Marruecos fía a Trump su proyección internacional y se abraza a Israel en plena crisis de Ceuta
Las oficinas de enlace de ambos países se convertirán en embajadas tras un acuerdo que profundiza los vínculos de Rabat con el Gobierno de Netanyahu.
Público, , 18-09-2026Con la Administración Trump como artífice, Israel y Marruecos firmaron este jueves en Nueva York una declaración por la que elevan sus relaciones diplomáticas: sus oficinas de enlace pasarán a ser embajadas y, por primera vez, intercambiarán embajadores. El acuerdo convierte a Rabat en el primer Estado árabe que profundiza sus vínculos con Israel desde que este recrudeció el genocidio en Gaza tras el 7 de octubre de 2023. La firma coincidió con el pleno de la Eurocámara que este jueves advirtió a Rabat sobre la soberanía española en Ceuta.
El acuerdo también devuelve el Sáhara Occidental al centro del tablero. El texto de la declaración conjunta reafirma el reconocimiento estadounidense e israelí de la soberanía marroquí sobre todo el territorio, donde el reino y el Frente Polisario libran desde 2020 una guerra de baja intensidad en la que Rabat está haciendo un uso cada vez mayor de armamento y softwate israelí.
Los ministros de Exteriores de Israel, Gideon Sa’ar, y de Marruecos, Nasser Bourita, se reunieron con el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, un día después del sexto aniversario de los Acuerdos de Abraham. La declaración prevé restablecer antes de fin de año los vuelos directos, cerrar en 2026 acuerdos de protección de inversiones, organizar visitas de alto nivel y ampliar la cooperación en comercio, energía y seguridad regional.
Una alianza que viene de lejos
La relación entre Israel y Marruecos es muy anterior a los Acuerdos de Abraham, y Washington, deseoso de acercar a sus dos grandes aliados en el Magreb y en Oriente Próximo, la ha impulsado en momentos decisivos. A comienzos de los sesenta, el rey Hasán II pactó en secreto con Israel la salida de unos 90.000 judíos a cambio de un pago por cada emigrante. En 1965 permitió al Mosad espiar la cumbre de la Liga Árabe en Casablanca, una información que, según fuentes israelíes, resultó valiosa en la guerra de 1967. En 1994, ambos países abrieron oficinas de enlace, que Rabat cerró en 2000, durante la Segunda Intifada.
El vínculo se reactivó en diciembre de 2020, cuando el primer Gobierno de Trump impulsó los Acuerdos de Abraham para normalizar a Israel en el mundo árabe. Los suscribieron ese año Emiratos Árabes Unidos, Baréiny Sudán. Marruecos se sumó a cambio de que Washington reconociera su soberanía sobre el Sáhara, algo que Trump anunció en Twitter el 10 de diciembre, a seis semanas de dejar la Casa Blanca. La declaración de este miércoles invoca aquel pacto tripartito, firmado el 22 de diciembre de 2020. Desde entonces, Rabat ha anclado su proyección exterior en Estados Unidos, su principal valedor internacional, y en Israel, convertido en proveedor clave de armamento y tecnología de vigilancia.
El Sáhara, moneda de cambio
La elevación diplomática llega envuelta en el mismo intercambio que la hizo posible. Estados Unidos e Israel —que reconoció la soberanía marroquí en julio de 2023— reafirmaron en el Acuerdo de esta semana ese reconocimiento “sobre la totalidad del territorio del Sáhara Occidental”. También respaldan el plan de autonomía marroquí como “única base” para una solución “justa y duradera”. El apoyo llega en el momento de mayor ventaja diplomática para Rabat, después de que España (marzo de 2022), Francia (julio de 2024) y Reino Unido (junio de 2025) avalaran ese plan como “mejor” vía de solución.
