«La ruta atlántica no empieza en un cayuco»: Canarias reclama políticas de «anticipación»

Las llegadas han caído más de un 57%, pero el Gobierno advierte de que los itinerarios se desplazan a trayectos más largos y peligrosos

El País, Luisa del Rosario González Las Palmas de Gran Canaria, 22-09-2026

«La ruta atlántica no empieza en un cayuco». Con esa frase resumió este martes el viceconsejero de Presidencia del Gobierno de Canarias, Octavio Caraballo, el fenómeno migratorio hacia las islas. Entre enero y el 31 de agosto han arribado al archipiélago 5.163 migrantes, más de un 57% menos que en el mismo periodo del año anterior, pero el descenso no significa que la ruta haya desaparecido. Los movimientos se están desplazando hacia el sur de África Occidental, especialmente hacia Gambia y Guinea-Bisáu, lo que obliga a realizar travesías que pueden alcanzar los 2.000 kilómetros y que son, por tanto, «mucho más mortíferas», según advirtió Caraballo.

Ese es también uno de los principales diagnósticos del informe Ruta Atlántica, Sahel y Canarias elaborado por el Instituto Español de Análisis Migratorio (IEAM) en colaboración con el Gobierno regional y que se presentó este mares. El documento advierte de que la reducción de las llegadas visibles a las islas no implica necesariamente una disminución de la presión migratoria. Los mayores controles en Senegal y Mauritania han limitado algunos de los puntos tradicionales de salida, pero los factores que empujan a la movilidad permanecen y los itinerarios se desplazan hacia Gambia, Guinea y Guinea-Bisáu. El informe considera, de hecho, que la ruta atlántica está actualmente «más contenida que resuelta». Una parte creciente de las salidas es interceptada cerca de las costas africanas antes de alcanzar aguas europeas y, por tanto, nunca aparece en las estadísticas de llegadas a Canarias. El descenso puede esconder también personas que permanecen a la espera en determinados territorios, desplazamientos hacia otros puntos de salida o recorridos que se hacen cada vez menos visibles.

Para el Gobierno canario, esa situación obliga a trabajar antes de que los movimientos alcancen la costa. «Tenemos que planificar y tenemos que anticiparnos», señaló Caraballo, quien insistió en que, aunque actualmente el foco migratorio se haya desplazado hacia Ceuta, «las rutas en la zona de África Occidental se mantienen muy vivas y se mantienen muy activas». El Ejecutivo ha recurrido al IEAM, explicó, para disponer de información sobre el terreno que permita conocer la evolución de cada país y los escenarios que podrían terminar repercutiendo en Canarias.

La directora del IEAM, Beatriz de León Cobo, situó también la anticipación como una de las principales recomendaciones. Para poder diseñar una política migratoria, sostuvo, es necesario conocer «por qué vienen, por qué esas rutas, por qué en ciertos momentos la ruta sube, la ruta baja».

Abrir vía legales
Eso exige, añadió, disponer de una red de información y contactos y reforzar la cooperación en los países de origen, pero también abrir vías legales de movilidad y evitar que la respuesta se limite al refuerzo de la seguridad cuando aumentan las llegadas. «Hay que pensar en políticas migratorias a largo plazo y no solo cuando hay una crisis o cuando hay un momento político determinado», defendió. El «cambio de mirada» supone también alejar el punto de observación de las costas canarias. El propio informe recuerda que «el fenómeno migratorio que llega al archipiélago no comienza en el océano Atlántico», sino mucho antes, en las familias, las economías locales, las zonas de conflicto y los sistemas de movilidad dentro del continente africano.

Malí ocupa un lugar central en ese análisis. La inseguridad, los desplazamientos internos, la pobreza, la crisis alimentaria, la pérdida de medios de subsistencia y el deterioro de las perspectivas económicas forman parte de una cadena que puede terminar, solo en su última fase, en una embarcación rumbo a Canarias. El país cuenta con más de 414.000 desplazados internos y 5,1 millones de personas que necesitan asistencia humanitaria en 2026.

De ahí que Caraballo planteara que la ruta puede comenzar «en una comunidad que pierde su ganado por efectos del cambio climático o en un joven que tiene que elegir entre dos incertidumbres»: permanecer sin perspectivas o asumir el riesgo de marcharse. Durante demasiado tiempo, afirmó, la inmigración se ha analizado cuando ya aparecía en los radares o cuando Salvamento Marítimo salía al encuentro de las embarcaciones. «Tenemos que ser capaces de mirar varios kilómetros, miles de kilómetros», defendió.
El documento incide además en que la mayor parte de los movimientos de población de África Occidental no tiene Europa como destino. Predominan las migraciones dentro del propio continente, ya sean desplazamientos laborales, movimientos hacia ciudades, zonas agrícolas o mineras, países vecinos o desplazamientos forzados.

El refuerzo de los controles puede modificar, además, el recorrido sin eliminarlo. El informe señala que cuando se endurece la vigilancia en Mauritania y el norte de Senegal, las salidas pueden moverse hacia Gambia, Guinea o Guinea-Bisáu, generando trayectos más largos, mayor riesgo y una dependencia superior de los intermediarios. De León lo comparó con una «bolsa con agua»: «Si tapas uno de los agujeros, cae por otro sitio».

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