Little Spain ya forma parte del mapa oficial de Nueva York
Desde hoy, la calle 14 también se conocerá como Little Spain-La Nacional Way tras un complicado proceso de reconocimiento que ha llevado varios años
La Razón, , 21-09-2026A partir de hoy, el legado español recupera parte de su lugar en el mapa de Manhattan gracias a Michelle Mirón. Nacida en Brooklyn y de padre gallego, esta intérprete de profesión creció escuchando historias sobre la comunidad española que durante décadas convirtió la calle 14 en uno de sus principales lugares de encuentro en Nueva York. Ahora, después de más de cuatro años de gestiones y perseverancia, ha conseguido lo que parecía imposible, que la ciudad reconozca oficialmente una parte de esa herencia española. Bajo la placa de West 14th Street ahora también podrá leerse «Little Spain–La Nacional Way».
Miron se sienta a conversar con LA RAZÓN y revela los detalles de un logro que va más allá de superar una compleja carrera burocrática, se trata de devolver visibilidad a un capítulo de nuestra historia que, con el paso del tiempo, había comenzado a desdibujarse. «Desde pequeña había escuchado hablar de la Pequeña España, de la calle 14, de sus negocios y de sus bailes», recuerda la neoyorquina con una sonrisa, «mi padre, de hecho, me contaba muchas historias sobre los bailes y la vida de aquella zona».
Años después, su vínculo con La Nacional, la institución cultural española más antigua de EE UU fundada en 1868, transformó aquellos recuerdos familiares en algo más. Mirón se convirtió en la directora de Relaciones Institucionales de la entidad y ese paso le permitió conocer de boca de algunos de sus miembros y antiguos vecinos del barrio un sinfín de historias cotidianas que, unidas, reconstruían un capítulo casi olvidado de la diáspora española en Nueva York. «He hablado con muchas personas que han vivido o crecido en el barrio, y me han contado sus recuerdos, sus anécdotas sobre la Pequeña España», explica a este periódico. A esos testimonios se sumó el trabajo de investigadores, profesores e historiadores que llevan años documentando más de un siglo y medio de presencia española en el West Side de Manhattan.
Con este punto de partida, Miron se embarcó en esta aventura hace más de cuatro años porque sentía que aquel legado no podía depender únicamente de la memoria de quiénes aun podían contarlo. «Pensé que había que hacer un esfuerzo para que esa historia española de la calle 14 no se perdiera». Fue entonces cuando le planteó a su equipo la posibilidad de conseguir un co – naming (renombre), que básicamente consiste en una denominación honorífica, Little Spain – La Nacional Way, que convive con el nombre oficial de la vía, en este caso calle catorce. Ya no era únicamente una cuestión sentimental, sentía que se lo debía a todos aquellos que durante años le habían confiado sus recuerdos de otras épocas.
Durante buena parte del siglo XX, los inmigrantes españoles abrieron negocios y restaurantes, fundaron instituciones y participaron junto a otras comunidades en la vida económica y social de Nueva York. Algunas empresas surgidas de ese entorno, como Goya o Café Bustelo, terminaron convirtiéndose en marcas reconocidas en todo el país. La Nacional es uno de los grandes vestigios de aquel mundo. Fundada en 1868, es la institución española más antigua de Estados Unidos. Desde 1925 ocupa el número 239 de West 14th Street, un edificio que durante décadas funcionó como punto de encuentro, red de apoyo y puerta de entrada para los españoles recién llegados a la Gran Manzana y que hoy sigue siendo uno de los principales guardianes de aquella memoria. «Conocemos la historia de los italianos, y por eso existe Little Italy; conocemos la historia de la comunidad china, porque tenemos Chinatown; conocemos la historia de los coreanos, porque tenemos K – Town». Y añade, «sin embargo, prácticamente nadie conoce la historia de la inmigración española en Nueva York».
A quien escribe estas líneas, española y residente en Nueva York desde hace una década, no deja de llamarle la atención que Mirón conozca al detalle muchas de las huellas que nuestro país dejó en esta ciudad. La neoyorquina habla de ese legado con una precisión sorprendente, como cuando desvela el posible secreto que esconde la estación de metro de Eighth Avenue y 14th Street, por donde circulan las líneas A, C y E. «Puedes ver unos azulejos en las paredes que recuerdan claramente a los colores de la bandera española», cuenta. Ella advierte de que los historiadores no han podido establecer una relación oficial entre aquel diseño y la antigua comunidad española, pero esa coincidencia se ha convertido en otra de las pequeñas historias que mantienen viva la memoria del barrio.
Convertir esta ilusión en reconocimiento oficial no fue ni rápido ni sencillo. El proceso exige el apoyo de la comunidad, la intervención de la Community Board y la aprobación legislativa del Ayuntamiento, además de mucha paciencia para seguir cada uno de los pasos administrativos.
Lo más complejo fue recoger las firmas de la comunidad. Los apoyos debían cumplir unos requisitos específicos, además de acreditar que los firmantes eran residentes del barrio. De hecho, la primera tentativa de recopilarlos no funcionó del todo bien. Mirón abordó a vecinos y aprovechó la presencia de personas que pasaban por La Nacional, pero el proceso era demasiado lento y complejo. «En aquel momento la tecnología tampoco ayudaba demasiado», recuerda.
Dos años después, las plataformas digitales permitieron compartir la petición de forma mucho más efectiva entre los residentes de la zona pero, aun así, hubo momentos en los que dudó, porque los obstáculos a veces se acumulaban. «Los plazos eran estrictos y, si no conseguía reunir los apoyos a tiempo, el proceso podía quedar invalidado y tendría que empezar prácticamente desde cero», relata. «Desde el principio sabes que la posibilidad de que no te lo aprueben es muy alta». Sin embargo, la recompensa, después de tantos años, acabó estando a la altura del esfuerzo. Cuando se enteró de que se había aprobado el nuevo nombre callejero, «honestamente, se me puso la piel de gallina», asegura sonriendo. «No me lo podía creer, cuando deseas algo con tanta ilusión, siempre existe ese pequeño miedo de pensar: ¿y si al final no sale?»¨. Cuando finalmente llegó el sí, confiesa que se le «escaparon unas lagrimitas».
Mirón cumple una deuda con quienes creyeron en ella. «Para mí, este reconocimiento es también una manera de decir un enorme ‘gracias’ a la Pequeña España». No olvida a quienes dieron vida a aquel barrio, en el que, según recuerda, llegaron a vivir cerca de 30 mil españoles. «Muchas personas mayores que todavía vienen por aquí me dicen siempre lo mismo, asegúrate de que nuestra historia en la calle 14 no desaparezca». Además, piensa en quienes vendrán después. «No quiero que solo sirva para mirar hacia atrás», afirma, «es una forma de reconocer los logros y los sacrificios de quienes vinieron antes, pero también sirve como un llamamiento a las nuevas generaciones para que aporten algo nuevo y mantengan viva la cultura española».
Y lo ha conseguido. Desde hoy, quienes levanten la vista en la esquina de la calle 14 con la Octava Avenida, verán un nombre que durante años perteneció a la memoria colectiva del barrio, pero ahora es ya una realidad y forma parte del callejero oficial de la Gran Manzana.
(Puede haber caducado)