Un patria con matices

Me parece inquietante que los grandes partidos en nuestro país no puedan alcanzar una posición común sobre Ceuta

La Razón, Susana Díaz, 21-09-2026

Hace 50 días que la tragedia de Ceuta tiene convulsionado a nuestro país. La política se ha mostrado lejos de estar a la altura de los ciudadanos. Una ciudad asolada que no sabe cuándo va a recuperar su normalidad, miles de personas deambulando por sus calles y centenares de niños y especialmente niñas en una situación de desamparo no han sido motivos suficientes para establecer el diálogo al máximo nivel en la política española.

Entretanto la disputa ha llegado a Bruselas, al Parlamento Europeo. Deberíamos estar haciendo autocrítica de la realidad que se está viviendo en nuestra ciudad autónoma y la imagen que se está proyectando de nuestro país y, en cambio, hemos llevado el encanallamiento a las instituciones europeas con el descrédito hacia nuestro país. Es increíble que no hayamos sido capaces de aunar una posición común entre los grandes partidos para defender los intereses de España en Europa. Me pregunto si, más allá de la defensa legítima del Gobierno y de la fiscalización necesaria que debe ejercer la oposición, era imposible acordar una posición común en defensa de los intereses de nuestro país y su frontera sur. No hay espacio para el entendimiento ni siquiera en una emergencia nacional.

No suficiente con este desatino en el marco de la política exterior y comunitaria, la falta de diálogo nos ha llevado a añadir una dimensión judicial al conflicto. Gobiernos de distinto color político han sido incapaces de ponerse de acuerdo sobre los dispositivos previstos para atender a los inmigrantes en Ceuta. Ha sido con relación a los equipamientos en torno al puerto de la ciudad autónoma, pero podía haber sido por cualquiera de los previstos porque no ha habido entendimiento prácticamente en ninguno de los recursos necesarios, desde el acogimiento a menores no acompañados hasta los espacios que deben ser habilitados para la filiación necesaria previa a los expedientes de retorno. Que los sindicatos policiales velen por la necesaria seguridad de los espacios es lógico, que la Audiencia Nacional tenga que actual cautelarmente en una situación de esta gravedad por la falta de diálogo político me parece menos normal. Instituciones europeas, Parlamento comunitario y hasta los tribunales de justicia españoles sufren el efecto colateral de la falta de entendimiento político en esta tragedia.

No puedo creer que los principales partidos en España hayan olvidado las situaciones extremas donde han sido capaces de alcanzar acuerdos superando sus enfrentamientos políticos. Desde la lucha antiterrorista que nos permitió alcanzar un pacto clave en el año 2000 a la propia crisis de Ceuta del año 2021, esta última con los mismos protagonistas de hoy, Juan José Vivas y Pedro Sánchez. La necesaria cooperación institucional en esos momentos estaba fuera de toda duda y de cualquier interés partidista.

Yo misma he tenido la oportunidad de presenciar los acuerdos en beneficio de España y el diálogo entre diferentes en las Cortes. Con apenas veintipocos años contemplaba desde un escaño en las alturas del hemiciclo los cantos a la libertad de Labordeta, cuyo escaño flanqueaba, y el respeto que levantaba en las distintas bancadas. Como observaba la admiración de adversarios políticos al entonces presidente de la comisión constitucional, mi maestro, Alfonso Guerra, incluso entre los separatistas que acababan de escuchar de sus labios que pensaba peinar el Estatut. Había un código no escrito que obligaba a los representantes públicos a dialogar más allá de las paredes de la Carrera de San Jerónimo superando diferencias consideradas insalvables que acababan no siendo tanto.

Las discrepancias en el amor a España no son nuevas. No puedo dejar de imaginar cómo debieron ser las conversaciones entre mi paisano Luis Cernuda, nuestro universal Lorca y quien discrepó políticamente con ellos hasta el final de sus días y no menos reconocido en aquella generación única, Gerardo Diego.

España siempre fue una patria con matices, amada de distinta manera, pero defendida siempre. Nuestras diferencias tampoco son nuevas. Lo que me cuesta entender que en una situación límite como la que estamos viviendo no podamos poner lo mejor de nosotros mismos por nuestro país y por los ciudadanos. Imagino la incredulidad del resto de parlamentarios europeos, de distintos partidos y raíces, cuando vieron a los representantes de España despedazarse en la tribuna, en lugar de pedir la solidaridad, el apoyo y la ayuda unánime de las instituciones comunitarias para con su frontera sur. Mientras, Marruecos está tomando nota. Siempre tomando nota.

Ojalá seamos capaces de entender que el Gobierno tiene derecho a tomar las decisiones, el PP a ejercer su labor de oposición, los tribunales a fiscalizarlas, pero Ceuta no tiene tiempo y eso debería ser nuestra prioridad y única obsesión.

Me parece inquietante que los grandes partidos en nuestro país no puedan alcanzar una posición común sobre Ceuta.

Seguramente, como diría Cernuda: «Si mi vida es pasión, pasión por España», lo anterior no alcanzó a entenderlo.

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