Ulf Kristersson, el conservador que normalizó a la ultraderecha en Suecia
El líder de los moderados rompió el "cordón sanitario" con los Demócratas Suecos para endurecer la política migratoria y de seguridad
La Razón, , 18-09-2026Llegó al poder en 2022
después de romper un tabú de la política sueca: gobernar con el apoyo decisivo de los ultraderechistas Demócratas Suecos (SD). Cuatro años después,
Ulf Kristersson
deja el Gobierno tras perder las elecciones frente a una oposición de centro izquierda que se impuso por un margen estrechísimo (apenas 50.000 votos). Su dimisión pone fin a una etapa que transformó de manera profunda el equilibrio de la derecha sueca.
Kristersson pertenece a una generación de conservadores suecos que aprendió a hacer política en un sistema donde SD era una fuerza marginal. Cuando asumió el liderazgo de los Moderados en 2017, el partido llevaba años intentando encontrar una respuesta a la creciente presión electoral de
Jimmie Åkesson. Cinco años después, Kristersson decidió hacer algo que había sido políticamente impensable durante mucho tiempo: convertir a los Demócratas Suecos en socios parlamentarios imprescindibles.
El resultado fue el Gobierno que tomó posesión el 18 de octubre de 2022. Kristersson formó una coalición con Moderados, Demócrata Cristianos y Liberales, sostenida parlamentariamente por los Demócratas Suecos mediante el
Acuerdo de Tidö. El pacto convirtió a Åkesson en el principal aliado externo del Ejecutivo y modificó de manera profunda el equilibrio de la derecha sueca.
La decisión definió el mandato de Kristersson. El primer ministro consiguió llevar a la derecha tradicional al poder, pero al precio de aceptar que los Demócratas Suecos tuvieran una influencia mucho mayor sobre la política nacional. Inmigración, integración, delincuencia y endurecimiento penal pasaron a ocupar un lugar central en la agenda del Gobierno.
Kristersson, sin embargo, intentó presentar su gestión como algo más amplio. Su campaña de 2026 se articuló alrededor de una idea sencilla:
Suecia estaba avanzando en la dirección correcta y necesitaba mantener el rumbo. Los Moderados defendieron los resultados económicos del Gobierno y subrayaron la reducción de determinados indicadores de violencia relacionada con las bandas. Su discurso combinó economía y seguridad: trabajar debía resultar rentable, el delito debía tener consecuencias y el Estado debía recuperar autoridad.
Era un mensaje coherente con la evolución de la política sueca durante los últimos años, pero también con la propia trayectoria de Kristersson.
Nacido en Lund en 1963 y criado en Torshälla, cerca de Eskilstuna, estudió Economía en Uppsala y se incorporó muy joven a la política.
Presidió las juventudes moderadas entre 1988 y 1992
, fue diputado, trabajó en el sector privado y ocupó responsabilidades municipales antes de regresar al Gobierno como ministro de Seguridad Social en 2010.
Desde 2017 dirigía los Moderados
y desde octubre de 2022 era primer ministro.
Su perfil personal contrastó siempre con el de Åkesson. Kristersson representa la derecha tradicional, europeísta y liberal – conservadora, pero tuvo que adaptar ese espacio político a una nueva realidad electoral. El ascenso de los Demócratas Suecos hizo imposible mantener indefinidamente la vieja estrategia de aislamiento. La operación de Kristersson consistió en integrar a esa fuerza en una mayoría de derechas y tratar de convertir su crecimiento en una herramienta de Gobierno.
La pregunta que quedaba abierta antes de las elecciones era si ese experimento había funcionado. El resultado del 13 de septiembre ofreció una respuesta electoral negativa. El escrutinio definitivo otorgó 176 escaños a los cuatro partidos de la oposición —Socialdemócratas, Izquierda, Centro y Verdes— frente a los 173 de los cuatro partidos que integraban o sostenían al Gobierno: Moderados, Demócratas Suecos, Demócrata Cristianos y Liberales.
Los Moderados no desaparecieron del mapa político. Con el 19,8% de los votos, siguieron siendo una de las principales fuerzas del Parlamento, mientras que los Demócratas Suecos obtuvieron el 17,5% y 62 escaños, once menos que en la legislatura anterior. Los Socialdemócratas, con el 28% y 99 escaños, fueron de nuevo el partido más votado, aunque también perdieron representación respecto a 2022 y obtuvieron su peor resultado desde 1908.
La derrota de Kristersson fue, por tanto, estrecha en términos parlamentarios, pero suficiente para poner fin a su etapa como primer ministro. Una vez confirmado el resultado final, el jefe del Gobierno anunció el jueves que solicitaría su relevo y dejó en manos del presidente del Parlamento,
Andreas Norlén
, el inicio del proceso para formar un nuevo Ejecutivo.
La dimisión no significa, sin embargo, que el modelo político construido durante los últimos cuatro años desaparezca automáticamente. Los Demócratas Suecos continúan siendo una fuerza importante en el Parlamento y la política migratoria y de seguridad que dominó buena parte de la legislatura seguirá formando parte del debate nacional. Lo que sí ha cambiado es la correlación de fuerzas y, con ella, la posibilidad de que la derecha tradicional vuelva a gobernar bajo las mismas condiciones.
Kristersson ha defendido durante la campaña que la experiencia de los últimos cuatro años demostraba que el rumbo elegido funcionaba. Pero las urnas han impedido que ese argumento se traduzca en un segundo mandato. La oposición obtuvo la mayoría parlamentaria, aunque por un margen tan reducido que la formación del próximo Gobierno se presenta también como una negociación compleja.
El resultado deja así una paradoja para Kristersson. Su principal legado no será únicamente haber llegado al poder en 2022. Será haber cambiado las condiciones en las que la derecha sueca podía gobernar.
Antes de Kristersson, la pregunta era si los Moderados podían gobernar sin Åkesson. Después de Kristersson, la política sueca tendrá que responder a otra cuestión: qué relación mantendrá la derecha tradicional con los Demócratas Suecos después de haberlos convertido en una pieza central de su mayoría.
Niklas Bolin, profesor de Ciencias Políticas en la Mid Sweden University, asegura a LA RAZÓN que cree que “es probable que la estrecha cooperación entre los partidos pierda importancia”. “En la oposición, los partidos deberán volver a proyectar una imagen más independiente y recuperarse de la derrota electoral”, añade Bolin.
Kristersson consiguió unir a la derecha sueca y devolverla al Gobierno. Cuatro años después, pierde el poder por un margen mínimo y presenta su dimisión. Su experimento no ha desaparecido con su derrota electoral, pero tampoco ha conseguido prolongarse en el Gobierno.
Su legado queda precisamente ahí: en haber convertido una relación que durante años parecía imposible en una realidad política. La derecha sueca ya no es la misma que cuando Kristersson asumió el liderazgo de los Moderados. Y aunque él abandone ahora el Gobierno, la transformación que impulsó seguirá condicionando la política sueca durante los próximos años.
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