Los inmigrantes protestan porque «no hay para cargar el móvil» en los campamentos del Puerto de Ceuta
Las playas del Trampolín y Benítez siguen ocupadas por los asentamientos ilegales. «No hay diferencia, ninguna»
La Razón, , 19-09-2026«Estamos en otro centro de alojamiento, donde no hay ni siquiera baño ni un sitio para ducharnos».
Llevaba días merodeando por el Puerto de Ceuta. Pensando que en aquellas carpas que terminaban de instalar unos operarios, junto al Banco de Alimentos y la reserva de petróleo de la ciudad, lograría en los próximos días un techo y un lecho. Pero ayer,
Youssef
se llevó una decepción. Otra más.
En cuestión de horas, todas las plazas estaban cubiertas y, finalmente, este joven de veinticuatro años oriundo de Casablanca que entró a España nadando por la playa del Tarajal,
encontró lo que buscaba en una suerte de nave portátil que se sitúa en otro campamento distinto
, a unos quinientos metros del destino que él anhelaba.
Es el golpe de realidad de uno de los miles de inmigrantes que cruzaron la frontera en la invasión de julio, movidos muchos de ellos por un ideal que no es tal. Papeles, ayudas, trabajo. Fútbol. Eran los cebos que las redes sociales les pusieron por delante y que mordieron. Ahora,
su destino es un albergue con apariencia de campo de refugiados. Y esperar.
Desde ayer, las parcelas del Puerto, el enclave más estratégico de la ciudad, acogen por orden del Gobierno de España un total de 1.700 inmigrantes que se encuentran repartidos en dos recintos alejados entre sí. En uno, que es en el que se encuentra Youssef, la logística consiste en una nave portátil alargada con hileras de literas. Todas ellas con colchones, sábanas y toallas a estrenar.
El otro son unas sesenta carpas de plástico en las que caben dieciséis inmigrantes, que están repartidos en ocho literas. Es en este recinto donde se habían instalado los primeros baños portátiles. En la mañana, Youssef asegura que en su recinto no había baños. «Pero ahora sí hay», matizaba a última hora de la tarde. Aún así, protestaba:
«No nos están cuidando de la manera que necesitamos. No hay ningún lugar para cargar el móvil».
Las playas ocupadas
La operación, que se puso en marcha a primera hora de este viernes, tenía entre otros objetivos desmontar el mayor asentamiento ilegal que se ha creado en la ciudad autónoma luego del asalto masivo: el que se extiende desde Playa Benítez hasta el Trampolín. Sin embargo, el cartel de «completo» que colgó el Puerto no sirvió para vaciar las chabolas, que siguen estando repletas de inmigrantes.
Lo atestigua Julián Domínguez, jefe de Medicina Preventiva del único hospital de la ciudad y alma máter del sanatorio improvisado de la Cruz Roja que, tarde tras tarde, atiende a los inmigrantes.
«El Trampolín está completamente lleno. Ven aquí y míralo. Está lleno, igual. Es una pasada. No hay diferencia. Ninguna»
, asegura a LA RAZÓN.
De momento, los voluntarios de la Cruz Roja tienen pensado seguir yendo con la misma anormalidad de los últimos cincuenta días a ofrecer asistencia sanitaria a los que allí sigan. El principal signo de que la normalidad sigue siendo una palabra proscrita en la ciudad.
«Esto es todo una pesadilla, horroroso.
Lo de esta mañana ha sido un caos y ahora resulta que se llevan a 1.700 inmigrantes al Puerto y no cambia nada».
Souhail
, un treintañero procedente de Tetuán es uno de los que seguirá durmiendo sobre la arena del Trampolín. Reconoce que ayer pasó miedo. Después de días en los que se palpaba una creciente tensión, llegaron los agentes de seguridad dispuestos a trasladarlos a todos. No fue su caso.
Souhail
permaneció en una cueva entre las rocas y el mar que desde hace un mes y medio es lo más parecido que tiene a un hogar.
En su caso, recela del albergue porque teme que sea la antesala de una filiación que termine con su expulsión a Marruecos. Como él, son miles los que continúan durmiendo en la calle. Al rasao.
Ya son 6.000 las plazas habilitadas por el Gobierno. Y todo sigue igual.
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