Un día en las Urgencias de Ceuta: infectados a la fuga, vecinos asustados y médicos desbordados

La mayoría de los inmigrantes llegan con enfermedades infecciosas o heridas por peleas, afirman los profesionales, que aseguran que su control, al no tener documentación, es prácticamente imposible

ABC, Elena CalvoElena Calvo, 25-09-2026

Si uno llega al Hospital Universitario de Ceuta, aparentemente no ve nada que le haga sospechar que continúe la crisis sanitaria que tuvo lugar tras la invasión del pasado 30 de julio. En la entrada principal del centro hospitalario, se pueden contar con los dedos de una mano las personas que cada minuto llegan para ser atendidos por especialistas o visitar a algún familiar ingresado. La ministra de Sanidad, Mónica García, argumentaba recientemente que la ocupación de las camas era del 53 por ciento y aunque reconocía que algunos servicios se han visto tensionados, insistía en que ni ha habido ni hay colapso sanitario.

Pero la situación cambia unos metros más allá, cuando se accede al servicio de Urgencias del hospital. Como ha podido ver ‘in situ’ ABC, los inmigrantes que permanecen en la ciudad autónoma tras la llegada masiva que ocurrió el 30 de julio acuden diariamente a las Urgencias del hospital, que también atiende, como no podía ser de otra manera, a los residentes en Ceuta que lo necesitan. Bien es cierto que en las instalaciones, como defiende Sanidad, no es habitual ya ver pasillos saturados ni cientos de personas amontonadas. Si alguien espera para constatar el colapso encontrarse con imágenes como las de la galardonada serie ‘The Pitt’, donde las tragedias constantes abarrotan salas de espera y hacen correr a los médicos y enfermeras de un box a otro sin parar, pensará que los profesionales ceutíes exageran cuando dicen que están agotados, que no pueden más. Pero cuando uno se para a analizarlo, observa cómo el sistema sanitario, y especialmente sus trabajadores, han perdido lo que conocían como normalidad y continúan sufriendo las consecuencias de la invasión casi dos meses después.
De hecho, las urgencias del hospital ceutí tienen ahora dos salas de espera. Aunque residentes e inmigrantes entran por la misma puerta al recinto, antes de acceder al interior del hospital, se les separa. Así, hay una sala de espera para los residentes en la ciudad autónoma, en el interior del centro, a la que llegan tras pasar por el mostrador de admisión; y otra en el exterior, en la que aguardan los inmigrantes irregulares que acuden a pedir atención médica. Cuando ABC visita el centro, alrededor de una treintena de inmigrantes permanecen fuera, tanto de pie como sentados en el suelo del recinto, esperando a que se les dé acceso para realizarles el oportuno triaje.
Para ello, nada más entrar hay una sala en la que un médico se encarga de valorar la situación de salud de los inmigrantes que llegan y decidir si se les deriva a alguno de los boxes, si necesitan ingresar o si con alguna cura o algo de medicación es suficiente. Durante el tiempo que ABC permanece en el centro, esta habitación no deja de recibir pacientes. Aún queda mucho día por delante, y lo más intenso, aseguran sanitarios del servicio que quieren permanecer en el anonimato, llega durante la tarde y la noche. Pero por ese triaje han pasado ya ese día alrededor de medio centenar de inmigrantes.

Peleas con «saña»
La mayoría, cuentan los profesionales, llegan con enfermedades infecciosas, afortunadamente leves en muchos de los casos. Infecciones como sarna o tuberculosis ha habido siempre en la ciudad, defienden, pero no a este nivel. Y además el control a estos pacientes es muchas veces imposible de realizar, pues no cuentan con documentación que acredite su identidad y su historial se basa únicamente en el nombre que dan cuando llegan, que además puede cambiar cuatro días después si vuelven a urgencias. «Muchos se escapan. El otro día se escaparon al menos 3 con varicela y no se les puede localizar porque no se puede controlar», relata un sanitario. También atienden, sobre todo en las horas más avanzadas de la tarde y de la noche, heridas por peleas. «Vienen con unas heridas que muestran una saña tremenda entre ellos, de lanzarse piedras y hacerse mucho daño», prosigue.

Y casi dos meses después de que se produjera la entrada masiva, los profesionales continúan con jornadas que empiezan a primera hora de la mañana y no saben cuándo terminan y en las que en todo momento hay trabajo pendiente. «Claro que no se han cancelado consultas con especialistas, como dice el ministerio, porque es gente que no tiene la documentación en regla y no tienen acceso a esos especialistas. El seguimiento se lo hacemos aquí», denuncian en urgencias. Hay inmigrantes, afirman, que acuden cada dos o tres días al centro para ese control ante la imposibilidad de ser atendido en los servicios ordinarios. Cada día, dicen, atienden en el servicio a algo más de 300 personas, de las que más de la mitad son inmigrantes irregulares que entraron en el territorio el pasado julio. El Ministerio de Sanidad, critican, maquilla los datos.

Los inmigrantes esperan fuera y pasan primero por un triaje en el que un médico los examina para ver si requieren ser ingresados
Pero en los peores momentos, los días en los que tuvo lugar la entrada masiva, denuncian que no se pudo atender a todos como se debería haber hecho ante la falta de medios. «Ahí sí que estaban tirados por los pasillos. No dábamos abasto, era imposible», lamentan. Y consideran especialmente grave que no se reaccionara a tiempo y se tardara diez días en abrir el área de urgencias destinada a catástrofes.

Los profesionales afirman que ven más casos de ansiedad entre los ceutíes, que acuden también con problemas para dormir

Al cansancio acumulado de los profesionales se suma además el enfado, la rabia y la impotencia por ver cómo desde la dirección y desde el Ministerio de Sanidad se resta gravedad a la situación cuando ellos, claman, no pueden más. Y no olvidan las insinuaciones de la ministra Mónica García sobre que relacionar inmigración con enfermedades infecciosas era xenófobo. «La xenófoba es la ministra, que niega que haya colapso en la atención a los inmigrantes. Y lo hay. Y el colapso impide que se les atienda todo lo bien que se debería. Se les atiende, claro, pero muchas veces se les da algo para el dolor y ya, porque no hay recursos, no hay medios. Eso sí que es xenofobia», claman.

Más ansiedad y tristeza
Ante esta situación, los ceutíes han estado un tiempo evitando visitar las urgencias, conscientes de la situación que se da en esas cuatro paredes. Pero poco a poco vuelven y cada vez más, afirman los sanitarios, llegan asustados, con mucha ansiedad, estrés y con problemas para dormir. En las calles de la ciudad se constata esa tristeza generalizada, así como la imposibilidad de desconectar. Algunos tratan de despejarse escapándose algunos días en el ferry que les lleva a Algeciras para pasear o hacer algunas compras en la ciudad andaluza. Pero cada vez que hay alguna declaración política sobre la situación en Ceuta, ya sea de algún miembro del Gobierno de España, de la oposición o de las autoridades autonómicas, los vídeos no dejan de circular entre los móviles de los residentes.

Hasta que la normalidad no se recupere en el territorio, insisten los profesionales, tampoco se recobrará en el hospital. Y el final de esta crisis, opinan con el pesimismo que les hace tener lo que ven a diario, aún queda lejos.

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