler, es de los más privilegiados. El despacho de África, Monsalve y Ruiz Abogados, lleva unos 74 procedimientos de solicitud de protección internacional.
-¿Y qué están alegando para obtenerla? -preguntamos a la abogada.
-Por motivos económicos no tienen derecho al asilo. Los casos que tenemos son de homosexualidad, de violencia de género, un niño cuyo padre alcohólico lo tenía amenazado…-explica.
Amin, que es originario de Tetuán y estudió gestión informática, aunque no ha trabajado de ello sino de camarero, habla un español perfecto y es muy buen narrador. Durante la hora y media que duró su entrevista con los funcionarios que tramitan las solicitudes de asilo detalló, por ejemplo, lo del psicólogo que le aseguró haber curado ya a varios gays y le ofreció tratamiento también a él o cómo pasó luego al psiquiatra y a la medicación para los ataques de pánico. Nosotros no tenemos espacio en este reportaje para tanto por lo que vamos a saltar hasta el 1 de junio pasado dos meses antes de la entrada masiva, fecha clave en la historia que cuenta prácticamente del tirón.
El 1 de junio conocí a un chico en Grindr [la app de citas para homosexuales fundamentalmente]. Él era de Francia, estaba de paso, cogió una casa por Booking y quedábamos a veces. Él me pidió grabar un vídeo íntimo como recuerdo. Yo confiaba mucho en él y lo hice. Era la primera vez que hacía algo así. Lo que sucedió es que yo tengo mi pareja en Marbella. Viene a Marruecos de vez en cuando y tenemos una relación abierta. El francés, un día que yo me estaba duchando, se metió en mi móvil y escaneó mi whatsapp -vinculó mi dispositivo al suyo y encontró que yo tengo otro novio. Discutimos. ¿Y qué hizo él? Cogió los números de mis padres, de mi familia, de mi pareja… Envió el vídeo a todos mis contactos.
-¿Cuándo sucedió eso?
-Un día de principios de julio, soy muy malo con las fechas. Entró mi padre a mi habitación con el vídeo en la mano. ‘¿Esto que és? ¿Tú eres maricón?’. Y empezó a pegarme, a pegarme fuerte. Me expulsó de la casa. Que él no podía tener un hijo maricón. Llamé a un amigo que no sabe que soy gay, le dije que había tenido un problema con mi padre y le pedí si me podía estar un tiempo en el gimnasio en el que trabaja. Mi hermano, que no estaba en casa cuando mi padre me echó, me amenazaba; otro hermano amenazándome también que me iba a matar. Tenía mucho miedo de encontrarme a mi hermano, que es muy difícil, muy religioso, y no acepta estas cosas. La única persona que me habla ahora un poco a escondidas es mi madre.
-¿Y cómo surgió lo de pasar a Ceuta?
-Una mañana cuando estaba en el gimnasio me despertó mi amigo: ‘En la frontera está entrando mucha gente, puedes ir si quieres’. No le creí. ‘Puedes ir, hay muchos chicos que están llegando’. Me levanté, cogí un taxi y llegué hasta el Rincón y ya estaba cortado.
Amin llegó al Rincón del Medik, a 25 kilómetros de Ceuta, a mediodía del 30 de julio, cuando la situación El Tarajal estaba ya desbordada con miles de personas intentando entrar.
-Ya no dejaban pasar ni coches ni taxis. Me sorprendió ver tanta gente caminando por la carretera. Entonces vi a un chico con una moto. ‘¿Me puedes llevar a la frontera?’. ‘Sí, por 100 euros’. Cuando llegué [13.00/14.00 horas], me encontré tanta gente… Tenía mucho miedo pero no tenía otra opción. Primero salté unas rocas, después había que subir unas vallas, después otras rocas; y la gente empujándose unos a otros. Hasta que llegué a la playa. Una pareja me dijo: ‘Por favor, no te vayas, que la gente se está ahogando. Se están cogiendo unos a otros y se están ahogando. Es peligroso’. Aún así decidí entrar en el agua.
-¿Qué llevabas contigo?
-La ropa puesta, el móvil y dinero en una funda al cuello para que no se mojara y una mochila con perfume y mis cremas. Cuando entré en el mar, no se veía el agua, sólo personas.La marea estaba un poco alta y había olas. Había muchas personas gritando en el agua. Yo estaba muy asustado. No me podía mover porque el mar estaba lleno. Comencé a sentir cuerpos debajo de las piernas, sentí cadáveres, manos que me tocaban en las piernas, intentaban tirarme de la camiseta para salvar su vida. Estaba entre la vida y la muerte. Me comenzó un ataque de pánico. No podía respirar bien. Escuchaba las burbujas en el agua de la gente que estaba muriendo. Lo que me ayudó fue mi mochila. Como que se infló de aire encima del mar. Quería subir a las rocas pero no podía porque me empujaban. Una chica gritaba: ‘Me estoy muriendo, ¿te puedo coger la mano?’. Sentí que me iba a ahogar y la solté porque íbamos a morir los dos. Yo no sé cómo he llegado a Ceuta, la verdad. Encontré a un chico que llevaba un flotador y me agarré al flotador. Cuando llegué a las rocas intenté subir por otro lado porque las rocas estaban llenas de gente. Por fin llegué a la playa y no podía respirar, del miedo, del pánico. Cruz Roja intentaba ayudarme a respirar, a tranquilizarme. Tenía las piernas llenas de sangre. No tenía zapatos porque me los quité nadando para que no me hicieran peso. Cuando llegué, había miles de personas. Estaba llorando, en pánico, y al mismo tiempo contento de que había podido salir de Marruecos.
-¿Qué pasó después? ¿Dónde fuiste?
-Una mujer que me vio llorando me llevó al centro de Ceuta. ‘¿Tienes sitio dónde ir?’ ‘No’. ‘Puedes venir a mi casa’. Pero cuando llegó la noche, hizo un intento de aprovecharse de mí sexualmente. Yo sólo quería dormir y descansar; estaba aterrorizado recordando todos los muertos. ‘¿Tú eres gay?’. Como ella era marroquí, tenía miedo de decírselo y le dije que no, pero que estaba casado. Dos días en su casa y me dijo: ‘Tienes que salir de aquí’. Entré a Grindr y puse ‘buscando alquiler’ en mi perfil. Un chico me ayudó: ‘Te alquilo una habitación’. Estuve con él como dos semanas. ‘Tienes que salir que tengo novio’. Esa noche dormí en la calle. A la mañana siguiente vino mi pareja de Marbella y cogió un hostal. Ahora estoy en un piso de alquiler. Mi pareja se ha ido ya pero me envió un compromiso de acogida, para demostrar que él se va a hacer cargo de mí, que no voy a costar nada al Estado.
(Puede haber caducado)