“El conocimiento es la clave para prevenir, detectar y acabar con los discursos de odio”

No siempre son comentarios explícitos, sino que a veces se esconden tras estereotipos o prejuicios y es importante saber detectarlos para poder frenarlos

Diario de Noticias, Loreto Iriarte, 24-09-2026

Los discursos de odio no siempre se presentan de una forma explícita. Pueden esconderse tras estereotipos, prejuicios o mensajes aparentemente neutros que terminan alimentando el rechazo hacia determinados colectivos. Por todo ello es importante saber identificarlos, conocer el impacto que tienen en las personas racializadas y migradas, y tener claro el papel que deben desempeñar las familias, las escuelas y las instituciones para prevenirlos.

—¿Qué se entiende por discurso de odio?No todo discurso, por deleznable que sea, entraría dentro de un marco penal de discurso de odio. Hay mensajes que atentan contra una persona o grupo de personas por sus características fenotípicas, culturales o religiosa a grupos históricamente oprimidos, perseguidos, esclavizados, etc. Para ser considerados discurso de odio y tener repercusión penal deben atentar contra la dignidad humana. —¿Qué características debe tener un discurso de odio?Debe haber evidencia de quién lo emite, la forma pública en que se emite, su repercusión y el alcance real de generar ese odio o de crear entornos hostiles de hostigamiento, de persecución o de violencia para esa población.—¿Qué tipos de discursos de odio hay?El discurso de odio puede comenzar con insultos, que son fáciles de percibir con una simple lectura. Sin embargo, hoy en día son cada vez más difíciles de detectar porque quienes los profieren están encontrando una forma de adaptar su propio lenguaje. Podemos encontrar odio reflejado en la reproducción de estereotipos y prejuicios a personas racializadas y o migradas. —¿Cómo van cambiando los discursos de odio?Cuando empezamos a trabajar en el SARX hace 4 años, podíamos encontrar insultos expresos, pero poco a poco se han ido haciendo menos notables para pasar filtros como, por ejemplo, los establecidos en las mismas redes sociales. Antes podíamos escuchar hablar de menas o de moros que vienen a agredir y a dañar a nuestra sociedad, mientras que ahora encontramos mensajes que aluden a este mismo colectivo racializado como seres de luz a los que se les da una protección a pesar de la creencia de que son los principales culpables del aumento de la delincuencia. —¿De dónde proceden los discursos de odio?Los encontramos en ámbitos como el educativo, laboral, ocio y redes sociales, pero este último es el que más nos preocupa. Estos mensajes tienen una gran viralidad y un público muy amplio y no controlamos a qué tipo de personas llegan. Al ser muchas veces cuentas anónimas, también es difícil saber de dónde proceden al tratarse de cuentas anónimas. —¿Cómo afectan estos discursos de odio a las personas que los reciben?Reafirman estereotipos y prejuicios racistas creados por la misma sociedad. Si hay varias personas emitiendo el mismo discurso y ya hay una cierta acción mediante el odio, lo que yo hago no es solo reafirmar lo que estoy pensando, sino también entender que tengo que pasar a ese odio, a esa crítica hostil, a reprender a quien podría encontrarse en ese grupo racializado o a quien lo defiende.—¿Cómo afectan los discursos de odio a las víctimas?En el SARX atendemos a personas que ya han sufrido una afección que bien puede ser una agresión física, un bloqueo en el acceso a la vivienda… Y es ahí donde empiezan a verbalizar cómo les afecta, tanto en el plano emocional como cognitivo, conductual o fisiológico. En el plano emocional, hablamos de ansiedad, tristeza o impotencia porque no saben qué hacer contra eso; en el plano cognitivo, pensamientos repetitivos de ‘si eso es lo que piensa la gente de mí’ o ‘cómo voy a encajar yo siendo lo que dicen que soy’; en el plano conductual, tienden a aislarse o encerrarse en su grupo racializado “porque sé que aquí tal vez no voy a sufrir ese rechazo, y en el plano fisiológico nos dicen: “Es que cada vez que van a hablar sobre personas musulmanas ya mi corazón empieza a latir muy fuerte”. No todas las personas sienten de la misma manera, pero sí se ve un impacto emocional real en estos grupos afectados por los discursos de odio.  Johanna Flores, en el kiosco de la Plaza del Castillo de Pamplona.Cedida—¿Cómo podemos detectar los discursos de odio?Un discurso generalizado en el que se atribuyan acciones concretas a una población generalizada, por lo general grupos sociales estigmatizados (árabes, musulmanes…), ya nos tiene que dar que pensar. También los mensajes demasiado alarmistas. —Y los afectados, ¿cómo reaccionan ante ellos?Primero lo pueden vivir como un rechazo, “no están hablando de mí, yo no soy esa persona, yo no delinco, yo no soy una persona receptora de ayudas…”, de forma que a veces hay un rechazo hasta de la propia identidad, por lo que ya es difícil detectarlo si es la propia persona la que lo rechaza. Es esencial que la persona detecte según lo que lea y sienta que su propia dignidad está en juego. —¿Qué señales hay que atender en casa para detectar que un adolescente pueda estar siendo víctima de un discurso de odio?En familias con jóvenes migrados o racializados conviene poner sobre la mesa este tipo de temática. Primero hablarla, crear un entorno seguro, saber respetar sus tiempos y que puedan contar cómo lo están viviendo porque no a todas las personas racializadas les afecta de la misma forma un discurso de odio y eso también hay que respetarlo. A partir de ahí, con esos entornos seguros, hay que escucharles, validar sus emociones y no mostrar rechazo a lo que sienten porque es válido que tengan un impacto emocional.—¿Qué se puede hacer desde la escuela?En los entornos educativos, partimos de que puede existir una violencia previa, el bulling, y en el caso de los jóvenes racializados o migrados puede tener una incidencia mayor. Los colegios lo primero que tienen que hacer es no negar la existencia de ese tipo de violencia. Es algo que está ahí y que si se detecta dentro del ámbito escolar es porque se está actuando de la manera correcta. También hay que entender que los actuales protocolos sobre bullying escolar pueden quedarse cortos y deberían contemplar este tipo de violencia en concreto.—¿Y desde las instituciones?Tiene que existir un rechazo expreso a este tipo de discurso de odio porque el silencio los valida. Las instituciones tienen que plantearse qué está sucediendo para que en determinados grupos sociales racializados y significados se estén perpetuando situaciones de exclusión social que nos lleva a que ese imaginario social se refuerce. Hay que favorecer entornos que ayuden a salir de la exclusión social y lograr así un menor impacto de los discursos de odio.—¿Se está detectando algún movimiento antirracista entre los jóvenes?En Navarra hay una población joven activa y organizada, y el 18 de octubre se va a celebrar un evento antirracista en Pamplona. También se aprecia en redes sociales un rechazo cada vez mayor a ese discurso de odio. Cuando vemos respuestas a esos comentarios con una información cotejada que desmiente ese discurso, nos llena de orgullo que haya jóvenes que se están preparando para combatir ese discurso de odio.—¿Por qué es importante abordar el tema de los discursos de odio?Este tipo de temática se tiene que poner sobre la mesa. Tiene que haber unas bases que se puedan transmitir por parte de profesionales, activistas, personas conocedoras de este tema que trabajen para que después se puedan desarrollar en distintos foros y debates. Al final esto pertenece a la ciudadanía y tiene que devolverse a ella, y a partir de ahí, de manera comunitaria, tenemos que encontrar formas de prevención, detección y reparación de este tipo de situaciones. Y eso solo se hace desde el conocimiento.

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