Sobre el terreno, el alto el fuego que Marruecos y el Frente Polisario firmaron en 1991 se rompió en noviembre de 2020, y desde entonces tiene lugar una guerra de baja intensidad donde Rabat recurre cada vez más a los drones de fabricación israelí. El pasado 7 de junio, un ataque con drones mató a Lahbib Mohamed Abdelaziz, dirigente saharaui e hijo del histórico líder del movimiento, Mohamed Abdelaziz, y a dos combatientes más. Ocurrió mientras el enviado de la ONU, Staffan de Mistura, visitaba los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Israel no es nuevo en este conflicto. Según fuentes saharauis y periodísticas, asesores militares israelíes participaron en los años ochenta en el diseño del muro que parte el territorio en dos: una barrera de arena de más de 2.700 kilómetros que separa la zona ocupada por Marruecos de la que controla el Polisario.
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En noviembre de 2021, Marruecos e Israel firmaron el primer acuerdo de defensa israelí con un país árabe. Desde entonces, el reino ha contratado a empresas israelíes sistemas antiaéreos, artillería y radares, y en enero sus ejércitos cerraron un plan de trabajo conjunto para 2026.
La cooperación ha llegado también a la fabricación. BlueBird Aero Systems, filial de la industria aeroespacial estatal israelí, ha levantado en Benslimane, cerca de Casablanca, una planta de drones kamikaze: aparatos que sobrevuelan la zona hasta localizar un blanco y se estrellan contra él. El Polisario y el diario francés L’Humanité sostienen que Marruecos ya emplea drones israelíes al este del muro, algo que Rabat no ha confirmado.
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Pegasus, el programa espía de la empresa israelí NSO Group cuya venta autoriza el Ministerio de Defensa de Israel, se ha usado contra políticos y periodistas españoles, y todos los indicios apuntan a Marruecos. En 2021, el consorcio Forbidden Stories situó a Rabat entre los presuntos clientes del programa y halló en su lista de objetivos el número del periodista Ignacio Cembrero. El Centro Criptológico Nacional confirmó ataques con Pegasus contra los móviles de Pedro Sánchez y de los ministros Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska. Del teléfono del presidente se extrajeron 2,6 gigas en mayo de 2021, durante la crisis de Ceuta de aquel año. En julio, una nueva investigación del mismo consorcio atribuyó a los servicios secretos marroquíes la selección de más de 200 teléfonos españoles como posibles objetivos, entre ellos los de cargos públicos, disidentes marroquíes residentes en España, militantes saharauis y periodistas. La Audiencia Nacional archivó la causa en 2023 y de nuevo en enero de 2026 sin determinar la autoría, alegando la falta de cooperación de Israel.
Madrid, en mínimos
El acuerdo llega con la relación entre Madrid y Tel Aviv en su punto más bajo. Israel retiró a su embajadora en mayo de 2024, tras el anuncio de que España reconocería al Estado palestino, y el Gobierno cesó en marzo a la suya para igualar la representación.
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En plena crisis de Ceuta, el 31 de agosto, Pedro Sánchez señaló a Rusia, a Israel y a una internacional ultraderechista como difusores de los bulos que, dijo, alentaron la entrada masiva de migrantes. De Marruecos aseguró no tener “ni un indicio”. Días después rebajó el tono y aseguró que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) no había podido determinar quién estaba detrás de los llamamientos.
Días después, el 10 de septiembre, la encargada de negocios israelí en España, Dana Erlich, negó en Madrid cualquier vínculo de su país con la crisis. Reivindicó la alianza con Marruecos para “colaborar juntos contra amenazas conjuntas”, y también advirtió a que “no trabajar con Israel sobre nuestra defensa tiene también un precio sobre los ciudadanos españoles”. Declaraciones que generaron un gran revuelo político pero que el Gobierno español no respondió.
Nada de ello refleja el sentir de la calle marroquí. El apoyo a normalizar con Israel se hundió del 31% en 2022 al 13% tras el 7 de octubre, según el Barómetro Árabe, y el Índice de Opinión Árabe de 2025 deja el respaldo a reconocer al Estado israelí en un 6%, frente a un 89% de rechazo. En el Palacio Real, donde de verdad se decide, la cuenta sale distinta: blindar la relación con Washington y con Tel Aviv es la vía más eficaz para consolidar su posición en el Sáhara.
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