El ultra Vannacci quiere imponer el «patriarcado mediterráneo» en el sistema educativo italiano

El nuevo partido de extrema derecha pretende acabar con las charlas sobre sexualidad en las aulas porque «criminalizan lo masculino»

Diario Vasco, Darío Menor, 20-09-2026

El 15% de las mujeres italianas había sufrido algún tipo de violencia física o sexual antes de cumplir los 16 años. En la mayoría de los casos el agresor es un familiar o amigo. Esa es la principal conclusión del detallado informe publicado esta semana por el Istat, el instituto oficial de estadística italiano, que pone cifras al problema de la violencia contra las mujeres en un país donde el machismo sigue estando muy presente en parte de su población. Y eso que la cifra de feminicidios no ha parado de caer en los últimos años. Fueron 97 en 2025, frente a los 118 de 2024, los 120 de 2023 y los 130 de 2022, según los datos del Ministerio del Interior. Los asesinos de mujeres pertenecían en un 85% de los casos al círculo afectivo y familiar, confirmando así las conclusiones del estudio del Istat.

Los pasos adelante que ha dado la sociedad italiana en este ámbito están amenazados por la irrupción del nuevo protagonista del tablero político. Se trata del general retirado Roberto Vannacci, europarlamentario y que antes pertenecía a la Liga, la formación liderada por Matteo Salvini. El exmilitar ahora lidera su propio partido de ultraderecha, Futuro Nacional (FN), con el que ha llegado al 8% en los sondeos en intención de voto y amenaza así las posibilidades de que la primera ministra, Giorgia Meloni, consiga un nuevo mandato en las elecciones del año que viene.

A sus soflamas en contra de los inmigrantes y la negativa a apoyar a Ucrania frente a la invasión rusa, Vannacci suma todo un ideario social con el que pretende restaurar el «patriarcado mediterráneo». Su programa electoral aboga por formar a «hombres fuertes, capaces de dominar las emociones y las pasiones, protegiendo a las mujeres y ofreciéndose a sí mismos para la construcción y la defensa de la sociedad». También afirma FN en el citado documento, sin aportar ningún dato, que «donde desaparece la sociedad patriarcal aumenta la violencia contra las mujeres».

En su cruzada contra aquellos que tratan de desmontar el patriarcado de la sociedad italiana, Vannacci ha puesto en el punto de mira a Gino Cechettin, el padre de una estudiante asesinada en 2023 a manos de su exnovio. Aquel crimen provocó una enorme conmoción social en el país y marcó un antes y un después en la lucha contra los feminicidios, en parte por las continuas charlas que Cechettin ha ofrecido desde entonces ante los jóvenes para tratar de mostrar que es posible otro modelo de hombre.

FN pretende que Cechettin no vuelva a pisar las escuelas italianas porque «criminaliza lo masculino». «Con los eslóganes y las proclamas no se resuelven nunca los problemas. Se afrontan estudiándolos, entendiendo las causas y la evolución. Sólo los especialistas, los sociólogos y los pedagogos pueden dar una respuesta. Y la respuesta es precisamente la educación sexual y afectiva que estamos llevando adelante», respondió Cechettin a las críticas del partido de Vannacci.

Aunque sin llegar al extremo planteado por FN, la coalición conservadora que sostiene al Gobierno de Meloni tampoco lo ha puesto nada fácil para que la educación sexual y afectiva llegue a las aulas. El ministro de Educación, Giuseppe Valditara, miembro de la Liga, la ha prohibido en primaria, mientras que en la educación media y superior sólo se ofrece a los menores cuyos padres hayan mostrado su consentimiento. Esta exigencia deja fuera precisamente a los niños y adolescentes que más necesitados están de conocer otros modelos de relaciones, como advierten los expertos. «Aprender a amar es un derecho para el que no haría falta el consentimiento de los padres. Como tampoco pedimos permiso para enseñar a los niños matemáticas», explicaba en Rai Radio 1 el célebre pedagogo Daniele Novara.

La ideología de fondo del ministro Valditara sobre esta cuestión la expresó de manera clara cuando afirmó hace dos años que «el patriarcado murió hace 200 años» y achacó los feminicidios a la inmigración, olvidando que las estadísticas muestran que la violencia machista es transversal a las distintas clases sociales y orígenes. Para Cechettin el problema tiene su raíz en la forma de vivir las posiciones de poder dentro de la sociedad. «Esto hace que se vea a la mujer como un objeto de tu propiedad», lamenta. Parece difícil que este militante contra los feminicidios vaya a seguir siendo escuchado en las escuelas si las próximas elecciones confirman la previsión de las encuestas y Vannacci acaba convirtiéndose en la pieza imprescindible para que Meloni continúeen el poder.

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