Alemania y la muerte estelar de Europa

La Voz de Galicia, Jorge Quindimil ACREDITADO COMO CATEDRÁTICO DE DERECHO INTERNACIONAL Y RELACIONES INTERNACIONALES POR LA AGENCIA NACIONAL DE CALIDAD DEL MINISTERIO DE UNIVERSIDADES, 22-09-2026

Una enana blanca es una estrella muerta que sigue emitiendo luz durante millones de años. Incluso los sistemas planetarios siguen activos a pesar de la muerte de su estrella anfitriona. Es decir, una estrella muerta sigue generando luz y actividad. ¿Y si estuviese sucediendo lo mismo con la UE? ¿Y si la UE, fenómeno estelar durante siete décadas, estuviese muerta y solo estuviésemos viendo su luz y su actividad en torno a un cadáver geopolítico?

Las recientes elecciones en Alemania nos sitúan ante el incesante crecimiento de los peores enemigos del proyecto europeo en el corazón de Europa. La ultraizquierda de Die Linke y la ultraderecha de la AfD han extendido el virus de la polarización y de los extremismos para alcanzar éxitos electorales contundentes con derrotas históricas del SPD, primero, y de la CDU ahora. Los partidos tradicionales están abriendo camino a populistas y extremistas, de izquierda y de derecha, incompatibles con el proyecto europeo.

En esta Europa cadavérica, poscomunistas y posfascistas comparten demasiadas cosas, además de la nostalgia por regímenes tan autoritarios y populistas como terroríficos. Comparten antipatía por la UE —proponiendo desde su irrelevancia hasta su desaparición—, simpatía por los enemigos de la UE —especialmente por Putin— o incluso fórmulas económicas similares, coincidentes en incrementar el poder del Estado y reducir el del mercado. Incluso compiten a ver cuál es más antisemita, otrora patrimonio exclusivo de la ultraderecha. En estrategia electoral tienen el mismo objetivo —desbancar a los partidos tradicionales— y el mismo caladero —jóvenes, desfavorecidos, desencantados—, por lo que se vuelcan en las redes sociales sin pudor, ni moral, ni sentido del ridículo. Se diferencian, de momento, en sus estrategias frente a la inmigración. Pero incluso ahí llegan a parecerse, porque ambas son tan populistas como irrealizables.

Al menos desde el 2017, Alemania inició un declive que arrastró a una Europa con graves heridas económicas y políticas. Alemania en especial, pero también la UE, puso su energía en manos de Rusia, su industria a los pies de China y su defensa en los hombros de EE.UU., mientras vivíamos en el trampantojo del estado de bienestar, de la democracia y del Estado de derecho.

El declive económico abona la decadencia política, y viceversa, que terminan creando una espiral favorable a populistas y extremistas de toda ralea, con viento en popa hasta fechas críticas del 2027. En abril habrá elecciones en Renania del Norte?Westfalia, que pueden dar un vuelco general al país y a la CDU, si el canciller Merz es capaz de resistir hasta entonces. A partir de mayo, Francia caerá en manos de un partido de ultraizquierda o de ultraderecha, y con cualquiera de ellos Putin tendrá a tiro la línea de flotación de Europa. Quizá no tenga que matarla. Quizá ya esté muerta, pero siga brillando. Al menos, lo hará hasta marzo del 2027 para poder celebrar el 70 aniversario del Tratado de Roma, creador de ese fenómeno estelar que fue la Comunidad Económica Europea.

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