Sánchez se lanza sin frenos contra Trump y sus aliados internacionales en su último discurso ante la ONU

El presidente llama a plantar cara a los intentos de dinamitar un mundo basado en reglas por parte fuerzas «egoístas, ignorantes y crueles», reivindica su negativa al 5% en defensa y al uso de bases españolas para la guerra de Irán y avisa de que la crisis Ceuta no cambiará su política migratoria

Canarias 7, Paula De las Heras, 24-09-2026

No es nuevo que Pedro Sánchez defienda el multilateralismo. Lo ha hecho en múltiples ocasiones a lo largo de los últimos años. Pero este miércoles, ante el plenario de la Asamblea General de la ONU, lo hizo con ímpetu y una beligerancia inusuales, con ataques claros y directos hacia Donald Trump -al que, sin embargo, evitó mencionar por su nombre. «No hace falta señalarlos. Todos sabemos quiénes son y cuál es su modus operandi. Empiezan cuestionando las reglas. Después las incumplen, a sabiendas de que nadie se atreverá a pedirles cuentas. Recortan sus contribuciones a organismos multilaterales como este. Señalan a sus líderes y trabajadores. Bloquean su capacidad de acción, para luego describirlos como entidades inútiles de las que podemos prescindir».

La descripción encaja como anillo al dedo con el inquilino de la Casa Blanca que en ese mismo atril, la víspera, reivindicó la soberanía estadounidense frente a las estructuras multilaterales como la propia ONU, nacida con el objetivo de evitar guerras, y amenazó con «aniquilar» Irán. El discurso de Sánchez, probablemente el último que ya pronunciará en este foro si se cumplen los vaticinios de las encuestas, sonó, de hecho, a réplica desahogada (aunque nunca tanto como el propio Trump) a la intervención que el líder de la primera potencia mundial pronunció hace un año en la apertura de la Asamblea General, cuando arremetió sin piedad y contra la existencia misma de la mastodóntica organización con sede en Nueva York.

«Sé que, en momentos así, la tentación es elegir el atajo. Ceder al miedo, convertir al migrante en enemigo y vulnerar la legalidad. Pero España no va a hacerlo», dice

El gesto venía preparado y a su luz se explica mejor que el martes, el presidente del Gobierno no acudiera a la recepción que Trump ofrece a los jefes de delegación, a pesar de que en una rueda de prensa previa, en las oficinas de la misión española ante la ONU, Sánchez había tratado de quitar hierro al plantón. También unas horas antes, en un encuentro económico organizado por la Cámara de Comercio, se cuidó, como quien se pone la venda, de defender que los vínculos entre Estados Unidos y España van más allá de la coyuntura y las diferencias ideológicas entre sus Gobiernos y son «más sólidos que el acero del puente de Brooklyn».

Sánchez enmarcó su discurso en la defensa del «interés general», pero bajo ese paraguas cargó contra unas fuerzas «egoístas, ignorantes y crueles» que se mueven con la «absurda creencia de que el mundo es un juego de suma cero en el que la ganancia de unos implica necesariamente la pérdida de otros», que «desprecian la ciencia y asumen que hay países tan poderosos que pueden abusar del resto y no necesitan a nadie para prosperar» y que ni se inmutan al ver «las costillas de un niño hambriento o un hospital reducido a escombros», una clara alusión también al presidente de Israel, Benjamin Netanyahu.

El presidente admitió que hay cosas que cambiar en la ONU y defendió una reforma del Consejo de Seguridad para dar entrada a otras regiones del mundo y para acabar con el derecho de veto de los miembros permanentes, reforzar la Corte Penal Internacional, reconstruir la arquitectura de desarme nuclear e imponer a los «tecno-oligarcas» una regulación estricta de las redes sociales y la inteligencia artificial. También argumentó que, después de que nueve hombres hayan ocupado la secretaría general ahora le toca el turno a una mujer latinoamericana. Aunque sus planteamientos tienen más valor simbólico que decisorio: el papel de España se limita a votar en la Asamblea la propuesta que eleva el Consejo de Seguridad.

Dentro de su papel limitado, sin embargo, el jefe del Ejecutivo español se ha labrado una imagen internacional que cultiva y que hasta ahora le ha dado réditos en momentos de dificultades internas. Es para el cada vez más reducido club de los líderes progresistas, y como se encargó de subrayar el miércoles el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, un referente y está decidido a jugar ese papel.

Ejemplo de resistencia
El presidente defendió que hay esperanza, que hay muchos países, instituciones y personas individuales dispuestos a dar la batalla «en defensa de la naturaleza, la paz y los derechos civiles», llamó a no cejar en ese empeño e incluso se puso como ejemplo de resistencia. Sacó a colación su su rechazo al aumento del gasto militar al 5% del PIB; las sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania, el embargo de armas a Israel, la negativa a prestar las bases españolas para la guerra de Irán o su «condena sin matices al genocidio que Netanyahu sigue perpetrando en Gaza». Y también reivindicó que, frente a la «motosierra» de otros, España ha duplicado su inversión en cooperación y ha aumentado su contribución al sistema multilateral un 60%.

No solo eso. Sabedor de que la crisis de Ceuta le ha puesto en el punto de mira, aprovechó para presentarse como un hombre de principios y valores. «Sé que, en momentos así, la tentación es elegir el atajo. Ceder al miedo, convertir al migrante en enemigo y vulnerar la legalidad. Pero España no va a hacerlo. Y tampoco Ceuta. Porque su ciudadanía está demostrando que se puede afrontar una crisis sin renunciar a la decencia, manteniendo la legalidad y respetando los derechos humanos». dijo.

«Porque España no elige el camino más fácil, elige el camino más justo. Y las fuerzas reaccionarias que quieren destruir el orden multilateral no paran de atacarnos por ello. Quieren que nos acobardemos. Quieren que nos rindamos. Quieren que acabemos creyendo que los Objetivos de Desarrollo Sostenible son causas perdidas. Que defender el bien común es ingenuo. Que cooperar es un acto de debilidad. Pues bien insistió, uo estoy aquí para decirles alto y claro que se equivocan y que no nos vamos a callar». «Los españoles no vamos a dar un paso atrás», zanjó.

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