Ceuta, otra nueva Lampedusa
Diario de Noticias, , 21-09-2026Nadie duda a estas alturas, después de mes y medio de los sucesos de Ceuta, –la entrada ilegal en la ciudad en masa por parte de más de 70.000 inmigrantes, ante la pasividad que no la colaboración de la gendarmería marroquí– que dichos sucesos constituyan un episodio de guerra híbrida. Un tipo de guerra que se lleva a cabo de forma no declarada y a través de medios encubiertos, guerra en la cual está envuelta toda Europa desde hace un tiempo, con la voluntad clara de desestabilizar el continente europeo y debilitar a la Unión. Como muy bien ha dicho la exministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, de visita estos días en Pamplona: “no estamos en guerra pero nos la están haciendo claramente”, en alusión a la entrada de drones rusos en territorio OTAN. No es un secreto que la invasión rusa de Ucrania ha puesto de relieve la determinación del presidente Putin de romper las reglas de seguridad europeas, no respetando las fronteras establecidas y tampoco es un secreto la animadversión del presidente Trump hacia la Unión Europea. El mandatario americano la ningunea siempre que puede y amenaza con retirar las tropas estacionadas en el continente, además de apoyar a la ultraderecha europea, para debilitar la Unión, hasta el punto de declarar que: “la Unión Europea fue formada para fastidiar a los Estados Unidos; ese es su propósito y han hecho un buen trabajo de ello”.
Hay una hipótesis, la más aceptada por los especialistas sobre los autores o colaboradores necesarios, para explicar estos sucesos tan graves del 30 y 31 de julio en Ceuta. Nadie tiene duda de que la política exterior del Gobierno Sánchez ha supuesto un duro quebradero de cabeza para Donald Trump, negativa a aumentar su contribución a la OTAN, negativa a usar las bases españolas para su guerra de Irán y también se ha granjeado la enemistad manifiesta del presidente Netanyahu, por su decidido apoyo al pueblo palestino, denunciado las atrocidades y excesos del Ejecutivo israelí. Por ello en este caso la motivación sería doble, aparte de la dicha anteriormente, genérica contra toda la Unión Europea, también estaría la más específica, la de perjudicar claramente al presidente Sánchez. Dicha acción, entrada ilegal y masiva de inmigrantes, hubiese contando con la colaboración marroquí, por acción u omisión, para crearle un campo de refugiados en su propia casa, una nueva Lampedusa y de paso poner a prueba la alianza de los demás socios europeos.
El Gobierno Sánchez ha actuado tarde y mal, le han faltado reflejos y eso es lo raro. No es típico de un Gobierno que se ha tenido que enfrentar a demasiados retos a lo largo de su mandato desde junio del año 2018; coronavirus, volcán de La Palma, apagones, el procés y la Ley de Amnistía, casos de corrupción y de todos ellos ha ido saliendo airoso. Parece claro que no esperaba este golpe de Marruecos, toda vez que con el cambio en su política hacia el antiguo Sahara español, más promarroquí, amén de las múltiples inversiones españolas en ese país –intercambios económicos en el año 2025 por valor de más de 23.000 millones de euros–, además de la organización conjunta del Mundial de fútbol de 2030, todo ello sellaría de una vez la estabilidad en la relación con el vecino del sur. De ahí su negativa a aceptar la implicación del país vecino; primero no había evidencias y luego cuando apareció el informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), añadió que no eran bastante sólidas.
El 30 de julio, ante la situación de saturación, la Asamblea de Ceuta solicitó al Gobierno central el cierre de la frontera, el despliegue del Ejército y la declaración de la emergencia nacional, recibiendo la negativa del Gobierno central, arguyendo que no había motivos para ello, pese a la gravedad de la situación. La ciudad estaba literalmente invadida por los inmigrantes, que empezaban a colapsar algunas de sus playas, como la del Trampolín. Situación que habría exigido una reunión de buena parte de los miembros del Gobierno en la misma ciudad, presidida por el presidente de Ceuta.
Qué duda cabe que lo ocurrido en Ceuta va a marcar la política en los próximos meses y la próxima campaña electoral. La ciudadanía tiene una percepción de que el Gobierno no ha sabido defender y controlar la frontera de España y que estamos a merced y dependemos de Marruecos. El Gobierno ha dicho desde el principio que es una crisis humanitaria y que hay que atender a los inmigrantes, que han asaltado la frontera, pero no ha transmitido la misma empatía en la defensa de los ceutíes, ciudadanos españoles, y en atender sus quejas y peticiones. Empatía que sí que han tenido los demás españoles con numerosas manifestaciones de solidaridad con Ceuta llevadas a cabo en toda la península. Solo desde Podemos han manifestado que hay que acoger a los inmigrantes; los demás partidos políticos parecen mostrarse cautos y se muestran más proclives a que los recién llegados retornen a Marruecos, al menos aquellos que no tengan derecho al asilo. Actitud prudente ante un posible cambio en el electorado, ahora más proclive a un endurecimiento de las leyes migratorias.
Lo extraño es que el presidente Sánchez desde el primer momento no pidiera el auxilio de la Unión Europea, quizás por orgullo o porque al final tendría un coste en su política migratoria. Así tardó un mes en solicitar dicha ayuda y solamente en el caso de Frontex para ayudar en la filiación de inmigrantes. La Unión Europea tuvo que bloquear una ayuda de 114 millones de euros por falta de concreción del Ministerio del Interior para poder tramitarla, hasta este pasado miércoles, día 16 de septiembre, que ha sido desbloqueada, según el comisario europeo de Interior y Migraciones, señor Magnus Brunner.
Por una vez, esta vez sí, la cuestión de Ceuta era para llevarla al Parlamento Europeo y el Partido Popular le ha ganado la partida al Gobierno Socialista. Y parece que dicho debate en la Eurocámara está dando sus frutos. El martes, 15 de septiembre de 2026, el Parlamento Europeo debatió la crisis de Ceuta y la presidenta Ursula von der Leyen manifestó lo siguiente: “Todas nuestras fronteras exteriores son fronteras europeas. La frontera de Ceuta es una frontera europea. Porque Ceuta es España. Ceuta es Europa. Y Europa estará a vuestro lado”. Y continuó: “La cuestión es que la única solución es una solución europea. Y esa solución es el Pacto sobre Migración y Asilo. Así después de años de trabajo, por fin contamos con un marco europeo común. Un marco que atribuye responsabilidades a todos y que exige solidaridad de todos. Y ahora debe aplicarse plenamente”, ha proseguido la alta funcionaria alemana, mandando un claro mensaje a Marruecos, para que cumpla sus obligaciones como el otro miembro de ese Pacto.
Resulta vox populi que solamente con el pleno respaldo europeo podremos salir del bucle de intimidaciones y presiones a las que nos tiene acostumbrado nuestro vecino alauita, es por tanto un problema bilateral entre la Unión Europea y Marruecos, dado que Ceuta es la frontera externa de la Unión y así debe ser tratado.
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