Expertas destacan en Pamplona una mayor preocupación de los jóvenes por el racismo

Laura Lobato, directora del Observatorio de la Juventud, aboga por una mejor formación en pensamiento crítico para hacer frente a los discursos de odio

Diario de Noticias, Loreto Iriarte, 24-09-2026

Losdiscursos de odioen redes sociales aumentaron un 76% el pasado agosto respecto al mes de julio, coincidiendo con la crisis migratoria de Ceuta, según datos recogidos por el Observatorio Español para el Racismo y la Xenofobia. El dato fue puesto sobre la mesa este miércoles por Begoña Alfaro, vicepresidenta tercera del Gobierno de Navarra y consejera de Vivienda, Juventud y Políticas Migratorias, durante la inauguración del curso de verano Odios que impactan, jóvenes que transforman, organizado por Fundación Ilundain y UNED Pamplona.

Las jornadas, que se celebran miércoles y jueves, buscan reflexionar, de la mano de voces expertas, sobre los discursos de odio entre la juventud, el racismo y la xenofobia. La primera ponencia corrió a cargo de Laura Lobato Escudero, directora del Observatorio de la Juventud en España, perteneciente al Ministerio de Juventud e Infancia, quien analizó el miércoles qué son estos discursos, por qué se producen, cómo se difunden y qué impacto tienen especialmente entre los jóvenes.

¿Discurso o delito de odio?

Para abordar el fenómeno, Lobato comenzó por una cuestión básica: qué entendemos por discurso de odio. Según la Estrategia y Plan de Acción de Naciones Unidas para la lucha contra el Discurso de Odio, se trata de cualquier tipo de comunicación oral, escrita o conductual que ataque o utilice un lenguaje peyorativo o discriminatorio contra una persona o grupo por cuestiones relacionadas con su identidad, como la religión, etnia, nacionalidad, raza, género u otros factores. Una definición que, según la directora del Observatorio, plantea una dificultad evidente: “La línea que separa el discurso de odio de la libertad de expresión es muy fina”.

Lobato insistió además en diferenciar dos conceptos que a menudo se confunden: “Discurso de odio y delito de odio no es lo mismo”. Mientras el primero engloba determinadas expresiones discriminatorias, el delito de odio está tipificado en el Código Penal y se refiere a una infracción penal cometida contra una persona o una propiedad por prejuicios o animadversión hacia la pertenencia real o percibida a un determinado grupo.

Pero, más allá de las definiciones jurídicas, estos discursos persiguen un objetivo: atacar, discriminar o influir en otras personas a partir de prejuicios. “El objetivo de estos discursos de odio es el propio proceso de atacar o la pretensión de influir en terceras personas”, explicó Lobato.

Son, además, mensajes diseñados para provocar una reacción emocional. “Pretenden un impacto en la emoción y, en el caso de las redes sociales, muchas veces no comprobamos si los datos que se nos ofrecen son ciertos”, advirtió.

De los estereotipos a la violencia

El discurso de odio no se limita a las palabras y tampoco es exclusivo de Internet. Puede aparecer tanto en el ámbito online como en el offline, espacios que, especialmente para las generaciones jóvenes, forman parte de una misma realidad.

Lobato explicó este fenómeno a través de la denominada pirámide del odio. En su base se encuentran los estereotipos y los comentarios hirientes dirigidos a ciertos colectivos. A partir de ahí aparecen la cosificación, los discursos de odio y la discriminación, hasta llegar a las agresiones físicas y, en el extremo, al genocidio.

Una escalada que evidencia que las expresiones aparentemente más leves pueden formar parte de un proceso más amplio de exclusión y violencia. Sin embargo, denunciar sigue siendo poco habitual: solo un 10% de las víctimas de discursos de odio llega a denunciar, según el dato expuesto durante la ponencia.

Entre las diferentes formas que puede adoptar el odio se encuentran el racismo, la xenofobia, la islamofobia, el antisemitismo, la LGTBIfobia, el sexismo, el antigitanismo, la aporofobia, la discriminación por discapacidad, el edadismo o la discriminación por motivos religiosos.

Las redes amplifican el mensaje

El entorno digital se ha convertido en uno de los principales espacios de difusión de estos discursos. El anonimato, la distancia entre quien agrede y quien recibe el ataque y la capacidad de las redes para amplificar un mensaje hacen que Internet se convierta en un terreno especialmente sensible. Los datos sobre el uso que hacen los jóvenes de estas plataformas ayudan a entender la dimensión del fenómeno: un 60% de las personas de entre 15 y 29 años asegura pasar más de cuatro horas al día en el ámbito digital.

Los principales colectivos objeto de estos discursos entre enero de 2025 y agosto de 2026 fueron las personas procedentes del norte de África, con un 75% de los mensajes, seguidas de musulmanes (19%), afrodescendientes (9%), inmigrantes (6%), latinos (5%) y asiáticos (4%). En cuanto al contenido, un 41% de los discursos tiende a deshumanizar a las personas a las que se dirige; un 35% contiene amenazas, un 15% incita a la expulsión y un 5% a la violencia.

La población LGTBI+ también ha experimentado un aumento de las agresiones, el acoso y la discriminación. Entre 2024 y 2026, las agresiones aumentaron un 15%, hasta el 22%; el acoso, un 16%, hasta el 36%; y la discriminación, un 6%, hasta el 29%. Entre los jóvenes de 15 a 34 años, un 9,8% ha sufrido una agresión relacionada con su orientación sexual.

Una juventud más diversa

Frente al crecimiento de los discursos de odio, los datos sobre la percepción de la diversidad entre los jóvenes muestran una realidad más compleja. En España viven 7,6 millones de jóvenes, el 15,89% de la población, y su actitud hacia cuestiones como el racismo, la xenofobia o la diversidad ha ido evolucionando. El racismo y la xenofobia aparecen como el octavo problema que más preocupa a los jóvenes, con un 79% que manifiesta preocupación por estas cuestiones. Además, su visión de la sociedad es cada vez más multicultural: un 75% aceptaría tener un jefe extranjero o que una persona de su entorno tuviera una pareja de otro país.

Para Lobato, estos datos reflejan una transformación social: “Los jóvenes españoles han incorporado la diversidad en su cosmovisión y relación con la sociedad”.

Pensamiento crítico

La exposición también puso el foco en el modo en que se selecciona y presenta la información. La multiculturalidad de los jóvenes, advirtió, puede quedar relegada cuando se ponen únicamente sobre la mesa aquellos datos que muestran actitudes negativas hacia la migración. Por eso, una de las principales herramientas para combatir los discursos de odio pasa por formar tanto a jóvenes como a adultos en pensamiento crítico. No se trata solo de identificar un mensaje discriminatorio, sino también de preguntarse qué hay detrás de la información que recibimos, quién la difunde, con qué intención y qué datos pueden estar quedando fuera.

En un entorno digital caracterizado por la polarización, la rapidez y la amplificación de los mensajes, esa capacidad de cuestionar lo que se ve y se comparte se convierte en una herramienta fundamental para acceder a las redes sociales de una forma más segura y evitar que los discursos de odio encuentren terreno fértil.

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