Las malas relaciones entre Le Pen y Bardella lastran la campaña de la extrema derecha francesa

Pese al favoritismo que le auguran las encuestas, la líder ultra inicia el camino hacia las elecciones presidenciales de 2027 con un enfrentamiento con su número dos

Diario Vasco, Enric Bonet, 20-09-2026

En Francia suelen gustarles las metáforas deportivas, especialmente las ciclísticas, para describir el momento político. La precampaña de las elecciones presidenciales de la próxima primavera ha empezado con un claro escapado respecto al pelotón de aspirantes: Marine Le Pen. La líder de la extrema derecha gala lidera las intenciones de voto de cara a la primera vuelta —le otorgan entre el 34% y el 31%— y cuenta con opciones de ganar en la segunda. Pese a su condición de favorita, la candidata de Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés) ha tenido un inicio complicado del curso político. Y corre el riesgo de que la campaña se le haga larga.

El diario conservador ‘Le Figaro’ ha descrito la ‘rentrée’ de Le Pen como «caótica», mientras que el digital de izquierdas ‘Mediapart’ aseguró que la líder de la derecha radical ha empezado el curso político «en un terreno minado». Esto se debe a una serie de polémicas que le han acompañado desde principios de mes. Su partido tuvo que expulsar a un militante y agente de Policía de Carcasona, tras la publicación de un vídeo en que aparecía haciendo comentarios racistas y misóginos y en los que acusaba falsamente a la primera dama, Brigitte Macron, de ser una mujer transexual. Los lepenistas también recibieron numerosas críticas después de que el vicepresidente de la formación, Louis Aliot, pidiera poner punto final a las ayudas a Ucrania.

No obstante, el mayor dolor de muelas de Le Pen se debe a sus deteriorados vínculos con su número dos, el eurodiputado Jordan Bardella. Su folletín judicial, que le permitió salvar su candidatura menos de un año antes de los comicios —los jueces volvieron a condenarla el 7 de julio por la malversación de tres millones de euros del Parlamento Europeo, pero rebajaron la pena de inhabilitación—, dejó una huella en la relación entre la líder y su joven delfín, de 31 años. Durante meses, Bardella se preparó ante su eventual candidatura y se atrevió a llevar la contraria a Le Pen, algo poco habitual en esta formación vertical y dirigida con mano de hierro.

Desde que la número uno de RN recuperó su condición de candidata, no ha dudado en mostrar su autoridad ante su número dos. Apartó de la dirección del partido a François Durvye, consejero especial de Bardella, acusándolo de «ser desleal». Este exbanquero, que tenía como objetivo estrechar los vínculos entre los lepenistas y las élites económicas, oficializó que dejaba la formación durante la universidad de verano del Medef (principal organización patronal). Y eso no le gustó ni un pelo a Le Pen.

Según el diario ‘Libération’, la líder de la extrema derecha tomó la decisión de echarlo después de que Durvye intentara convencer el 7 de julio a Bardella de que anunciara su candidatura, antes de que lo hiciera esa misma tarde su mentora. Pero Nolwenn Olivier, una de las sobrinas de Le Pen y su directora de comunicación —y que es, asimismo, la exnovia del eurodiputado— vio esa escena. Entonces, «se fue cabreada a alertar de la conjura que estaban tramando» a su tía, informó ese medio.

Otra sobrina, sin embargo, ha contribuido a tensar aún más las relaciones entre Marine y el número dos de esta formación, conocida por su fuerte componente familiar. Se trata de Marion Maréchal, de 36 años, cercana al núcleo dirigente de Vox. Aunque esta mediática eurodiputada traicionó a su tía hace cinco años y se sumó a la candidatura del ultraderechista Éric Zemmour cuando tenía el viento en popa —al final solo obtuvo el 7 % de los votos—, ahora quiere volver al partido de su familia.

Marine le ha abierto las puertas y quiere que tenga un papel importante en la carrera al Elíseo. De hecho, la aspirante ha dado roles importantes a varios de sus familiares, como su otra sobrina Nolwenn, su hermana Marie – Caroline y su suegro Philippe Olivier (es su principal asesor). Pero ha molestado, especialmente, a Bardella el posible retorno por la puerta grande de Marion Maréchal. Según ’L’Express’ y ‘Libération’, se fue a principios de mes de una reunión en la que discutían sobre el papel de la sobrina. Abandonó el encuentro dando un portazo y con un tono amenazante: «Tenéis que escoger entre ella o yo».

Por un lado, Bardella ve en Marion Maréchal una potencial rival de cara a una posible sucesión de Le Pen, de 58 años. No dudó en criticarla recientemente después de que se conociera su presencia en la inauguración de una exposición en contra del aborto en el Parlamento Europeo. «¿Os sorprende? A mí, no», dijo a los medios. Por el otro, ambos compiten por encarnar en las filas lepenistas una línea nacional – conservadora, que busca estrechar los vínculos con la derecha tradicional. Y así distinguirse del estilo y la estrategia populista de la aspirante de RN.

Por ese motivo, Bardella no dudó en los últimos meses en marcar distancias respecto a algunas de las medidas defendidas a capa y espada por Le Pen. De hecho, se opuso a la polémica decisión de recuperar la promesa electoral de prohibir el velo musulmán en el espacio público, que Agrupación Nacional había abandonado en 2024. También pidió renunciar a la rebaja de la edad mínima de jubilación de 64 a 62 años.

«Es normal que cada uno de nosotros tenga su carácter y sus sensibilidades», declaró el eurodiputado a la cadena BFM TV, intentando minimizar las diferencias con la presidenciable. Unas explicaciones que no convencieron a todo el mundo en las filas lepenistas. Un asesor del partido lamentó en declaraciones a ‘Le Figaro’: «Normalmente, cuando todo va bien, no hace falta repetirlo en cada programa de televisión».

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