Cuando el paraíso del bienestar deja de serlo: recortes, paro y xenofobia agrietan el modelo de Suecia y Finlandia
¿Qué está ocurriendo para que dos de los países considerados ejemplos de prosperidad y justicia social presenten tan malas estadísticas laborales?
Público, , 20-09-2026A finales de 2025 tuvo lugar un hecho que pasó algo desapercibido: Finlandia superó a España como el país con más paro de la Unión Europea (UE). Este histórico sorpasso se ha mantenido a lo largo de 2026. Los últimos datos publicados por Eurostat durante la primera semana de septiembre confirman esta tendencia: Finlandia tiene una tasa de paro del 10,5% frente al 10% de España. Si se mira la estadística del paro juvenil (menores de 25) la sorpresa es aún mayor: no solo Finlandia (23,4%), si no también Suecia (24,4%), tienen mayor tasa de paro juvenil que España (22,9%).
“Estos datos de Suecia y Finlandia —Noruega y Dinamarca parecen que por ahora se están librando— son una barbaridad para los estándares nórdicos”, confirma Luis Buendía, profesor de Economía Pública en la Universidad de León y especialista en el modelo de bienestar de los países nórdicos.
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¿Qué está ocurriendo para que dos de los países considerados poco menos que el paraíso del bienestar, la prosperidad y la justicia social presenten tan malas estadísticas laborales? ¿Implica eso que que está en peligro el llamado modelo nórdico o escandinavo basado en una economía de mercado combinada con rigor presupuestario, alta presión fiscal, servicios públicos universales y una tupida red de protección social?
Buendía responde que este modelo de bienestar de los países escandinavos ha cambiado mucho en los últimos 30 años, aunque matiza que cada país tiene sus propias particularidades y que el modelo no está en peligro, “pero sí ha empeorado”.
Autor del estudio ¿Es exportable el modelo nórdico?, Buendía explica que en Suecia, país que conoce muy bien y que siempre fue el adalid de las políticas sociales, “todos los cambios y recortes que ha sufrido el estado de bienestar vienen de antes, de principios de los años 90”. “Fue un Gobierno de derechas el que introdujo cambios muy profundos y abrió la puerta a todo el modelo de privatizaciones. Cuando la legislatura siguiente regresaron, los socialdemócratas no revirtieron esos cambios. Por ejemplo, ahora en Suecia hay muchos servicios que se financian con dinero público, pero son las empresas privadas las que ofertan y gestionan esos servicios”, confirma el profesor universitario.
El modelo de bienestar de los países escandinavos se ha vuelto menos generoso y más condicionado con el paso del tiempo. En las últimos años se han endurecido los requisitos para acceder a prestaciones, se han reformado las pensiones, se han introducido incentivos para regresar al mercado laboral, y también ha aumentado el peso de los mecanismos de mercado en determinadas áreas de servicios públicos.
En este sentido, Iván Serrano, profesor de Ciencia Política en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), recuerda que Suecia siempre se ha erigido, sobre para los países del sur de Europa, como el ejemplo del estado del bienestar, pero que “en realidad la sueca es una sociedad bastante más conservadora de lo que indica este paradigma del bienestar”.
“Esos procesos de privatización del estado de bienestar en Suecia han dado lugar a un aumento de desigualdad”, dice Buendía. Para este experto, eso es lo más preocupante. Buendía recurre a un ejemplo para explicarlo: “Unos padres suecos pueden escoger el colegio privado más elitista y el Estado se lo va a pagar. Pero la cuestión es que, claro, en esos colegios tienen mecanismos de selección de estudiantes que dejan fuera a los inmigrantes y a los pobres”. Hay otro ejemplo muy ilustrativo de esa desigualdad: la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando en Suecia. En los últimos 25 años, el número de multimillonarios ha pasado de 28 a 542 en 25 años, al tiempo que ha aumentado la proporción de hogares con bajos ingresos.
Ese aumento de la desigualdad también se extiende a Finlandia y en menor medida a Dinamarca y Noruega. En cualquier caso, en todos los países el descontento social ha ido a más y ha germinado en un mayor apoyo a la ultraderecha, certifica Buendía. En Finlandia, la ultraderecha forma parte de la coalición de Gobierno y en Suecia, ha sostenido al Gobierno conservador desde fuera, marcando sus políticas hasta las elecciones de este pasado domingo, en las que la izquierda ha recuperado el poder.
La integración de los migrantes
La frustración social se ha dirigido principalmente contra los migrantes. El rechazo al extranjero ha crecido mucho en estos países. Buendía apunta otro factor problemático en este sentido: los países escandinavos están perdiendo su capacidad de integrar a los migrantes como lo hicieron hasta los años 80 del pasado siglo XX. “No están gestionando los flujos migratorios. Desde hace más de 20 años, Suecia se muestra incapaz de integrar a los inmigrantes. A las afueras de Estocolmo o de Malmoe, por ejemplo, han surgido importantes guetos en los últimos años. Si mezclas las dos tendencias, la desigualdad y la migración, entonces es fácil entender situaciones como la actual”, matiza Buendía.
Para Serrano, ese conservadurismo es el que explica ese rechazo a la inmigración. “Más allá del del hecho económico en sí, la cuestión de la inmigración, demuestra que Suecia es una sociedad fragmentada. Lo de los guetos era impensable hace unos años”, incide en su análisis el profesor de la UOC.
“El malestar general tiene que ver con el mercado de trabajo, pero en Suecia ese paro tiene también un componente racializado”, ilustra Buendía al respecto. Los datos confirman las palabras del profesor: el paro entre la población nacida fuera de Suecia ronda el 16%, frente a menos del 8% general, y la brecha de empleo con los migrantes de fuera de la UE alcanza el 22,5%, de las mayores de la OCDE.
Por eso, durante la campaña electoral de las elecciones legislativas que se celebraron hace dos domingos en Suecia se habló más de seguridad e inmigración que de la economía, pese a que el país apenas ha crecido en los últimos cuatro años. En este tiempo, el Gobierno de derechas sueco ha endurecido la política migratoria y de seguridad, ha bajado impuestos y ha impulsado medidas de estímulo al empleo y al consumo. A todo ello, hay que añadir que el que Estado pretende concentrar sus recursos en determinados colectivos y servicios.
Los socialdemócratas van a recuperar el Gobierno en Suecia, pero ya han dejado claro que no van a revertir ninguna de las medidas del Gobierno de derechas en materia de migración. Respecto a medidas que tienen que ver con el modelo de bienestar, los socialdemócratas sí han dicho que quieren revertir algunas de las reformas más dañinas que ha hecho la derecha en el estado de bienestar sueco.
Los socialdemócratas no excluyen un aumento de la presión fiscal, aunque no para los hogares con renta media baja, y también han propuesto también un impuesto para financiar el gasto en defensa y seguridad a largo plazo. Buendía tiene sus dudas: “Yo soy escéptico. Desde el año 2000 los socialdemócratas han gobernado varias veces y nunca han hecho hecho nada para echar atrás reformas de las derechas”.
Pese a todo, Buendía asegura que el modelo de bienestar de los países escandinavos sigue vigente: “Suecia y Finlandia siguen teniendo elevados niveles de recaudación fiscal y altos niveles de gasto público y social, mucho más que España”, concluye el profesor. Lo que también es innegable es que ese modelo se ha deteriorado mucho ante los sucesivos recortes que le han aplicado tanto izquierda como derecha en los últimos 30 años.
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