Que un migrante calcinado no estropee las fresas con nata

Público, Por David Bollero Periodista, 17-09-2026

Esta semana se ha producido un nuevo incendio en un asentamiento de infraviviendas en Lucena del Puerto (Huelva). Como consecuencia del mismo, ha fallecido un hombre de 36 años de origen maliense y se ha tenido que evacuar a cerca de 90 personas. Se trataba de un asentamiento de migrantes que trabajan el campo onubense para que, mientras ellos carecen de un techo digno, a nosotras y nosotros no nos falte fruta a la mesa. Es el enésimo incendio en este tipo de villas de chabolas ante las que la Junta de Andalucía mira para otro lado. Con lo sencillo que Juan Manuel Moreno Bonilla ve resolver la situación de Ceuta y en su tercera legislatura sigue sin cuidar a quienes son uno de los motores económicos de la provincia de Huelva.

Este mismo verano, mi colega Raúl Bocanegra publicó un artículo en el que describía las condiciones infrahumanas en las que los temporeros migrantes sobreviven. Aquel reportaje denunciaba la “extrema degradación” de las condiciones que sufren estas personas ante la pasividad de las Administraciones Públicas, comenzando por los ayuntamientos que niegan el empadronamiento y la Junta de Andalucía, que ni siquiera los tuvo en cuenta cuando azotaron las danas.

El documento titulado Asentamientos de chabolas en Huelva: 26 años de abandono institucional, elaborado por más de una treintena de asociaciones y colectivos constata que esta dramática situación no es nueva, viene de lejos, cuando el PSOE estaba al frente del Palacio de San Telmo. Lejos de contribuir a resolver tamaña ignominia, Moreno Bonilla la ha amplificado encapsulándola en una de esas burbujas de silencio que acostumbra a utilizar con todo aquello que delata su deficiente gestión.

Aquel reportaje de Bocanegra ya refería un incendio previo en Lucena del Puerto y otro en Palos de las Fronteras, cifrando en cinco víctimas mortales las cobradas hasta ese momento por fuegos de esas características. ¿Ha cambiado algo? Nada. Ni siquiera el hecho de que estas personas migrantes sean una parte fundamental del 8% del PIB andaluz y del 10% del PIB de la provincia de Huelva le lleva al PP a tener un mínimo de humanidad con ellas.

Saben que pese a unas condiciones que dejaron consternado al mismísimo relator de la ONU para la extrema pobreza y los derechos humanos, Philip Alston, esas personas seguirán trabajando. Saben, también, que por cada migrante que muera en uno de esos incendios o como consecuencia de las deficientes condiciones sanitarias en que se encuentran seguramente llegue otro al que seguir explotando.

La muerte de este pobre maliense de 36 años despierta dos reflexiones. La primera de ellas: si el PP no tiene el más mínimo atisbo de humanidad, ni siquiera la caridad cristiana que predican, con quienes son esenciales para la economía andaluza que tanto le importa, ¿cómo alguien se puede plantear que muestren algo de empatía con las personas migrantes hacinadas en Ceuta? Es imposible. Lo más cerca que Moreno Bonilla ha estado de creer empatizar con una persona subsahariana fue cuando se pintó la cara de negro para hacer de Baltasar.

Un partido como el PP, que ya deslizó la posibilidad de torpedear cayucos con la Armada muy al estilo de los asesinatos de Donald Trump en aguas del Pacífico, no ve más allá de lo que le dicta el odio y racismo que supura. Este es el motivo por el que constantemente se refiere a la entrada masiva como “invasión” y a las personas migrantes como “invasores”. El propio presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, insistió en esa idea esta semana durante su paso por el pretencioso programa de Pablo Motos, aquel que desconocía hasta el tipo de IVA de los libros. El lenguaje es muy importante y, sin olvidar la instrumentalización que de ello hace Marruecos, calificar de invasor a quienes únicamente buscan pan, techo y una oportunidad de ganarse la vida que corre peligro en su país de origen es tan racista como vil.
La segunda reflexión nace en respuesta a otra pregunta: Si Moreno Bonilla se encuentra en su tercera legislatura y, lejos de mejorar, ha empeorado la situación de los jornaleros en Huelva, ¿quién se puede creer que si gobernara el PP el colapso que vive Ceuta se habría resuelto ya, como afirman? El Plan Estratégico para la erradicación de asentamientos informales e infraviviendas y la inclusión social de personas residentes en zonas agrícolas de Andalucía conformados por población inmigrante (Plan EASEN) de la Junta de Andalucía data de 2023 y sigue siendo papel mojado.

Siguen las chabolas, las extorsiones para empadronarse, la explotación, los incendios y las muertes… y las fresas en la mesa. Se trata de una cuestión a gestionar cuyo nivel de complejidad es mucho menor que la de Ceuta y Moreno Bonilla no ha avanzado nada. Ahora, Izquierda Unida (IU) avanza que va a emprender una “ofensiva institucional” como nunca antes se ha visto ante la “insostenible” situación de los asentamientos de Huelva. Bien, más vale tarde que nunca, porque 26 años de abandono institucional son muchos años y ahora, cuando lancen esa ofensiva, se van a topar con que el fascismo ya campa a sus anchas en San Telmo.
Así las cosas, ¿alguien se puede creer que Moreno Bonilla y su partido ya habrían sido capaces de resolver la situación que se vive en Ceuta? La derecha afirma que sí, pero miente, como mintió al prometer que acabaría con las condiciones infrahumanas de los temporeros de Huelva. Atajar el colapso que sufre la Ciudad Autónoma es del todo imposible si se rompen todas las relaciones con Marruecos, como Isabel Díaz Ayuso ha sugerido, para empezar.

¿A quién se devolverían los millares de migrantes marroquíes que, tras resolver su expediente y no antes no obtuvieran la protección internacional? A Marruecos no, porque esa puerta ya la habrían cerrado. Quizás, entonces, es cuando en Génova 13 retomaría la idea de Miguel Tellado de recurrir a la Armada… o, quizás, Ayuso pondría en marcha uno de sus protocolos que, en su opinión, tan buen resultado dieron con nuestros mayores en pandemia.

Gestionar las consecuencias de la entrada masiva en Ceuta mejor de lo que lo ha hecho el Gobierno de España no tiene mérito alguno, porque su actuación ha estado y está tan falta de coraje como de eficiencia. No obstante, ello no quita para que abordarla traiga aparejada una complejidad extraordinaria, acrecentada aún más por la actitud insolidaria y antipatriótica de las Comunidades Autónomas gobernadas por PP y Vox. De ahí, a creer y seguir a que quienes traen una tarjeta de presentación manchada de muerte y sufrimiento ajeno, como es el caso de Moreno Bonilla, hay un largo trecho.

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