Mbappé, Konaté y Café au lait

Los jugadores de un club de fútbol no pueden desentenderse del territorio al que representan y por el que dan en el campo, simbólicamente, la vida

ABC, Chapu Apaolaza, 18-09-2026

Como he sabido, varios jugadores de origen africano del Real Madrid, de los que ahora llaman racializados, se pusieron a medias la camiseta de «Todos somos caballas» para salir al campo con su equipo en apoyo a Ceuta, y la llevaban a la remanguillé. … No ayudaba que, por efecto del pliegue sobre la barriga que no tienen, en lugar de «caballas» se leyera «canallas». Digo que llevaban la camiseta a dos aguas y quedaban ahí, indeterminados, seriotes, incómodos, un poco ridículos. Uno no podía tomárselos en serio en la medida en que estaban recordando a aquellos temibles miembros de la resistencia que aparecían en una escena de la magnífica película Top Secret, que tenían nombres ridículamente franceses, como Croissant, Crêperie y Café au lait. Vinicius era clavadito a Café au lait: aquí están Mbappé, Konaté y Café au lait.
El gesto de ponerse la camiseta a medias resultó mucho peor que el de no ponérsela. Ahora que lo pienso, los jugadores han hecho gestos con todo tipo de campañas y los deportistas han protestado hasta contra la talla 38; ya es casualidad que tuvieran problemas con este gesto casualmente y lo dejaran a medias. Quizá, si se hubieran solidarizado con una tribu de arapahoes o en defensa del tejón, Melero, no hubieran tenido estos remilgos. Pero, ay amigos, se trataba de España y defender a este país sigue siendo, como se dice ahora, de una enorme complejidad. Si se tratara de solidarizarse con la cría de delfín que los inmigrantes del trampolín se cocinaron con papas en amarillo, no hubieran dudado en ponerse del lado del cetáceo, ni tampoco si hubiera sido cualquier Lives Matter. Acaso debieran reformular el apoyo a Ceuta como Ceutís Lives Matter, les iría mejor.

Con todo, tenían su gracia allí medio vestidos, como si no les entrara la camiseta, con ese aire simpático que se me dan los niños gordos. No hay nada mejor que un niño gordo en la playa, jugando despreocupado: resulta hipnótico y adorable como una cría de hipopótamo. Digo que Café au lait y sus compañeros se habían arremangado la camiseta, que reflejaba un problema mayor. Esto no se lo he contado a mis hijos, especialmente a la mediana, que con siete años me dijo que su persona favorita era Kylian Mbappé que seguro que es un tipo fantástico, además de un gran futbolista, y que juega en el mejor equipo del mundo, como es natural. Pero aquí se proyecta un problema que va mucho más allá de él mismo. En una esforzada entrevista, el jugador francés dio unas explicaciones en las que contaba que no quería priorizar la protesta entre lo que sufren los ceutíes y los pobres inmigrantes que murieron ahogados en el asalto del 30 y 31 de julio. Yo creo que se equivoca la estrella del fútbol. En cuanto a los que mataron a los inmigrantes ahogados, no fueron los ceutíes, sino los que los arrojaron al mar, los que los arengaron, los que abrieron la puerta. Tampoco le vas a pedir a un futbolista de estos que te resuelva los problemas del milenio, porque les piden que metan goles y no que hayan descubierto la pólvora. Pero si le damos una vuelta, apreciamos que, por la globalización administrativa, los jugadores de un club de fútbol no pueden desentenderse del territorio al que representan y por el que dan, simbólicamente y en el campo, la vida.

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