Merz y su CDU quieren impedir que Die Linke gobierne Berlín

El triunfo del partido Die Linke (La Izquierda) en las elecciones regionales de Berlín activa a la derrotada Unión Demócrata Cristiana (CDU) y al canciller, Friedrich Merz, políticamente debilitado. Junto con los medios de comunicación afines y el Consejo Central judío, quiere impedir que lidere el futuro gobierno capitalino. El SPD se muestra dividido.

Gara, Ingo NIEBEL, 22-09-2026

Friedrich Merz no se va, por ahora. Otras dos elecciones regionales perdidas de la CDU bajo su presidencia, incluida la insólita salida de su partido del hemiciclo de Mecklenburgo-Antepomerania, no le hacen dimitir. Al contrario, sigue dejando claro que le importa poco lo que otros piensan de él y de su política. El domingo, en un acto insólito, subrayó su desinterés por los resultados electorales compareciendo ante la prensa nada más conocerse los pronósticos. Reconoció el «desastre» que se había producido en la tierra a orillas del Báltico y las fuertes pérdidas en la capital, pero se reafirmó en su política de «reformas» y destacó que seguirá al frente del Gobierno. Dicho eso, abandonó la sala.

Su actitud no sorprende porque políticos como él hacen política sin asumir la responsabilidad de sus hechos. El lunes Merz dio carpetazo al tema electoral y pasó a hablar de seguir con el rumbo iniciado con su socio, el Partido Socialdemócrata (SPD), del «extremismo» y «antisemitismo», a los que hará frente.

Obviamente, en la CDU no ha habido nadie que haya cuestionado en voz alta la gestión de su presidente y canciller. Hoy el grupo parlamentario se reunirá con Merz en el Bundestag. Tal vez entonces se le haga saber qué piensan las bases sobre su liderazgo.

Mientras tanto, el canciller intenta poner el foco en el partido Die Linke y su triunfo con casi el 26% de los votos en Berlín, ocho puntos por delante de la CDU. Nada más conocerse el resultado el domingo, los medios afines a la derecha pusieron a la candidata Elif Eralp en su punto de mira. «Berlín al borde del abismo. Entre clanes y extremistas», titula el diario conservador “Welt” un reportaje en vídeo. Acto seguido, se podía leer en qué fiesta electoral de Die Linke había destacados activistas propalestinos y con quién estaban. «Este partido no debe gobernar Berlín», hizo saber el Consejo Central de los Judíos en Alemania a través del diario “Bild”, que, junto con “Welt”, pertenece a la editorial Springer.

Siguiendo el guion, se vinculó a Die Linke con el crimen organizado cuando el jefe de un conocido clan berlinés quiso asistir a una fiesta del partido. Al reconocer quién era, los organizadores le hicieron abandonar el lugar.

Así, Springer dio a la CDU dos látigos para apartar a Die Linke del poder, evitando que forme un tripartito con el SPD y los Verdes ecologistas y meterlos en una coalición bajo su liderazgo. Su temor es que Eralp haga realidad la socialización de las grandes empresas inmobiliarias que posean más de 3.000 viviendas cada una. En Berlín faltan más de 200.000 viviendas de alquiler y los alquileres se han duplicado desde 2014. Por eso, en la consulta popular de 2021, el 58% decidió iniciar la expropiación de dichas empresas.

Aunque el proyecto es legal, el Ayuntamiento de Berlín lo ignoró. La CDU se cerró en banda y el SPD intentó desviarlo en otra dirección. He aquí la razón de la debacle de ambos partidos. Ahora el Gobierno de Merz estudia, mediante una ley federal, evitar que en Berlín se expropien empresas.

No obstante, hay dos aspectos más que por los que temen a Die Linke: el partido arrasó entre los votantes de 16 a 44 años. Además, 51 de cada 100 ciudadanos alemanes de religión musulmana le votaron. En teoría, la formación tiene el potencial de ofrecer una alternativa progresista al modelo racista de la «nación alemana» defendido por Merz, la CDU y la neofascista Alternativa para Alemania (AfD).

Aun así, el éxito obtenido en Berlín no debe entusiasmar porque en Mecklenburgo-Antepomerania Die Linke perdió 3,5 puntos estando en un bipartito con el SPD de Manuela Schwesig. La socialdemócrata remontó considerablemente cuando empezó a criticar la política de Merz, hasta ahora respaldada por los dos presidentes del SPD, el vicecanciller Lars Klingbeil y la ministra de Trabajo, Bärbel Bas. El SPD se halla, como la CDU, en una profunda crisis de identidad.

Después de haber duplicado su voto en Berlín (16%) y Mecklenburgo-Antepomerania (35%), la AfD espera a que alguien quiera gobernar con ella.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)